De regreso al control de cambios

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André Araújo

El autor es abogado y ex líder sindical brasileño. Artículo publicado en el sitio web Jornal GGN.

El mecanismo de conversión de monedas conocido como Plan Real, implantado en 1994, ejecutó una ecuación de cambio gráfico de moneda circulante, aunque, sin embargo, sin reformar las causas anteriores que generaron la inflación. En 1995 se inició un largo ciclo de internacionalización financiera de la economía brasileña, con el desmontaje de un sistema de control de cambios, que, de diferentes formas, existía desde 1931 y que se fortaleció en especial entre 1950 y 1970.  Hoy, con el régimen de cambio fluctuante, la economía brasileña está enteramente internacionalizada, con completa libertad de cuenta de capitales, y en ese modelo es vulnerable a una crisis de grandes dimensiones en el sector externo de la economía, que, por reflejo, frenará al sector interno.

En Brasil hay un volumen alrededor de los 700 mil millones de dólares en inversión extranjera directa registrado y el país tiene una deuda externa pública y privada en torno de los 500 mil millones de dólares, por lo tanto, hay un pasivo externo de un billón doscientos mil millones de dólares en Brasil.

Las reservas de 370 mil millones de dólares no son suficientes para enfrentar una fuga de capitales, en el caso de que una buena parte de la inversión extranjera solicitase su repatriación y, además, atender el pago del servicio de la deuda externa y garantizar las importaciones necesarias para el abastecimiento del país.  Hay también una enorme cuenta de servicios no financieros a pagar todos los años, como regalías, fletes, turismo, enseñanza, misiones de paz de la ONU, embajadas, servicios de salud.

Las reglas del Fondo Monetario Internacional (FMI) prevén el control de cambios, cuando es necesario.  Los demás países del BRICS, Rusia, China, India y África del Sur, no internacionalizaron sus economías financieras como lo hizo Brasil.

China internacionalizó su economía productiva, pero no la financiera, en gran escala.  Brasil es, por ello, el más vulnerable del BRICS, porque mantiene abierta la puerta de entrada y de salida de capitales, pero con la degradación de la calificación del país es tener más salidas que entradas, con lo que se abre una zona de alto riesgo en el lado cambiario.

La internacionalización financiera no fue buena para la economía brasileña.  El país perdió la mitad de su parque industrial.  La participación de la industria en el PIB, de 1995 a 2014, se redujo de 21 a 10 por ciento, gran parte de las inversiones directas de capital extranjero no agregó capacidad productiva, fue utilizada para la compra de empresas existentes, en especial en el sector de servicios.

Las universidades, hoy el mayor grupo de enseñanza superior, con más de un millón de alumnos, están en manos extranjeras, de las redes de  restaurantes, tan sólo una empresa tiene 300 en Brasil, escuelas, hospitales, planes de salud, también.  Uno de los mayores negocios del mundo en 2013 fue la compra de la aseguradora de servicios médicos, Amil por United Health por 5 mil millones de dólares, empresas de turismo (CVC), redes de farmacias (Onofre), empresas de construcción de apartamentos (Brookfield), de predios comerciales (Tishman Speyer), de administración de presidios (Cushman & Wakefield), de seguros, tiendas de especialidades (Tok & Stok) concesionarias de automóviles.  Los negocios, en gran parte, salieron del país, lo que creo entonces aquí una nueva base para remesas de dividendos y de ganancias sin ninguna capacidad nueva.

Sectores tradicionalmente brasileños como el azúcar y el alcohol ya están siendo comprados por extranjeros, ya con 30 por ciento de participación y creciendo año con año.  Por otro lado, los tradings extranjeros dominan los agronegocios brasileños, con financiamientos, abastecimiento de insumos y comercialización de la producción en forma avasalladora.  Ya están en el Congreso las legislaciones para aumentar la participación extranjera en la aviación comercial y en la compra de tierras.

