El renminbi, o yuan, chino se acaba de incorporar a la canasta de Derechos Especiales de Giro (DEG), la moneda de referencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), constituida, hasta ahora, por el dólar estadounidense, el euro, el yen japonés y la libra esterlina británica.
El DEG es la moneda de reserva internacional creada por el FMI en 1969, en el marco de las tasas de cambios fijas de Bretton Woods, para formar las reservas monetarias (que hasta ese entonces estaban constituidas tan sólo por dólares y oro) y respaldar la expansión del comercio mundial y los correspondientes flujos financieros. El FMI los ha utilizado en préstamos de emergencia para los países miembros. Los DEG se pueden intercambiar por otras monedas utilizadas normalmente. A finales de noviembre estaban en circulación cerca de 204 mil millones de DEG equivalentes a cerca de 285 mil millones de dólares.
La distribución de las monedas pasará a ser la siguiente: el dólar tendrá un peso correspondiente a 41.73 por ciento; el euro, 30.93: el yuan, 10.92; el yen 8.33; y la libra esterlina, 8.09. Esta nueva composición entrará en vigor a partir del primero de octubre de 2016.
Es de anotar que en 2011 la división era la siguiente: 41.9 para el dólar; 37.4 para el euro; 11.33 para la libra; y 9.44 para el yen. Es evidente que, a pesar de la reducción del tamaño de la economía de Estados Unidos, el dólar sigue ocupando la posición dominante. La mayor alteración ocurrió en la proporción del euro.
Obsérvese que cuando se creó el FMI, luego de la Segunda Guerra, el PIB de Estados Unidos equivalía a la mitad del PIB del mundo entero, proporción que cayó ahora a 22 por ciento. Hace dos décadas, el PIB de China era tan sólo el 2 por ciento del mundial, ahora es el 12 por ciento. El país posee cerca de 1 billón 3 mil millones de dólares en títulos del Tesoro estadounidense.
A pesar de esas enormes transformaciones de la economía mundial, la cuota de participación concedida a China por el FMI es semejante a la de Bélgica, cuyo PIB es casi 18 veces menor. Por lo demás, no se puede ignorar que en 2010 el Congreso de Estados Unidos votó contra la revisión del la cuotas y que tal oposición se ha repetido en cada reunión del G-20.
De cualquier forma, la decisión sobre los DEG es un paso trascendental rumbo a la creación de un nuevo sistema monetario internacional fundado en una canasta de monedas. La nueva composición de los DEG debe, sin embargo, preparar una evolución hacia un sistema multipolar en sus dimensiones política, económica, comercial y, por lo tanto, también monetaria.
China y otros países del grupo BRICS han sido los principales defensores de una reforma mundial, con énfasis creciente luego de la crisis financiera de 2008. En marzo de 2009, el presidente del Banco central chino, Zhou Xiao Chuan, ya había pedido la creación de una moneda de reserva que no estuviese vinculada a una única moneda internacional, el dólar. Hoy, el banco chino le da la bienvenida a la decisión, a la que califica de “mejoramiento del actual sistema monetario internacional y un resultado positivo, tanto para China como para el resto del mundo.”
China, sin lugar a dudas, será sometida a presiones crecientes, su economía y su sistema financiero serán analizados y evaluados con mucho más cuidado.
Se estima que, en principio, esto deberá mostrarse en un aumento modesto en la demanda internacional de la moneda china, equivalente a 30 mil millones de dólares. Sin embargo, los países que tienen relaciones comerciales con China serán instados a mantener cantidades crecientes de yuanes. Con el tiempo, la reducción de las carteras en dólares podrá ser mayor que lo que se imagina actualmente.
La internacionalización de una moneda es un proceso que pasa por tres etapas: la primera es su uso comercial; en seguida, se puede convertir en objeto de inversiones por particulares; y, finalmente, pasa a ser aceptada como reserva para los mercados regionales y mundiales. En 2014, el renminbi ya se había incluido en la reservas monetarias de 38 países, lo que representa en 1.1 por ciento del total mundial (el euro representaba el 21 por ciento).
China firmó en los últimos años acuerdos de swaps monetarios (intercambios) con más de 40 bancos centrales de Asia, Europa y América Latina. Esto facilitó el uso del renminbi y favoreció la concesión de cuotas de participación en los programas chinos de inversión extranjera.
Se estima que en los 10 años por venir esa evolución podría llegar a representar un flujo equivalente a cerca de 3 billones 200 mil millones de dólares para China. Las economías emergentes, en especial, tendrán un interés inmediato en el renminbi y en su nuevo papel internacional.
Se espera que Europa esté plenamente consciente de las consecuencias estratégicas objetivas de este cambio. Sería deplorable que, de nuevo, el continente padezca de ciertos procesos y renuncie al protagonismo que exige su realidad económica y política.

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