Es cada vez más claro que los métodos y las políticas de la Reserva Federal de los EUA y de los demás bancos centrales para lidiar con los efectos de la grave crisis financiera global no están funcionando. Ahora, esto ya es admitido hasta por los economistas del Banco de Liquidaciones Internacionales (BIS) de Basilea, el cual coordina las acciones de todos los bancos centrales.
La “Fed” y los otros bancos centrales, principalmente, el Banco Central Europeo (BCE), ha abordado el fenómeno de las “tres B” –bajo crecimiento, baja inflación y bajas tasas de interés- con una política monetaria expansionista. Ellos han enfatizado los aspectos coyunturales de la demanda, conservando las ya prolongadas medidas de “flexibilización cuantitativa” (léase vigorosas inyecciones de dinero a los bancos), para estimular la demanda y el consumo y reactivar un cierto dinamismo económico. En realidad, esta ´perspectiva parece simplista y de poco aliento.
Esto, también ha minimizado la importancia de los problemas presupuestarios y la necesidad de una adecuada asignación de los recursos disponibles. Estos son los verdaderos obstáculos al crecimiento, factores que operan lentamente, pero cuyos efectos se acumulan a lo largo del tiempo.
De hecho, ocurre una “recesión patrimonial” (recesión de balances), cuando las empresas altamente endeudadas recortan inversiones y actividades para reducir los niveles de endeudamiento. Generalmente, esto coincide con una reducción permanente de la producción y con una recuperación muy débil. Procesos semejantes, que se generan después del estallido de la burbuja financiera, esconden el hecho de que, incluso antes de la crisis, el crecimiento económico no era de hecho sustentable. Un ejemplo es la crisis en el sector inmobiliario, que ha experimentado un crecimiento espasmódico.
Igualmente, en el período anterior a la eclosión de la última crisis, había existido una gran expansión del crédito y de otros instrumentos financieros, lo cual llevó a una asignación errada de los recursos, en detrimento del crecimiento económico. Por ejemplo, gran parte de la fuerza de trabajo ha sido absorbida por la industria de la construcción civil, cuya productividad es inferior al promedio.
Así, en una “recesión patrimonial”, la demanda débil no es el único problema y la cura monetaria no puede ser la única respuesta. La cuestión más importante era y sigue siendo la necesidad de la reorganización de los balances y operar las reformas estructurales para facilitar una mejor asignación de los recursos y apoyar la recuperación de las inversiones reales.
Por desgracia, en términos de los presupuestos, el crecimiento de las deudas se acentuó, y no solamente las de los gobiernos, contraídas para apoyar las varias operaciones de salvamento y los llamados estímulos económicos. Gracias a las bajas tasas de interés, la “Fed” permitió un crecimiento espectacular de los créditos en dólares otorgados en los EUA y en todo el mundo, especialmente, en las llamadas economías emergentes. De hecho, los préstamos en dólares hechos por empresas no-bancarias fuera de los Estados Unidos totalizaron 9.8 ¡billones de dólares!
Las bajas tasas de interés se convirtieron en una droga de la cual el sistema financiero piensa que no puede prescindir. A mismo tiempo, sin embargo, ellas han reducido considerablemente los márgenes de ganancias de los bancos, incentivando una propensión a riesgos más elevados y precios inflados de muchos títulos, comenzando por los negociados en las bolsas de valores. Todo esto creó peligrosos desequilibrios, especialmente, en las economías impactadas por los efectos finales de las políticas de la “Fed”. En lo tocante al sector bancario, semejantes políticas, en lugar de operar con instrumentos de largo plazo para remediar situaciones financieras precarias y corregir ciertos incumplimientos, ellas han continuado, descaradamente, a incentivar transacciones especulativas de alto riesgo, como puede verse, en especial, en las actitudes agresivas de los bancos estadounidenses “demasiado grandes para quebrar”.
En Europa, esto puede contemplarse en el comportamiento -nunca realmente castigado- del Deutsche Bank, el banco número uno de los derivados especulativos, involucrado en innumerables investigaciones de fraudes y desvíos de fondos en varios países del mundo, y, también, en la incapacidad del gobierno italiano de administrar 200 mil millones de euros de insolvencias y las crisis de pequeños bancos regionales.
El BIS advierte que, en los próximos años, la ya debilitada economía global será afectada por tres procesos nuevos: 1)La opción de China por un modelo diferente de crecimiento orientado hacia el mercado interno; 2)La perspectiva de que los precios de las commodities permanezcan en niveles más bajos por un período prolongado; y 3) Las crecientes divergencias en las políticas monetarias de las economías dominantes, donde la “Fed” eleva las tasas de interés, mientras el BCE sigue su política acomodaticia con tasas todavía decrecientes.
Es por eso que los economistas del BIS (y nosotros con ellos) han denunciado como miopes e irresponsables a aquellos que piensan que “lo que ocurre fuera de mi jurisdicción no me importa”.

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