En una rueda de prensa del pasado 17 de diciembre, el presidente ruso Vladimir Putin hizo una aguda observación en torno a la génesis y el modus operandi del Estado Islámico (EI). Sus puntualizaciones constituyen un oportuno atisbo de las entrañas de la estructura hegemónica del poder mundial, para la cual el EI funciona como un virtual ejército privado encargado de proteger redes de tráfico de petróleo, drogas y otros productos en el mercado negro mundial. En palabras del líder del Kremlin:
(…) Esta situación se ha desarrollado durante años. Es un negocio, una gran operación de tráfico a escala industrial. Está claro que ellos necesitaban de una fuerza militar para proteger las operaciones de contrabando y las exportaciones ilegales. Es muy fácil citar al factor islámico y palabras de ese tipo para esto, para atraer la carne de cañón. En vez de esto, los reclutas son manipulados en un juego basado en intereses económicos. Ellos comenzaron incentivando a las personas a unirse a este movimiento. Pienso que fue así que el EI se formó. Después, necesitaban proteger las rutas de transporte. Nosotros comenzamos a atacar los convoyes. Ahora podemos ver que se están dividiendo, en cinco, seis, diez, quince camiones que van hacia las carreteras después de que cae la noche. Sin embargo, otro flujo, el grueso de la flota de camiones, se dirige hacia Irak y lo atraviesa por el Kurdistán local. En un cierto lugar -pediré al ministro de Defensa que muestre esa fotografía- localizamos 11 mil camiones-cisterna. Piensen en esto: 11 mil camiones cisterna en un solo lugar. Es increíble. (Kremlin, 17 de diciembre de 2015)».
Visiblemente, el gobierno ruso tomó la decisión de denunciar esta interfase de los mercados negros con el poder global después de que la Fuerza Aérea Turca derrumbó un avión de combate ruso Su-24 que operaba contra los insurgentes del norte de Siria, próximo a la frontera sirio-turca el 24 de noviembre. Aunque el gobierno turco haya firmado que el avión ruso había violado la frontera, las evidencias sugieren que se trató de un ardid preparado adrede con un objetivo provocador, para intentar forzar una reacción más dura de Moscú que justificar el recurso de Ankara al Artículo 5 de la Convención de la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que considera un ataque a un miembro de la organización como un ataque a todos. Si esta era la intención del cada vez más belicoso presidente Recip Erdogan, esta falló, pues la OTAN no fue más allá del apoyo retórico y, por otro lado, el Kremlin reaccionó de forma inesperada, exponiendo la complicidad turca con un vasto esquema de financiamiento ilegal del EI, basado en el robo de petróleo en Siria y en la venta de drogas provenientes de Afganistán -proceso que cuenta con la participación de miembros del gobierno turco y de familiares de Erdogan.
Un artículo del periodista investigador británico Nafeez Ahmed, publicado hacia finales de julio pasado, presentó un detallado relato del esquema de financiamiento del EI y, principalmente, de la complicidad de los gobiernos del Reino Unido y de los EUA con él. Basado en entrevistas con «altas fuentes políticas de la región». Ahmed afirmó que empresas británicas y estadounidenses estaban participando activamente de las ventas de petróleo del EI en el mercado negro internacional, con el apoyo del Gobierno Regional Kurdo en Irak (GRK) y del servicio de inteligencia militar turco MIT, que también estarían proveyendo armas directamente a los yihadistas. La empresa británica Genel Energy, apoyada por el gobierno y por un grupo parlamentario británico con antiguos nexos con las industrias petroleras británica y kurda, fue contratada por el GRK para explotar petróleo en la región, el cual es refinado en una empresa kurda acusada de facilitar las ventas petroleras del EI a Turquía.
Según Ahmed, «la relación entre compañías energéticas británicas y kurdas y los políticos británicos levanta preguntas sobre el conflicto de intereses -especialmente en el contexto de una ‘guerra al terror’, que se supone que estaría siendo librada contra el EI, y no financiándolo».
Creada en 2011, muy a tiempo para participar en el conflicto sirio, la Genel resultó de la fusión de la empresa británica Vallares PLC y de la turca GenelEnerjii, una operación de 2 100 millones de dólares. Su ejecutivo en jefe es Tony Hayward, quien ya ocupó el mismo cargo en la gigante BP. El petróleo extraído por la empresa es procesado en la refinería de Bazián, operada por el NokanGroup, empresa con estrechos vínculos con el GRC. Camiones operados por la Meer Soma, subsidiaria de NokanGroup, han sido usados para transportar el petróleo producido en áreas controladas por el EI hasta la zona kurda en Irak.
