El “big-bang” del año viejo en Colonia

Cologne New year eve

En la víspera de año nuevo. Caos y violencia en masa irrumpieron en Colonia, Alemania.  La policía local, tomada por sorpresa, durante cuatro horas tuvo que ser reforzada por la Policía Federal con el fin de repeler y contener la violencia desatada por cerca de mil jóvenes, muchos de ellos de origen norafricano o árabe, en gran medida borrachos. En esa celebración, un grupo con apariencia de pandilla comenzó a arrojar cohetes contra la multitud de personas que celebraban el año nuevo  frente de la Catedral de Colonia.  En seguida, los pandilleros comenzaron a robar a los transeúntes (en efecto, muchos celulares fueron detectados y encontrado en los asilos que abrigan a los refugiados que entraron recientemente al país), además de cometer abusos sexuales y estupros tumultuarios contra cientos de jovencitas que se encontraban en el lugar.  La policía recibió las denuncias de cerca de 600 de esos abusos.  Hasta el momento no se ha identificado más allá de dos decenas de involucrados.

Por casi dos días, la verdad sobre esa caótica noche fue suprimida por la prensa y por la policía, a la que, como afirmaron más tarde algunos oficiales, se le ordenó no decir nada específicamente sobre los “extranjeros” involucrados en esta violencia masiva, en el supuesto de que esto se podría ver como un prejuicio contra los extranjeros y los refugiados, y servir de municiones para los extremistas de derecha que se oponen a la presencia de ellos en el país.

En tan sólo una noche, el clima político de la República Federal Alemana cambió tajantemente.  Los acontecimientos de año nuevo arrojaron a la superficie una crisis más profunda que se había encubierto desde hace mucho tiempo y que se intensificó luego de la ola de refugiados del segundo semestre de  2015, cuando Alemania se comprometió socialmente a acoger más de un millón de refugiados, la mayoría provenientes de Siria, de Irán, de Irak, de África y de los Balcanes.

Tan importante como la forma en que millones de ciudadanos han recibido a dichas personas es el hecho de que hay una sombra sobre el asunto.  En las últimas semanas, se han suscitado más y más preocupaciones expresadas, en parte, por políticos locales, regionales y federales, guardias fronterizos, policías, equipos médicos, oficinas de empleo, profesores, etc., en torno del tema: ¿Fue buena idea acoger e integrar a todos esos refugiados en Alemania?  Se trata de una cuestión compleja que no se puede tratar a la ligera ni dejarse explotar por los que quieren imponer un clima de “corrección política.”

Hay una mayor polarización en todo el país, en las familias y en diferentes instituciones estatales, lo cual saca a la luz una enorme preocupación, frustración y descontento, la mayoría de las veces dirigida contra el mal funcionamiento del Estado y de sus instituciones.  La insatisfacción ha crecido tanto que en las últimas semanas ha aumentado el rechazo a lo que muchos llaman la “cultura del acogimiento” de la canciller Ángela Merkel,  y que exigen la aplicación más estricta de las leyes de asilo.

Esta autora tuvo la oportunidad de conversar con un experimentado observador, poseedor de un gran conocimiento de la situación estratégica interna de Alemania, el cual destacó la necesidad de prestar mucha atención a la defensa de los “principios elementales” de la supremacía de la ley.  Esto es importante para quebrar la “corrección política” y analizar la situación en su conjunto con la cabeza fría.  Resaltó una declaración hecha por el ex ministro de la Defensa Rupert Scholz, quien, en un artículo publicado en periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ -18/12/2015), argumentó contra la noción de un cuadro “post Estado nacional,” al defender los principios del Estado nacional alemán como la línea maestra para una política de integración funcional, en especial, si tuviéramos que enfrentar una emigración masiva en el futuro.  Igualmente importante fue una entrevista del ministro del Interior, Thomas de Maiziére, publicada en el FAZ  del 9 de enero (No puede haber una espiral de silencio), en la que pidió al Estado una actitud sin prejuicios para lidiar con los culpables de los acontecimientos de Colonia.  Lo que despertó la reacción más enérgica de de Maiziére fue que la policía haya tenido que suprimir la participación de los emigrantes en la violencia.  “Ni los políticos, ni la prensa pueden proceder de forma diferente: si personas con ‘perfil de inmigración’ estuviesen involucradas en actos criminales, entonces, será el caso procesarlos penalmente por las denuncias promovidas por el pueblo de Alemania,” afirmó.

El ministro alemán subrayó también que en el otoño del año pasado pidió personalmente un estudio para investigar, tanto  la incidencia de delincuencia entre los que han buscado asilo en Alemania, como los ataques contra los asilos que han abrigado a los refugiados.  Según él, en estos casos, la incidencia de delincuencia ha crecido y este crecimiento se ha concentrado en una determinada franja de edades, pues la mayoría de los delitos cometidos involucra a hombres de entre 25 y 30 años.

De Maiziére recalcó, además, que eso no significa que los índices de criminalidad sean desproporcionadamente mayores entre los que buscan asilo en el país.  Por ejemplo, el porcentaje de delincuencia entre los sirios es menor que el índice promedio, mientras que entre los individuos provenientes de los Balcanes y del Norte de África es mayor.  Sin embargo, alertó que “sería equivocado no decir esto sólo porque existe el temor de que esa información se pueda usar de forma incorrecta.  No puede haber una espiral de silencio, en especial proveniente de la policía.”

Así, se dijo preocupado respecto a la duda de que hay una tendencia creciente en la sociedad alemana de usar un lenguaje vulgar y mostrar un comportamiento igualmente vulgar y salvaje, tanto en internet como en las redes sociales.  Según él, esto se ha expresado en los ataques perpetrados contra ciudadanos que precisamente son los que tienen que ser protegidos, pero también contra los representantes de los servicios públicos, la policía, los bomberos y los paramédicos –violencia que viene de la izquierda y de la derecha, de inmigrantes, pero también de alemanes que están trastornados.  Por ello alertó contra la “línea roja que se ha trazado,” la cual tiene que cambiarse.

Una preocupación particular que expresó de Maiziére fue la actitud de la “corrección política” adoptada por la policía, cuyo resultado se mostró en una investigación de opinión realizada por el Instituto Allensbach, según la cual 40 por ciento de los alemanes no se sienten libres para expresar su opinión, pues tienen miedo de ser tildados de racistas.

Alertó que puede ser falta de sentido de la  responsabilidad no llamar a las cosas por su nombre, a causa de la “corrección política.”  Si un delito es cometido por un aspirante a asilo o por algún emigrante legalizado, no puede haber ninguna reserva por parte del Estado para prohibir que sean juzgados de acuerdo con el “mandato de la ley.”

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