Piratas rentistas asaltan la nación a la deriva

dinheiro185251

Todo Reino dividido contra sí mismo, está arruinado y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no puede subsistir (Mateo 12, 25).

Mientras la mayoría de la clase política de Brasil se aglutina en facciones, tratando de sobrevivir a los embates de las investigaciones de corrupción que se realizan con la  “Operación Lava Jato” (ndt. lavado automático), la nación a la deriva sufre la embestida de los piratas rentistas, ansiosos por astear su conocidas banderas del “Estado mínimo” y de la “eficiencia de los mercados,” además de la amenaza real de una corrida financiera contra el país.  En realidad, el rentismo ha dominado la política económica desde la década de los años noventas del siglo pasado, a partir, sobre todo, de la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, mantenida por sus sucesores del Partido de los Trabajadores (PT) y, ahora, elevada al paroxismo con la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 241/16, del actual gobierno interino.  El objetivo es suprarrealista: la fijación de un techo para los gastos públicos para los siguientes 20 años, a partir de 2017, para limitarlos a tan sólo la corrección de la inflación de los gastos de los dos años anteriores –un auténtico asalto de la peste de la usura.

De ser aprobada, la medida traerá consigo la reducción de la capacidad financiera del gobierno federal, pues con el aumento de la población se encogerán los gastos per cápita en rubros como la educación, la salud pública y otros.  Hasta los rentistas reconocen que, el único “beneficio” sería privilegiar el pago puntual del servicio de la deuda pública, que ya arrebata casi la mitad del presupuesto de la Unión.

No se necesita una bola de cristal para anticipar que tal perspectiva acarreará la exacerbación de los problemas sociales y de las ya elevadas tensiones internas de la sociedad, con la probabilidad de convulsiones de resultados imprevisibles.  La alucinación de maniatar los siguientes cinco mandatos presidenciales con esta camisa de fuerza no pasa de ser un delirio  en medio de la evidente catástrofe financiera de la Federación, y demuestra una vez más que, en términos de fanatismo ideológico, los liberales de siempre superan a los más dogmáticos marxistas.  Por si fuera poco, esta realidad en la que los extremos se tocan, explica cómo los próceres del PT se adhirieron tan rápida y dócilmente al plan rentista-liberal, cuando el presidente Luiz Lula da Silva, en su pragmatismo marrullero lanzó al estrellato a Henrique Meirelles  para comandar las finanzas nacionales desde la presidencia del Banco Central, el mismo banquero que ahora ocupa el cargo de ministro de Hacienda en el gobierno interino de Michel Temer.

Está claro que no será el actual Congreso Nacional, convertido en una morgue política, el que definirá el futuro de la nación.  En definitiva, ya se están manifestando las señales premonitorias de que algo nuevo se aproxima.  La Nueva República de la Constitución de 1988 está acabada y espera que se le entierre –y con ella la “República de Meirelles”.

Siempre es oportuno recordar a José Bonifacio, el “inventor de Brasil”:  “En toda sociedad bien ordenada, arrendar las finanzas debería estar prohibido; los rentistas influyen en todo, y esto es el fenómeno del presagio funesto  de la caída de los Estados.”

x

Check Also

De la “revolución molecular disipada” al caleidoscopio político multicultural en Chile

MSIa Informa, 25 de marzo de 2022.- Desde que se inició la campaña que le ...