Esta actitud de «condescendencia» de las autoridades de los países centrales de esta estructura de poder con el mercado paralelo de petróleo, donde son vendidos los cargamentos de petróleo sirio apoderado por los yihadistas (por cierto, los enfrentamientos entre el EI y el Frente al-Nusra, citados en la prensa internacional, no se refieren a diferencias ideológico-religiosas o políticas, sino a disputas sobre el control de las áreas productoras), se extiende a otras actividades ilegales, especialmente, al lavado de dinero proveniente de actividades del tráfico, no solamente de productos como el petróleo, piedras preciosas o piezas arqueológicas, sino también del narcotráfico y de la evasión fiscal.
Una muestra de esto fue vista el pasado 27 de octubre, cuando el príncipe saudita Abdel Mohsen bin Walid bin Abdulazis fue detenido en el aeropuerto de Beirut, Líbano, junto con otros cuatro coterráneos, por intentar embarcar en su jet privado nada menos que dos toneladas de pastillas de metanfetaminas y una cantidad no divulgada de cocaína. Otros dos sauditas y tres libaneses -posiblemente los proveedores de las drogas- fueron indiciados por las autoridades locales como participantes del suceso. El cargamento, valuado en 280 millones de dólares, fue el mayor decomiso en la historia de este aeropuerto.
Prohibida desde hace décadas en Occidente, por sus efectos adictivos, esta variedad de anfetamina se produce clandestinamente en varios países de oriente Medio y en los propios EUA, siendo comercializada bajo el nombre fantasía de Captagón y utilizada tanto como droga «recreativa» por adultos jóvenes (hoy es una fiebre en Arabia Saudita), como estimulante, por los combatientes de grupos yihadistas involucrados en la campaña militar contra el gobierno de presidente sirio Bashar al-Assad. Según especialistas libaneses, se trata de una «droga de combate», que «vuelve a las personas extremadamente salvajes y destruye todo el temor» y es muy utilizada por el Estado Islámico (EI).
«Ella podría haberse destinado a Irak ya las células del EI, por allá, pero es más probable que el príncipe saudita la estuviera llevando a los aliados sauditas en Yemen. O ambos, más probablemente, ambos», aseguró una fuente local al periodista investigador checo Andre Vitchek (Counterpunch, 13 de noviembre de 2015).
Se sospecha que los terroristas que atacaron París el pasado 13 de noviembre, podrían haber utilizado esta droga. Algunos sobrevivientes del ataque describieron el comportamiento de ellos como si fueran zombis, mostrando serenidad mientras ametrallaban al mayor número posible de personas (ABC/Reuters, 24 de noviembre de 2015).
Hacia finales de 2009, el entonces director ejecutivo de la Oficina de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas (UNODC), Antonio Maria Costa, afirmó que, durante la crisis global de 2008-2009, más de 350 mil millones de dólares provenientes del narcotráfico fueron inyectados a los grandes bancos mundiales, dinero que evitó una crisis de liquidez a los bancos y se utilizó para préstamos interbancarios. En la ocasión, él enfatizó que no se trataba de un problema de bancos individuales, sino de todo el sistema financiero mundial. Y el estimado era conservador, pues ya para entonces especialistas ponían los flujos de «narcodólares» en centenas de miles de millones de dólares, ubicando a las drogas como uno de los tres mayores mercados del planeta, junto con los hidrocarburos y las armas.
Otro alto funcionario que ha puesto el dedo en el papel de los mega-bancos es el director del Servicio Federal de Control de Drogas de la Federación Rusa (FSKN, siglas en ruso), Viktor Ivanov, quien, en numerosas intervenciones públicas en los EUA, Europa, América y otras partes, ha hablado sin tapujos sobre los vínculos entre el tráfico internacional de drogas y el sistema financiero global. En una conferencia en Washington, en noviembre de 2011, afirmó:
«La clave para liquidar el tráfico global de drogas y reformar la economía existente y orientarla hacia una economía que excluya el dinero criminal y garantice la generación continua de activos líquidos limpios, es decir, una economía de desarrollo y créditos orientados a largo plazo…Los análisis muestran que cerca del 10-15% de las drogas son interceptadas, mientras que la proporción de dinero confiscado de las drogas es menor del 0.5% Esto significa que la casi totalidad de la economía global de las drogas entra libremente en circulación y se vuelve parte de los flujos de dinero globales, aprovechando las ventajas de las capacidades del sistema financiero legal. En cuanto a esto, bancos sin escrúpulos, que practican operaciones financieras a gran escala, además de su capacidad de enfrentar los riesgos que asumen, procuran asegurar la liquidez que necesitan recurriendo a la atracción criminal, o, para ser más exactos, a la absorción de vastas cantidades de dinero criminal, la mayor parte del cual, es dinero de las drogas.
