“Panama Papers”: geopolítica de la desinformación y la batalla por el control del dinero sucio

El domingo 3 de abril, el mundo fue bruscamente sacudido por el anuncio,  del mega escándalo internacional bautizado como los “Panama Papers” (Documentos de Panamá).   La pieza involucraba la divulgación de un grupo de los miles de clientes de la empresa panameña Mossack Fonseca, especializada en crear empresas de fachada en paraísos fiscales para clientes interesados en ocultar dinero legal o ilegal a las autoridades nacionales o internacionales.  Entre ellos se encuentran jefes de Estado y de gobierno, altos funcionarios gubernamentales y políticos tanto en activo como en retiro, empresarios, artistas, deportistas y otros individuos de “alto valor”, así calificados en tales círculos accesorios de las altas finanzas.

De acuerdo con la explicación publicada, la revelación fue el resultado del trabajo de decenas de periodistas de varios países, que laboraron durante más de un año sobre un archivo electrónico que guardaba 2.6 terabytes con más de 11 millones y medio de documentos de la empresa panameña, que se remontan a los años setentas y que se refieren a 214 mil empresas de fachada para clientes de más de 40 países.  El material habría sido entregado por una fuente no identificada al periódico alemán Süddeutsche Zeitung, el que, a su vez, lo compartió con la organización no gubernamental Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), con el periódico inglés The Guardian, con la BBC y otros órganos de difusión.

A tan sólo dos días de su divulgación, el escándalo ya había causado su primera baja, con la renuncia del primer ministro islandés Sigmundur  Davíð Gunnlaugsson, uno de los clientes de Mossack Fonseca, que incluye también a sus ahora ex colegas de Argentina, Mauricio Macri, de Ucrania, Pedro Poroshenko, de los Emiratos Árabes Unidos, Jalifa bin Zayed Al Nahyan, y al rey  Salman de Arabia Saudita.  Se mencionan también individuos considerados cercanos a los presidentes de Siria, Bashar al-Assad, de China, Xi Jinping, de África del Sur, Jacob Zuma, y de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, y de dos primeros ministros de Paquistán, Nawaz Sharif, de Malasia, Nayib Razak, y hasta el difunto padre del premier británico, David Cameron.

No obstante, la gran estrella de los noticieros de los dos primeros días fue, indiscutiblemente, el presidente ruso, Vladimir Putin, que ilustró los artículos al respecto de The Guardian, Süddeutsche Zeitung y de otros órganos.  A pesar de que su nombre no aparece en ninguno de los documentos filtrados, Putin es señalado como el beneficiario de una red de empresas de fachada que oculta valores por 2 mil millones de dólares.  Como afirma The Guardian:

“Los documentos revelan una red de acuerdos secretos y de vastos empréstitos en paraísos fiscales, de una valor de 2 mil millones de dólares, conforman un rastro que conduce al presidente de Rusia, Vladimir Putin.  Aunque su nombre no aparezca en ninguno de los registros, los datos muestran cómo los acuerdos, que no se podrían haber hecho sin su patrocinio,  hicieron fabulosamente ricos a algunos miembros de su círculo íntimo.

Lo cierto es que días antes de la divulgación de los “Documentos,” el servicio de inteligencia  ruso ya había detectado la inminencia de una nueva ofensiva de la prensa occidental contra Putin.  El secretario de prensa del Kremlin, Dmitri Peskov, informó que “otra pieza de desinformación, que se dice que será sensacional y objetiva, acontecerá por estos días.  Hemos recibido algunos pedidos excesivamente detallados, que, sin embargo, tenían más el formato de preguntas de un interrogatorio” (RT, 28/03/2016).

Además de la importancia que se le adjudicó a Putin, otro detalle llamó la atención: la total ausencia de estadounidenses, lo que, por lo menos, es extraño, pues Mossack Fonseca tiene una oficina en Florida y, según su mismo sitio, ofrece su “asesoría y servicio para las siguientes jurisdicciones:  Belice, Países Bajos, Costa Rica, Reino Unido, Malta, Hong Kong, Chipre, Islas Vírgenes Británicas, Bahamas, Panamá, Anguilla Británica, Seychelles, Samoa, Nevada y Wyoming (EEUU).”

La verdad es que, la naturaleza al igual que la dimensión de los datos de la Mossack Fonseca indica la presencia de alguna agencia de espionaje sofisticada.

En una entrevista con la agencia Sputnik, el periodista alemán Ernst Wolff, especializado en asuntos financieros, anota uno de los motivos de la filtración:

“Se estima que esa compañías de fachada poseen algo así como 30 ó 40 billones de dólares.  Y Estados Unidos, es claro, están interesados en desviar ese dinero para el país. (…)  Por un lado, eso afecta negativamente a ciertos paraísos fiscales: individuos y corporaciones retirarán su dinero de allí lo enviarán de allí a Nevada o a Dakota del Sur.  Por otro lado, hay un efecto colateral positivo: una oportunidad de arrojar una piedra al jardín del presidente Putin.  Es claro que eso es afortunado, el presidente no tiene nada que ver con esto, estamos hablando de algunas personas en su comunidad.  Pero parece que alguien está interesado en poner arena en la maquinaria de alguien”.

