Las pruebas de los dos últimos días indican que el derribo del avión Su-24 de las Fuerzas Aereoespaciales Rusas por un caza turco son algo así como el tiro que sale por la culata al plan doble del gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan respecto al Estado Islámico (EI) y a la insurgencia yijadista que lucha contra el gobierno de Siria. Sin poder precisar el motivo del ataque ya sea provocar una reacción que desatase un conflicto entre Rusia y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o un desquite por los bombardeos rusos contra los convoyes del Estado islámico, lo cierto es que la respuesta de Moscú deja a Erdogan en una situación de las más difíciles.
En particular la reacción rusa y las repercusiones internacionales del embrollo están exponiendo al mundo lo que antes apenas si unos “blogeros” y periodistas más independientes se atrevían a comentar: la participación directa de altas personalidades del régimen turco (entre ellos un hijo de Erdogan) en la lucrativa red de apoyo logístico y financiero del EI, cuyos rendimientos provienen fundamentalmente de las ventas de petróleo y de antigüedades robados de los territorios sirios dominados por ellos, además de otras actividades ilícitas.
En París, donde se realizó la reunión cumbre de Naciones Unidas (COP-21), el presidente ruso, Valdimir Putin, volvió a señalar con el dedo a Ankara, para reafirmar que poseía pruebas de dicha participación. En respuesta, Erdogan se dijo “indignado” y afirmó que renunciaría si se comprobaba la denuncia.
El miércoles 2 de diciembre, el Ministerio de Defensa ruso aprovecho su conferencia de prensa semanal para presentar fotografías de satélite y videos hechos por aviones de reconocimiento donde se muestran los convoyes de camiones-tanque que serpentean a través de la frontera sirio-turca.
En entrevista con la agencia Novosti, el ministro de Información sirio, Omran al-Zoubi, dijo abiertamente que el derribo del Su-24 fue una represalia y señaló a Bilala Erdogan en el esquema de contrabando de petróleo. “Todo el petróleo proporcionado por esa empresa es propiedad del hijo de Recep Tayyip Erdogan. Por ello, Turquía comenzó a ponerse nerviosa cuando Rusia inició los ataques contra la infraestructura del EI y la destrucción de más 500 camiones cargados de petróleo. Esto irritó a Erdogan hijo y a su empresa. No venden tan sólo petróleo, por si fuera poco venden también antigüedades de valor histórico (Novosti, 27/11/2015).
La porosa y permeable frontera turco-siria, por donde pasan tanto los convoyes de abastecimiento de las fuerzas yihadistas de Siria, como, en sentido inverso, los camiones-tanque con petróleo robado por el EI, se convirtió en un objetivo primordial para los actores involucrados, a los cuales se unió el presidente francés, François Hollande, quien fue a Moscú para analizar con el presidente Putin la coordinación de su despliegue aéreo en Siria.
La intención fue anunciada luego de la reunión del canciller ruso, Sergei Lavrov, con su colega sirio, Walid Muallem, el viernes 27 en Moscú. En entrevista con la prensa, Lavrov recordó que Holand propuso medidas específicas para sellar la frontera: “Nosotros apoyamos eso activamente. Estamos abiertos a la coordinación de medidas prácticas, ciertamente, en interacción con el gobierno sirio. Estamos convencidos de que al bloquearse la frontera, en muchos aspectos, resolveremos las tareas de erradicar el terrorismo de suelo sirio,” dijo Lavrov (Tass, 27/11/2015).
Si se da crédito a Patrick Cockburn, corresponsal de The Independent en el Medio Oriente y uno de los mejores conocedores de la región de toda la prensa mundial, Estados Unidos también se subirían al mismo barco (por lo menos la Casa Blanca). Según él, Washington estaría exigiendo a Ankara el cierre del lado turco de una franja fronteriza de 100 kilómetros entre las ciudades de Jaarabulus, Siria, y Kilis, Turquía (Véase el mapa), la cual ha sido el principal corredor de las líneas de abastecimiento de los yijadistas. El cambio de actitud habría ocurrido luego de los ataques terroristas de París.
Cockburn cita la declaración de un alto funcionario estadounidense al Wall Street Journal para comentar el recado de Washington a Ankara: “El juego cambio. Ya basta. La frontera se tiene que sellar. Esa es una amenaza internacional, y está viniendo de Siria y está viniendo por el territorio turco.”