La era de la globalización y la «narcoeconomía»
Semejantes hechos demuestran que la misma estructura colonial generada en las Guerras del Opio libradas por la Gran Bretaña contra China, en el siglo XIX, para imponer al país asiático el odioso consumo en masa del opio, sigue operando a todo vapor en la fase actual del colapso global. De hecho, las redes del crimen organizado operan regularmente dentro del sistema financiero y del llamado «libre mercado», al punto de ser prácticamente indistinguibles. Como lo observa el periodista italiano Roberto Saviano, un veterano investigador del tema, en una reciente entrevista a su colega inglés Ed Vulliamy del periódico The Guardian («El hombre que expone la mentira de la guerra a las drogas», 26 de diciembre de 2015).
«El capitalismo necesita de sindicatos criminales y de los mercados ilegales. (…) Esta es la cosa más difícil de comunicar. Las personas -incluso las que acompañan al crimen organizado- tienden a pasar esto por alto, insistiendo en una separación entre el mercado negro y el mercado legal. Es la mentalidad que lleva a las personas en Europa y en los EUA, a pensar que un mafiosos que va a la cárcel como un sicario, un gangster. Pero, no, el es un hombre de negocios, y ese negocio, el mercado negro, se transformó en el mayor mercado del mundo (…).
«Pienso que el mundo anglo-sajón, anglo-americano, está infundido por una especie de positivismo calvinista; las personas quieren creer en la salud de su sociedad, aunque esto signifique, por ejemplo, que la City de Londres sea un centro de lavado de dinero criminal más importante que las islas Caimán.»
Saviano, uno de los mayores conocedores de esta promiscuidad en todo el mundo, ha pagado un alto precio por exponerlo en público. A sus 36 años, lleva ocho de vivir en prácticamente reclusión domiciliaria bajo protección policial 24 horas al día, después de recibir amenazas públicas de la Camorra napolitana por las denuncias hechas en su libro Gomorra -Una historia real de un periodista infiltrado en la violenta Mafia Napolitana, publicado en 2006 y que vendió más de 10 millones de ejemplares en todo el mundo (hay una edición en español de la editorial Debate, en 2007). En su «cautiverio», escribió el más recienteCero, cero,cero, en 2013, uno de los más contundentes reportajes sobre el mundo de las drogas y sus interfaces con la economía legal, autoridades y gobiernos. Como el anterior, la obra fue traducida a varios idiomas y es lectura obligada para quien quiere entender mejor el funcionamiento de las estructuras de poder del mundo real.
En la crisis de 2008, algunos líderes occidentales, entre ellos el presidente francés Nicolas Sarkozy y el entonces director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Khan, comenzaron a hacer explícita la necesidad de poner frenos a los llamados paraísos fiscales, propuesta hecha por Sarkozy en la cumbre del G-20 de aquel año. Extraña coincidencia que ambos pasaron a verse, respectivamente, en la mira de escándalos de corrupción y de acusaciones de abuso sexual, tratamiento generalmente aplicado a cualquier personalidad pública que se atreva a poner el dedo en la llaga por la alta finanza «globalizada», o, tan simplemente, apuntar hacia la naturaleza de los problemas creados por ella.
Siendo así, se puede afirmar que las redes internacionales del crimen organizado en todas sus modalidades son parte integrante de la estructura de poder financiero oligárquico mundial. El ingreso de los «narcodólares», que ya sobrepasa anualmente la cantidad de un billón de dólares, circula con facilidad en el sistema bancario internacional, de modo que esta «adicción» ha sido uno de los pilares de la hiperfinancierización descontrolada que ha prevalecido en las últimas décadas.