Aunque poco se conoce, además de Nevada y de Wyoming, otros estados como Dakota del Sur y Delaware ofrecen tantas o más ventajas que cualquier otro paraíso fiscal de los conocidos. O sea que, la filtración de los “Papeles” bien podría beneficiar sustancialmente a los Estados Unidos, atrayendo hacia si una buena rebanada de los decenas de billones de dólares que circulan por el mundo virtual de las finanzas globalizadas,  ávidas de oportunidades especulativas multiplicadoras.

No obstante, los problemas que se le han creado al premier británico, David Cameron y  dejando de lado la mención burda del presidente ruso Vladimir Putin, -contra quien nada se ha probado-, hasta ahora los nombres revelados pertenecen al “bajo clero” de los clientes de los paraísos fiscales, posiblemente  ofrecidos como chivos expiatorios para hacer posible el desvío de los flujos financieros hacia los centros de mayor poder, en un momento en que el sistema financiero internacional  se encuentra al borde de una nueva ola de insolvencia y de iliquidez.

Además, una ligera investigación sobre las organizaciones no gubernamentales que reúnen a los periodistas de “investigadores” participantes del análisis de los datos filtrados también apunta hacia un acuerdo entre el gobierno estadounidense y ciertos sectores financieros del Establishment oligárquico, cuyo representante más visible es el mega especulador George Soros.

La participación de la ICIJ en la investigación ya era conocida.  El día 6, el sitio Wikileaks reveló la participación de otra entidad, el Organized Crime and Corruption Reporting Proyect (OCCRP), y señaló con el dedo a Soros y al gobierno estadounidense, por la intervención de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Fundada en 2006 y con sede en Maryland, Estados Unidos, el OCCRP se define a sí mismo como “un programa conjunto, sin fines lucrativos, de varios centros de investigación regionales  y de organizaciones de prensa comerciales independientes, que se extiende de Europa Oriental a Asia Central,” enfocadas, como lo indica su nombre, en la delincuencia organizada y en la corrupción.  En su sitio hay seis secciones específicas: Rusia; Azerbaiyán; Putin; Georgia; Europa  y Mafia.  Se puede ver que la relevancia atribuida al líder del Kremlin es tan grande que merece una sección propia, independiente de la que se refiere a su país.

El sitio señala a sus financiadores: además de la USAID, a la Open Society Foundations de Soros y al Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia (UNDEF), además de tener proyectos en sociedad con el ICIJ  y el Center for Public Integrity (CPI).

A su vez, el ICIJ es financiado igualmente por las Fundaciones Open Society, Ford, David and Lucile Packard y otras integrantes de la red de entidades “filantrópicas” del Establishment estadounidense.  El CPI incluye entre otros pesos pesados a las fundaciones Carnegie, Kellogg, Rockefeller y MacArthur.

Con un artículo en el sitio ruso Fort Russ, en el que el espionaje ruso suele divulgar algunos análisis, un comentarista comentó, con ironía un ángulo ligeramente diferente, aunque convergente con las evaluaciones hechas arriba:

“Es interesante constatar que la nueva revelación del siglo está dirigida primariamente contra los políticos.  En esencia provoca un gran descrédito de la clase política mundial como tal.  La ideología liberal de la “Sociedad Abierta” de Soros apoya el rechazo de la política, la que debe ser sustituida por transacciones y acuerdos financieros.  La barrera final, en algunos casos, una barrera al poder del dinero, es liquidada.  Es por ello que Soros, por ejemplo, está financiando movimientos dirigidos contra el sistema político de todo el mundo, y el citado Pierre Omidyar (fundador de sitio de ventas Ebay –n. e.), otro patrocinador del Consorcio de Periodistas de Investigación, ya propuso un mundo post política”. (Fort-russ.com, 5/04/2016).

 

El intrigante pasado de Herr Mossack

En medio del escándalo, que todavía tiene mucho que revelar, una visita a la biografía de uno de los fundadores de la Mossack Fonseca puede indicar algunas pistas que sitúan a la empresa en la vasta red de servicios financieros clandestinos, cuyas raíces se remontan al acuerdo pactado entre vencedores y vencidos de la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los fundadores de la empresa panameña es el alemán Jürgen Rolf Dieter Mossack.  Nacido en 1948, vive desde hace décadas en Panamá, donde creó la Mossack Fonseca en 1986, en asociación con el abogado y escritor panameño Ramón Fonseca Mora,  quien hasta el mes pasado era presidente del oficialista Partido Panameñista, y que fuera relevado de ese cargo por la participación de la empresa en la Operación “Lava Jato”, de Brasil, antes del estallido del escándalo de los “documentos.” http://actualidad.rt.com/actualidad/204335-viejo-oscuro-secreto-papeles-panam-a#.VwpoCVwnBnY.gmail