La actitud de Turquía ha sido criticada acremente en Europa, incluso por algunos de sus aliados de la OTAN. El vice canciller alemán, Sigmar Gabriel, afirmó que ese país es un “jugador impredecible” dentro de la Alianza atlántica. El Presidente de la República Checa, Milos Zaman, fue más duro todavía, pues dijo que el ataque al jet ruso reforzaba las sospechas de que Ankara estaba apoyando a los yijadistas de Siria. En Francia, ya predispuesta a trabajar con Rusia luego de los ataques de París, Turquía parece cada vez más como un aliado problemático.
Como sea, lejos de intimidarse, la aviación rusa intensificó sus operaciones, hasta en la zona fronteriza donde fue derribado su Su-24, con ataques decisivos contra los insurgentes turcomanos que operan en la región. Y Moscú dejó claro que cualquier nuevo ataque contra sus aviones será respondido a la altura: reforzó considerablemente sus defensas con por lo menos una batería del modernísimo sistemas de defensa antiaérea de largo alcance S-400, la movilización de crucero lanzador de misiles Moskova, armado con baterías de sistema de defensa antiaéreo S-300, además de estar considerando el envío a Siria de por lo menos 12 cazas Su-30 en las versiones más modernas para escoltar las misiones de ataque (además, los sofisticados caza-bombarderos Su-34 ya vuelan armados con misiles aire-aire de medio alcance, capaces de derribar a cualquier agresor a distancias de hasta 30 kilómetros). El comando ruso, para completar, anunció que podrá hacer uso de sus sofisticadísimas capacidades de guerra electrónica para neutralizar posibles actos hostiles.
Un resultado inmediato fue la decisión de Ankara de suspender todos los vuelos sobre territorio sirio que formaban parte de las misiones de la coalición internacional liderada por Estados Unidos.
Una revelación digna de anotar fue la de que Israel es uno de los principales compradores del petróleo robado de Siria. Un artículo publicado en el sitio financiero israelí Globes Online del 30 de noviembre da detalles del esquema, el cual genera un ingreso estimado entre un millón y un millón y medio de dólares al día para el EI:
“El petróleo es extraído de Dir A-Zur, Siria, y en dos campos de Irak, y transportado a la ciudad kurda de Zajú, en un triángulo de tierra cercano a las fronteras de Siria, Irak y Turquía. Intermediarios israelíes y turcos vienen a la ciudad y, cuando llegan a un acuerdo sobre los precios, el petróleo se lleva de contrabando a la ciudad turca de Silop, marcado como si fuese originario de las regiones curdas de Irak, y se vende entre 15 y 18 dólares el barril (actualmente los precios del WTI y del Brent Crude están entre 41 y 45 dólares por barril) a un intermediario israelí, un hombre de unos 50 años con doble ciudadanía, griega-israelí, conocido como Dr. Farid. El transporta el petróleo por varios puertos turcos y, vía otros puertos, tiene a Israel como principal destino. (…)
“De una forma o de otra, Israel se convierte en el principal comprador del petróleo del EI. Sin ellos, la mayor parte del petróleo del EI permanecería entre Irak, Siria y Turquía. Tampoco las compañías recibirían el petróleo su no tuviesen un comprador en Israel,” dijo al periódico al-Araby al-Jadeed un funcionario de la industria”.
Es decir, tenemos aquí una animada alianza informal entre un miembro formal de la OTAN e Israel, ambos posando como enemigos del yijadismo, pero beneficiándose financieramente con él –otra evidencia de la manipulación del terrorismo islámico como instrumento geopolítico.
Turquía, por otro lado, no es el único integrante de la embestida contra Siria (el verdadero blanco del “Sultán de Ankara”) que muestra su perfidia a la luz del día, pues comparte su infortunio con Arabia Saudita, otra financiadora del yijadismo sin la cual el EI no existiría. Además de ver frustrada su intención de librarse del Presidente sirio, Bashar al-Assad, en la cual ha invertido voluminosos recursos financieros en apoyo de los rebeldes y yijadistas, Riad se involucró en una desgastante y costosa guerra en el vecino Yemen, contra los rebeldes hutíes respaldados por Irán que derrocaron al presidente Abed Rabbo Mansour Hadi, misma que ya entró en su noveno mes y que parece que se está convirtiendo en la versión saudita de la Guerra de Vietnam, con un fin todavía muy lejano.
Pero es en la exposición de su papel de promotores del yijadismo donde los sauditas han sido desenmascarados rápidamente, a pesar de aberraciones como el de estar al frente del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

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