Hay muchos ejemplos. La filial estadounidense del mega-banco británico HSBC (fundado en 1865 para administrar los ingresos del tráfico de opio hacia China), fue agarrada con las manos en la masa, lavando miles de millones de carteles mexicanos de la droga y de organizaciones vinculadas a la red terrorista Al-Qaeda. Al final de un breve juicio, el Departamento de Justicia de los EUA, argumentando la amenaza de un «riesgo sistémico» para el sistema financiero internacional, exentó al banco de un proceso criminal, a cambio de una irrisoria multa de 1900 millones de dólares, una pequeña fracción de la cantidad de dinero ilegal que el propio banco admitió haber «lavado». Es decir, el HSBC pagó para seguir con sus prácticas ilícitas -bussiness as usual.
Los carteles mexicanos
El pasado viernes 8 de enero, el gobierno de México anunció la recaptura del mega-traficante Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como «El Chapo», quien estaba prófugo desde su cinematográfica huída de una prisión considerada de máxima seguridad, en julio del año pasado. «El Chapo» es el jefe del Cartel de Sinaloa, el más poderoso del país, y ocupa el primer lugar en la lista de los más buscados por el FBI (Federal Bureau of Investigations), con una recompensa de 5 millones de dólares ofrecida por el gobierno estadounidense .Autoridades del mismo país estiman que el cartel es responsable por una cuarta parte de las drogas que ingresan a sus fronteras, pero los EUA son apenas uno de los 50 países en donde el cartel tiene operaciones conocidas, involucrando el tráfico de cocaína, mariguana, heroína y metanfetaminas, con un ingreso anual estimado en 3 mil millones de dólares.
A pesar de la importancia de su captura, es evidente que apenas representa un rasguño superficial a a la estructura criminal descrita antes. Para combatir en serio a este imperio de la economía negra, sería necesario ir a fondo en asuntos como el denunciado en 2011, cuando el periódico New York Times publicó un reportaje de primera plana, acusando a la agencia antidrogas estadounidense DEA (Drug Enforcement Agency), de ayudar a los carteles de las drogas mexicanos, incluyendo el de Sinaloa, a lavar dinero, en intrincadas operaciones de inteligencia y contrainteligencia realizadas bajo la rúbrica del «combate al narcotráfico», pero que, en verdad, solamente fortalecían a los carteles – y aunque el periódico no lo haya mencionado, a los mega-bancos. Según el periódico, las operaciones integraban un paquete de otras 50 en la misma línea, en todo el mundo, las cuales no necesitaban autorización directa del secretario de Justicia, (para asegurar lo que en los EUA se llama «negación plausible», para evitar el compromiso de las altas autoridades si estas tuvieran que prestar juramento en juicio). Tales hechos no se trataban de meros desvíos de corrupción de una agencia gubernamental, sino «operaci0nes típicas de gobierno paralelo», como el MSIa informa lo ha observado.
En síntesis, esta es una estructura que está siendo expuesta y combatida en la campaña militar en curso en Siria, con el apoyo decisivo de Rusia (y en menos escala, de Irán y del grupo chiíta libanés Hezbolláh). Por tanto, si no se quiere permitir la perpetuación sine die de la actual crisis civilizatoria global, la Humanidad tendrá que empeñarse para liberarse de esta «condescendencia» con el crimen organizado, en nombre de la «economía de mercado» o cualquier otro rótulo ideológico que se aplique a la renuncia de la acción reguladora y fiscalizadora de los Estados nacionales soberanos, las únicas entidades capaces de mediar adecuadamente las relaciones entre agentes económicos y las sociedades, tanto en el ámbito interno como en las relaciones entre las naciones.
Antecedentes históricos
Como vimos, el sistema bancario internacional participa activamente del tráfico de drogas desde el siglo XIX, cuando un grupo de familias oligárquicas británicas organizó el Hong Kong and Shangai Banking Corporation -hoy HSBC- como una especie de «banco central» para esta actividad. No obstante, fue apenas después de la II Guerra Mundial, con el surgimiento de la estructura de «gobierno mundial» que vemos hoy en su paroxismo, que esta participación se volvió sistémica.
En 1947 se creó la Agencia Central de Inteligencia (CIA) como el núcleo operativo de lo que vendría a convertirse en el «Estado de Seguridad nacional» de los EUA, pantalla para toda la agenda hegemónica puesta en práctica por la superpotencia estadounidense, bajo la cobertura de la Guerra Fría. Desde su inicio, los mentores de la creación de la agencia percibieron la importancia del tráfico de drogas como fuente de ingresos para operaciones clandestinas que deberían mantenerse fuera de la supervisión del Congreso y, principalmente, del conocimiento del público estadounidense.
