Siria: Rusia establece un nuevo escenario

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Cambiar la confrontación por una estrategia de cooperación para el desarrollo. Abandonar el escenario de bloques que existió durante las décadas de la Guerra Fría y las ambiciones de expansión geopolítica, que resultan en políticas basadas en la arrogancia, en las ideas de excepcionalismo y en la impunidad. Restablecer la primacía de la soberanía de los Estados nacionales, en casos como los conflictos que incendian el Oriente Medio. Organizar una coalición internacional para la lucha contra el terrorismo del Estado Islámico, semejante a la formada para la lucha contra el nazifascismo en la II Guerra Mundial, con el debido respaldo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas,  y luego dar pasos  para la reconstrucción económica de toda la región afectada.

En esencia, estos fueron los puntos clave del discurso del presidente ruso Vladimir Putin en la apertura de la 70ª Asamblea General de Naciones Unidas, el pasado lunes 28 de septiembre. El corresponsal itinerante de varios medios electrónicos Pepe Escobar plantea que aquí se establecen los lineamientos de un Nuevo Orden Mundial  “el genuino, no aquella ‘cosa’ concatenada por Papa Bush, en el período posterior al colapso de la Unión Soviética”. “Sería un orden mundial equitativo y justo –donde la soberanía de los Estados sea respetada, las sanciones no tendrían sentido, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) dejaría de expandirse ad infinitum y el excepcionalismo no se aplicaría”, escribe en el Sputnik News del pasado 30 de septiembre.

En pasajes particularmente relevantes, el líder del Kremlin apuntó contra  el excepcionalismo estadounidense:

“Todos sabemos que, después de la Guerra Fría, el mundo estableció un centro único de dominación y aquellos que se encontraban en lo alto de la pirámide fueron tentados a pensar que, una vez que fueran tan poderosos y excepcionales, sabrían mejor lo que se necesitaría hacer y, así, no tendrían que preocupare de la  ONU, que, en lugar de sellar las decisiones que ellos necesitaban, con frecuencia, quedaba en su camino.

“Es por esto que dicen que la ONU se agotó y, ahora, es obsoleta y sobrepasada. Está claro que el mundo cambia y que la ONU también debería pasar por transformaciones naturales. Rusia está lista para trabajar junto con sus socios, para desarrollar a la ONU con base en un amplio consenso, pero nosotros consideramos extremadamente peligroso cualquier tipo de intentos de disminuir la legitimidad de la organización. Estos  podrían resultar en un colapso  de toda la arquitectura de las relaciones internacionales y, después, no habría reglas, excepto la de la fuerza. El mundo sería dominado por el egoísmo y no por un esfuerzo colectivo, por dictados en vez de equidad y libertad y, en lugar de Estados verdaderamente independientes, habría protectorados controlados  del exterior.

“¿Cuál es el significado de la soberanía de los Estados, el término que aquí ha sido mencionado por nuestros colegas? Básicamente, el significa libertad, cada persona y cada Estado siendo libre para escoger su futuro”.

Incluso la red norteamericana CNN en sus transmisiones del pasado 29 de enero se vio forzada a admitir que “el mensaje de Putin en el podio de la ONU, el pasado lunes, fue simple: las intervenciones y el unilateralismo de los EUA dieron vuelta en el Oriente Medio, y es hora de intentar algo nuevo”

El mensaje de Moscú se transmitió en paralelo con una serie de iniciativas concretas para cambiar el escenario en Oriente Medio, en cuanto a la lucha que el gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad  libra contra la oposición armada, concentrada en grupos islamistas como el EI y el Frente al-Nusra. Por solicitud oficial de Damasco, aviones rusos de combate comenzaron a participar en acciones de apoyo al Ejército sirio, al mismo tiempo que militares y oficiales de inteligencia rusos, iraquíes, iraníes y sirios establecen un centro de coordinación en Bagdad.

Después de sus respectivos discursos en la ONU, en los cuales no ahorraron mutuas críticas, Putin y su colega estadounidense Barack Obama se reunieron durante hora y media, en un esfuerzo de lograr algún entendimiento sobre las operaciones militares contra el EI. Posteriormente, tanto el secretario de Defensa Ashton Carter como el secretario de Estado John Kerry dieron declaraciones públicas, afirmando que habría intercambio de información entre los comandos militares de los dos países, para evitar choques no deseados, a pesar de las imprescindibles bravuconadas y palabras del tipo, para salvar las apariencias de que Washington está actuando en la cola de los acontecimientos, en lugar de encabezarlos, como lo determina la ideología “excepcionalista”.

Hasta la obsesiva insistencia estadounidense sobre la remoción de Assad parece haber sido cambiada, a juzgar por la postura presenta por Kerry en una entrevista a CNN, en la que afirmó que una salida inmediata del presidente sirio provocaría una virtual implosión de las instituciones civiles del país. “Lo que necesitamos es una transición ordenada, manejable, para que no haya miedo ante una venganza, miedo por la vida, un vacío, una implosión (CNN, 29 de septiembre de 2015)

En la ONU, Putin fue enfático al afirmar que “deberíamos, finalmente,  admitir que las fuerzas del gobierno del presidente Assad y las milicias kurdas son las únicas fuerzas que realmente están combatiendo a los terroristas en Siria”. Y, con el inicio de las operaciones militares contra el EI, aprobadas por la Duma (Parlamento), el eleva a un nivel superior la determinación de evitar que Siria se convierta en una nueva Libia, anticipada con la “línea roja” pintada en agosto de 2013, cuando bloqueó un inminente ataque estadounidense contra blancos  militares sirios.

La iniciativa rusa, indiscutiblemente, establece un nuevo escenario en el conflicto en Siria y en el combate al EI, creando condiciones concretas tanto para la finalización de la guerra civil como para la neutralización de la superpandilla yihadista en un futuro cercano.

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