El G-20 en Antalya. La finanza especulativa levanta la cabeza

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Los sangrientos ataques terroristas en París, perpetrados por fundamentalistas islámicos inspirados por el Estado Islámico (EI), dominaron, obviamente, los debates y declaraciones públicas de todos los líderes presentes en la cumbre del G-20 en Antalya, en Turquía. Sin embargo, en el frente económico, el G-20 admite que el crecimiento global es menor a lo esperado y que el comercio internacional está por debajo de los niveles alcanzados antes de la crisis.

 

La declaración final de la cumbre, por desgracia, fue un retroceso en comparación con las reuniones anteriores, toda vez que el foco de discusiones venía siendo el apoyo a las inversiones, no solamente en infraestructura, sino para el crecimiento económico. Este objetivo privilegiaba el papel del “crédito productivo” proveniente de los gobiernos y los bancos multilaterales de desarrollo. En lugar de esto, se destacó el rol de los llamados “instrumentos financieros nuevos”.

De hecho, el texto de la declaración afirma: “para mejorar la preparación, las prioridades y los procesos de implementación de las inversiones, hemos desarrollado directrices y mejores prácticas para los modelos de PPP (asociaciones público-privadas). Consideramos también, estructuras alternativas de financiamiento, incluyendo las basadas en activos, y el aseguramiento simple y tranparente, para facilitar las intermediaciones en las inversiones en las PME (pequeñas y medianas empresas) e infraestructura. (…) Comprometemos a nuestros gobiernos a promover el desarrollo de instrumentos alternativos de los mercados de capitales y modelos de financiamiento apoyados por activos subyacentes”.

 

Como es evidente, se está hablando de emisión de títulos y obligaciones con base en otros títulos de deuda o derivados. Se trata de un lenguaje deliberadamente oscuro, poco transparente y apenas comprensible para los iniciados. Hablando más claramente, esta se traduce en los llamados asset-bassed securities, una clase de derivados financieros cuyos valores se basan en variaciones de cualquier activo. En otras palabras, nuevamente, la formación de crédito se vuelve una atribución principal de los bancos “demasiado grandes para caer”, que deberá reproducir los mismos instrumentos financieros que llevaron a la gran crisis de 2007-2008.

 

Recordemos que los bancos centrales, incluyendo al BCE (Banco Central europeo), concretizó una gran parte de sus propias inyecciones de liquidez (quantitative easing) por intermedio de la compra de ABS, muchas veces de dudoso valor, emitidos y detentados por los grandes bancos. Estas operaciones se explican como emisiones de crédito que deben incentivar nuevas inversiones, demanda y consumo. En verdad, varias formas de ABS son creadas artificialmente, por la utilización del apalancamiento financiero y, en la condición de derivados, son valores mobiliarios emitidos con base en otros títulos. Como se observó antes, la combinación de una cantidad elevada de ellos con una propensión a riesgos cada vez mayores acabó creando burbujas financieras incontrolables. Parece evidente que las lecciones no fueron aprendidas.

 

Tal cambio del G-20 se dio porque, en los últimos meses, los componentes políticos y económicos del grupo BRICS quedaron bastante debilitados. Rusia, después de la eclosión de la crisis ucraniana, fue aislada en gran medida por los principales países occidentales y sometida a una onerosa política de sanciones y embargos. China experimenta la mayor desestabilización financiera de su historia, la cual generó grandes turbulencias en la Bolsa de Shangai. Brasil pasa por una devastadora crisis económica, política y social, en medio de escándalos de corrupción. Como ya quedó evidenciado antes, la “facilitación cuantitativa” de la Reserva Federal estadounidense está causando crisis, desvalorizaciones, fuga de capitales y otros efectos colaterales a las economías emergentes.

 

Este debilitamiento se registra, igualmente, en el sabotaje estadounidense de la iniciativa de revisión de las cuotas el Fondo Monetario Internacional (FMI), que se mencionan en la declaración final del G-20, pero sin el énfasis de antes.

 

En cuanto a Europa, una vez más se mantienes “aislada” y bastante impotente ante la renovada embestida de la finanza globalizada.

 

En el asunto de la seguridad, además del compromiso común con la guerra contra el terrorismo, solamente dos países de los BRICS, Rusia e India, han demostrado acciones eficaces para combatir al EI, enfatizando la evidente necesidad de golpear las redes económicas y financieras que sustentan el terrorismo. En el evento, el primer ministro hindú Narendra Modi pidió una “estrategia coordinada capaz de bloquear las finanzas, aprovisionamiento y canales de comunicación de los terroristas”.

Y el presidente ruso, Vladimir Putin afirmó haber proporcionado pruebas de la participación de 40 países diferentes, algunos del G-20, en las redes del financiamiento al terrorismo, además de haber documentado la enorme capacidad de contrabando de petróleo del EI.

 

Estos autores, entre otros, hemos denunciado insistentemente el nefasto papel de tal “sistema bancario paralelo” y sus operaciones especulativas, bastante comentado en Europa y en los EUA.

 

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