La inspiración no cayó del cielo: Ya durante la II Guerra Mundial, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) , antecedente de la CIA, utilizó los préstamos de la Mafia, tanto en los EUA, como en Sicilia y en Córcega, para poyar sus operaciones de inteligencia y militares contra las fuerzas nazi-fascistas. Después del conflicto, la CIA pasó a emplear sindicatos criminales italianos y franceses en sus ataques contra los partidos comunistas de los dos países, por temor de que vencieran en las primeras elecciones de pos-guerra. En Francia, la alianza de la CIA con la Mafia corsa ayudó a consolidar a Marsella como la capital occidental del tráfico de heroína la célebre «Conexión Francesa», puesto que mantuvo hasta la década de 1970.
De una forma emblemática, el impulso para la creación de la CIA vino de un grupos de pesos pesados de la OSS, todos ligados a los despachos de abogados y casa financieras de Wall Street, como William Donovan, los hermanos Dulles -John Foster y Allen Welsh-, Frank Wisner, James Forrestal y otros, que llegarían a ocupar altos puestos en los gobiernos de Harry Truman (1945-1953), Dwight Eisenhower (1953-1961), John Kennedy (1961-1963. Desde el inicio, ha sido una constante la nominación de representantes de la alta finanza para los puestos de dirección de la agencia.
Con la creación de la Agencia de seguridad Nacional (NSA), en 1952, para concentrar la estructura de inteligencia electrónica, se consolidó el llamado Acuerdo UKUSA, que unió las agencias de vigilancia electrónica de loa EUA, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, en lo que vendría a ser el actual esquema «Cinco Ojos». La capacidad del sistema (denominado Echelon, a partir de la década de 1960), fue comprobada por una investigación del Parlamento Europeo pública en 2001, la cual reveló su uso en actividades que nada tenían que ver con la seguridad de las naciones participantes, como el espionaje económico contra empresas europeas. La investigación demostró que, en 67 concursos internacionales realizados en el período 1993-2000, las empresas europeas participantes fueron derrotadas por sus rivales estadounidenses, con el uso de información proveniente del sistema Echelon, lo que resultó en daños superiores a los 26 mil millones de dólares para ellas.
Ahora, si el sistema puede utilizarse en el espionaje económico a gran escala, como lo expuso el ex-analista Edward Snowden, ¿por qué no podría apoyar una campaña verdaderamente efectiva contra los ilícitos transnacionales?
En 1950, con la llamada Operación Papel (Operation Paper), la CIA ayudó a organizar una vasta red de producción y distribución de opio en la región del llamado Triángulo Dorado -Birmania (hoy Myanmar) Tailandia y Laos-, para financiar las acciones de una fuerza militar del Partido Nacionalista Chino (Kuomitang), en un intento de establecer un frente militar contra los comunistas de Mao Tse-tung, que habían tomado el poder en China el año anterior. Para eso, la agencia legó a crear empresas de transporte marítimo y aéreo (la Air America, popularizada en la película de 1990 con el mismo nombre, dirigida por Roger Spottiswoode). Aunque el esfuerzo anticomunista haya fracasado, en menos de una década, el Triángulo Dorado se convirtió en el mayor centro mundial de producción de opio y heroína.
Al contrario de los que podría suponerse, la Guerra de Vietnam (1964-1973) no perjudicó la producción de narcóticos del Sudeste Asiático; al contrario, al final del conflicto, la región respondía por cerca del 70% de la producción mundial de opio y heroína. Durante la guerra, gran parte de ella era transportada a los EUA en aviones militares, inclusive escondida en los féretros de los soldados muertos. Entre 1965 y 1969, el número de enviciados en la heroína en los EUA aumentó cinco veces, incluyéndose un considerable número de militares.
Después de la guerra, un éxito temporal de la DEA en la represión directa junto a las fuentes productores de heroína, en Asia y en México, consiguió una importante reducción del número de adictos a las drogas en los EUA, que cayeron de 500 mil hasta 200 mil.
No obstante, el cuadro volvió a revertirse en la década de 1980, con la amplia utilización del narcotráfico en el financiamiento de operaciones clandestinas de la CIA, en apoyo a los mujaidines que combatían a los invasores soviéticos en Afganistán y a los «Contras» nicaragüenses. A partir de esta década, el liderato en la producción de opio pasó hacia el llamado Creciente Dorado, área dividida entre Afganistán y Paquistán, mientras que América del Sur (Colombia, Perú y Bolivia) se consolidaba como centro productor de cocaína. En Afganistán,, el apoyo logístico y las armas suministradas por la CIA a los señores locales de la guerra, que contó con la participación de agencias de inteligencia paquistaní ISI (Inter-Services Intelligence), creó condiciones para una rápida expansión de las exportaciones de drogas del país, que, en poco tiempo, pasó a responder por más del 60% del consumo estadounidense, regresando a los niveles de adicción anteriores.