Todo ese proceso de internacionalización financiera forma parte del Plan Real, con ese proceso, se creó toda una gran comunidad de ejecutivos, economistas y abogados brasileños umbilicalmente unidos al capital y a los intereses extranjeros, de los cuales son dependientes y a quienes defienden ideológicamente.

Y por causa de esa internacionalización, mayor en Brasil que en cualquier otro país del  BRICS, la tasa de interés de base no puede bajar y, al ser una de las más altas del mundo, estrangula la economía brasileña, porque el empresario nacional no consigue financiarse a tasas dos o tres veces más altas que  la Selic, mientras que las empresas extranjeras se financian en sus matrices o con bancos de sus países, a tasas de 3 por ciento al año.

La internacionalización financiera no fue seguida por ninguno de los tigres asiáticos, ni por India ni China, mientras que Brasil se convirtió en rehén de esa internacionalización, lo cual estrangula la economía y le impide crecer.

La salida para disminuir el riesgo de una fuga de capitales, que puede ocurrir en situaciones de economía frágil, es restablecer un mecanismo de control de cambios en la cuenta de capitales.  En el comercio exterior, la libertad cambiaria se tienen que mantener, a causa de los acuerdos con la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero es posible que haya un control legítimo, como lo hubo y que fue abolido por la prevalencia, a partir del gobierno del presidente Collor de Melo, relativo a cantidades, precios, calidad y la adecuación de importaciones y exportaciones.

El comercio exterior brasileño es hoy un gigantesco campo de fraudes y de subfacturación que sirve en buena parte para el lavado de dinero y para la exportación ilícita de capitales con evasión fiscal.  Brasil tuvo uno de los más sofisticados mecanismos de control de comercio exterior (CACEX), sustituido hoy por el DECEX, que no tiene ni una fracción de la experiencia ni de la capilaridad de la antigua CACEX.

Con el control de cambio será posible reducir los intereses de todo el sistema bancario, que en términos reales nunca fue tan alto en la Historia de Brasil, en los tiempo de inflación el interés real era infinitamente menor y con ello Brasil creció en todo el periodo inflacionario, en especial en la industria, a una de los mayores ritmos del mundo.

La población y la economía productiva brasileña, que es la que da empleo, nada ganaron con la internacionalización financiera, por el contrario.  Ganaron, sí, un importante núcleo de profesionales vinculados a ese proceso y que hoy son los grandes críticos y pesimistas de la economía no ligada a esa internacionalización.  Esos profesionales maximizan los defectos reales de la economía productiva y de la operación gubernamental y no se preocupan de los problemas que la internacionalización de la economía produjo al conjunto de la población brasileña, la mayor de las cuales es la necesidad de mantener altas las tasas de interés, lo que acaba por perjudicar a todo el conjunto de la economía, así como a los ciudadanos que se endeudan con las tarjetas de crédito, préstamos particulares y compras a crédito en abonos.

Una reevaluación de la política económica brasileña debe pasar por la revisión del papel de la internacionalización de la economía financiera, donde una agencia calificadora pasa a tener una importancia que jamás tuvo antes en una economía más robusta que hoy, en Brasil de los años cincuentas, sesentas y setentas, donde a pesar de alguna inflación, había pleno empleo y gran crecimiento industrial, social y de infraestructura.  Esos fueron años en los que se erigió la mayor parte de la infraestructura que existe hoy en Brasil.

El manejo del control de cambio es un arte en el que Brasil tiene gran experiencia y puede manejarse de un modo “soft” y civilizado, a través de estructuras que todavía existen en el Banco Central, como la FIRCE (Fiscalización y Registro de Capitales Extranjeros):

La centralización y control de cambio convivió en Brasil con un gran volumen de inversiones extranjeros productivos, y llegado aquí se implanta sin mayores problemas con ese control, con el cual convivían perfectamente.  Al tenerse un gran mercado, las empresas extranjeras se adaptan a cualquier régimen cambiario organizado, como fue siempre el de Brasil, desde la SUMOC hasta la FIRCE, organismos con personal altamente calificado, eficiente y respetado, en una época en la que Brasil dotó a su economía con mejores defensas que hoy.

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