Sin embargo, el personaje sobresaliente es su padre, Erhard Günter Mossack, nacido en 1924 e integrante de las tropas de élite Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial.  En marzo de 1945 fue capturado por tropas estadounidenses en Baviera.  Al ser capturado, supuestamente, tenía en su poder una lista con los nombres de los integrantes de las unidades clandestinas Werwolf (hombres lobo, en alemán) creadas por el jefe de las SS, Heinrich Himmler, con el objetivo de realizar operaciones de guerrillas contra las fuerzas de ocupación de Alemania, con estas, Erhard, probable miembro del grupo, parece haberse abierto camino al lado del espionaje estadounidense, al grado de que en 1946 pudo regresar a las actividades civiles sin ser molestado, trabajar como periodista y casarse con Luisa Herzog, la futura madre de Jürgen (El Mundo, 10/04/2016).

El servicio de información alemán BND confirma la existencia de documentos sobre él, pero asegura que no los dará a conocer “porque podrían perjudicar a la República Federal de Alemania o a algunos de sus estados federados.”

Sucede que, en la Guerra Fría, los “hombres lobo” no llegaron a crear problemas a las fuerzas aliadas, por el simple motivo de que muchos de sus integrantes fueron incorporados, poco tiempo después del fin de la guerra, a la red clandestina llamada “stay-behind, creada por el espionaje estadounidense en varios países para actuar en la retaguardia en el caso de un invasión de Europa occidental por tropas soviéticas.  El esquema se conocería posteriormente como Operación Gladio y, como suele suceder en estos caso, la función original para la que fue planeada fue suplantada después para utilizarla para desencadenar todo tipo de operaciones clandestinas, asesinatos y atentados políticos, en especial, para crear lo que se llamó en aquel entonces la “estrategia de tensión” en los países seleccionados como blancos, con el fin de aterrorizar a las poblaciones civiles e impedir cualquier participación de partidos y de políticos socialistas en los gobiernos occidentales.

Al mismo tiempo, el espionaje estadounidense, dirigido por Allen Dulles, jefe del Gabinete de Servicios Estratégicos (OSS) en Berna, Suiza, y luego en Berlín, establecía un acuerdo con altos círculos de los dirigentes nazis, mediante el cual numerosos miembros de la cúpula política y considerables recursos económicos y financieros alemanes recibieron pase libre para ser transferidos a otros países, inclusive con parte del botín reunido en los países dominados por la máquina de guerra nazi.  No menos importante fue la transferencia en masa de la estructura de espionaje especializado en la Unión Soviética, el FHO (Fremde Heere Ost) del general Reinhard Gehlen, a manos del espionaje estadounidense.

Dichos acuerdos son el embrión de la estrategia con la que los círculos oligárquicos, estrechamente vinculados a los intereses financiero de Wall Street, planearon el establecimiento de una auténtica estructura de “gobierno mundial” en la post guerra, amparados en la Guerra Fría. Destacan, entre los mentores del plan, Allen Dulles, el futuro director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), su hermano, el futuro secretario de Estado Foster Dulles, el jefe del OSS, William Donovan, el futuro jefe del Gabinete de Coordinación Política (OPC, luego vinculada a la CIA), Frank Wisner, y el empresario canadiense William Stephenson, quien dirigió el servicio de espionaje británico en Estados Unidos durante la guerra.  En las dos décadas siguientes, estos hombres habrían de desempeñar papeles cruciales en los acontecimientos que marcan la conducción política de Estados Unidos durante la primera mitad de la Guerra Fría, con ramificaciones que se mantienen hasta el día de hoy, en especial en lo que toca a las redes financieras.

En este marco, en 1960, Mossack se trasladó a Canadá con su familia, donde, oficialmente trabajó para la compañía aérea Lufthansa y, según se dice, para la CIA.  Aunque no haya mucha información al respecto de sus actividades allí, lo cierto es que fueron suficientemente exitosas como para proporcionarle al hijo Jürgen una educación de primera clase en la Universidad Católica Santa María la Antigua y en la London School of Economics, a donde fue a estudiar finanzas mundiales.  Al regresar de Londres, en 1977, antes de cumplir los 30 años, abrió su oficina jurídica, Jürgen Mossack Lowfirm, la que, nueve años después, se convertiría en la Mossack Fonseca.  Toda una trayectoria en el mundo extremadamente complejo –y peligroso, de las altas finanzas mundiales, en la que no hay lugar para los aficionados ni para los aventureros.  En cuanto al viejo Mossack,  a finales de los años setentas regresó a Alemania para disfrutar de un confortable retiro.

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