En 1998-1999, la intervención militar de la OTAN contra Serbia, que llevó a la secesión de la provincia de Kosovo, puso en el gobierno de la nueva nación al Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), entidad en gran medida financiada con ingresos del tráfico de heroína del Creciente Dorado hacia Europa, mantenida después de su conversión en partido gobernante. Emblemáticamente, el ELK mantuvo sus vínculos anteriores con las redes de Al-Qaeda, que no dejó de tener sus campos de entrenamiento en el país. Como las tropas de la OTAN siguen estacionadas en el país, se puede decir que la Alianza Atlántica protege tanto a las redes terroristas como a los narcotraficantes.
En mayo de 1999, el agente jubilado de la DEA, Michael Levine habló abiertamente del ELK:
«Es la misma vieja historia. Diez años atrás, estábamos armando y equipando a los peores elementos de los muyaidín en Afganistán -traficantes de drogas, contrabandistas de armas, terroristas anti-norteamericanos. Después, pagamos el precio cuando el World Trade Center fue atacado (explosión de un carro bomba en febrero de 1993, que causó seis muertos, n.e) y descubrimos que algunos de los responsables habían sido entrenados por nosotros mismos. Ahora, estamos haciendo la misma cosa con el ELK, que está ligado a cada cartel conocido de la drogas, en Oriente Medio y en el Extremo Oriente. La Interpol, Europol y casi todas las agencias de inteligencia y antinarcóticos europeas tienen archivos abiertos sobre los sindicatos de drogas que llevan directamente al ELK y a las pandillas albanesas en el país (New American Magazine, 24 de mayo de 1999).»
Veterano de 24 años en la DEA, Levine se hizo célebre por denunciar la complicidad de la CIA con el narcotráfico, en su libro, escrito en 1993, «Una gran mentira blanca. La CIA y la epidemia de cocaína y crack», titulado en español, «La Guerra Falsa: Fraude mortífero de la CIA en la guerra a las drogas».
A partir de la invasión encabezada por los EUA, en 2001, Afganistán se afirmó como el mayor productor mundial de drogas -actividad que, como en Kosovo, ocurre bajo la protección de las fuerzas de la OTAN.
Detrás de la represión del comunismo soviético y chino y, después, al «terrorismo», siempre hubo una amplia agenda de control de los recursos naturales, principalmente, el petróleo. Como lo afirma el ex-diplomático canadiense Peter Dale Scott, uno de los más astutos investigadores de esta estructura de poder, en el libro The Road to 9/11: Wealth, Empire, and the Future of America (2007):
«El resultado de todo esto no es solamente una plaga mundial de drogas; los flujos de drogas también proporcionan la infraestructura socioeconómica para los grupos terroristas esparcidos colectivamente conocidos como Al-Qaeda. Los que responsabilizan a la CIA por el ascenso de Al-Qaeda, generalmente, apuntan hacia el abastecimiento de armas y entrenamiento hecho por la CIA durante la guerra afgana de la década de 1980. Pero las operaciones estadounidenses en conjunto con ejércitos de drogas yihjadistas, después del final de aquella guerra, tal vez, hayan sido todavía más responsables…La tolerancia e, incluso, la alianza de los EUA con grupos yihadistas apoyados por Al-Qaeda -notablemente en Afganistán, Azerbayán, Bosnia y Kosovo- se dieron en áreas de grandes intereses de compañías petroleras estadounidenses».
La combinación de drogas, armas, operaciones clandestinas de inteligencia y lavado de dinero representa un modelo que tal gobierno paralelo de los EUA y su cómplices extranjeros han puesto en práctica en todo el período transcurrido desde el final de la II Guerra Mundial. Anteriormente, el pretexto era la contención del comunismo soviético; después de la desaparición de la URSS, con la llegada del «Nuevo Orden Mundial» proclamado por George Bush padre, pasó a ser el terrorismo internacional, principalmente, de origen islámico. Actualmente, el combate al terrorismo ha sido repetido como un mantra, en ásperas justificativas de las autoridades estadounidenses y británicas para el espionaje electrónico contra gobiernos y empresas de fuera del eje anglófono.

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