Artículo publicado en el sitio Global Europe Anticipation Bulletin (GEAB);
Los historiadores habrán de recordar que el presidente chino Xi Jinping presentó oficialmente la nueva “Ruta de la seda” en un discurso de 30 minutos en la conferencia Boao, en la isla de Hainan, el 28 de marzo de 2015, ante decenas de jefes de Estado y de gobierno y de centenares de ministros de sesenta y cinco países que se sitúan en el trayecto, terrestre o marítimo, de este nuevo eje comercial. (1) Para nosotros, que hacemos anticipación política, ¡qué desafío el que se nos hace! China propone imaginar el futuro retrocediendo varios siglos, o casi dos mil años atrás.
¡Un paso de esto no es absurdo a priori! La fuerza de naciones como Rusia, Irán, India o China resulta de su capacidad de planear a plazos largos. Europa dispone también de esta profundidad histórica –las dos guerras mundiales la animaron a redescubrir la edad entes que las naciones, la de Carlomagno o inclusive la del Imperio romano. Son sin duda Estados Unidos a los que este modo de pensar será más lejano y quienes vean el proyecto chino con más desconfianza. Sin embargo, tendrán que lidiar con una realidad: el entusiasmo por esta “resurrección del pasado” por parte de sus aliados europeos, pero también de un país como Israel (2), países que acaban de decidir unirse al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB) creado por China para la ocasión, confirma que este proyecto que se apoya en un pasado tiene un futuro.
Nos proponemos en seguida esbozar las consecuencias previsibles de la iniciativa china. Tres elementos se deben identificar con claridad: ¿qué nos dicen “la ruta y el corredor” sobre el poder de China? ¿Cuáles serán las repercusiones sobre el resto de Eurasia? ¿Cuál será la actitud de Estados Unidos ante aquello que representa la primera gran dificultad de una era nueva, que exige aprender que el poder se comparte?
-Sesenta y cinco países, 4 400 millones de habitantes, es decir, 63 por ciento de la población mundial, serán abrazados por la Nueva ruta de la seda. Ahora mismo esos países representan apenas 29 por ciento de la producción mundial. Pero estamos tan sólo en el comienzo de un reequilibrio del mundo en torno de Eurasia. China espera que de aquí a diez años sus relaciones comerciales con los países situados a lo largo de lo que da en llamar la “ruta y el corredor” se haya por lo menos duplicado, para alcanzar los 25 mil millones de dólares. La señal enviada por China es fuerte en extremo: en el momento en que su crecimiento económico se empieza a ablandar, China no escogió estimular su economía con gastos militares, que justificarían una posible “guerra fría” con Estados Unidos, (3) Escogió la diplomacia y el comercio en una óptica de reequilibrio<. Depender menos de los vínculos económicos trasatlánticos pasa, a su modo de ver, por el esfuerzo de las relaciones con el “Oeste.” Se trata de convertirse literalmente en el “Imperio del Medio.” (4)
Para reunir el capital necesario para la gigantesca infraestructura de este nuevo eje económico, China echó a andar el AIIB, en el que participarán 52 países, entre ellos las nueve principales economías europeas. El capital inicial debe ascender a los 100 mil millones de dólares; pero, con la afluencia de candidaturas, este será más elevado. China hizo saber, para atraer participantes, que no se atribuirá ningún poder de veto en el seno del consejo de administración (al contrario de lo que hace Estados Unidos en las instituciones financieras de Bretton Woods). Pero no nos hagamos ilusiones, China, poderosa en su experiencia diplomática inmemorial, encontrará todo tipo de medios indirectos para controlar el banco de inversiones públicas que tuvo la iniciativa de crear. (5) El país quiere aprovechar una situación favorable para el avance de sus intereses: Rusia necesita su apoyo si quiere seguir midiendo fuerzas con Estados Unidos sobre el futuro de Ucrania. Y la Unión Europea está tentada seriamente a buscar el aumento de las inversiones chinas en Europa para salir de la crisis. (6)
No obstante, no sobreestimemos la posición de fuera de China. Al haber acumulado enormes reservas de dólares, presenta, ante la fragilidad de la economía estadounidense, la necesidad de diversificar sus activos. Invertir una parte de sus reservas monetarias en un proyecto como la “Nueva ruta de la seda” corresponde a una necesidad. Por otra parte, el brazo de hierro diplomático que opone a Rusia a Estados Unidos no es totalmente dependiente de China: puede contar no sólo con su poder de disuasión nuclear, sino también con el respaldo directo o indirecto de India, de Irán y de Turquía. Por último, destaquemos que el poder financiero de China está lejos de ser suficiente para responder a las necesidades de inversiones que abarcan dos continentes y cuatro mares. El proyecto “de la ruta y del corredor” será posible en la medida en cada conjunto regional invierta masivamente. (7) Desde el punto de vista de Europa, se hace ya la pregunta de qué seguirá la Plan Juncker. El Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Fomento están llamados a desempeñar una función cada vez mayor en los años por venir, para que Europa pueda tomar parte de la “Nueva Ruta de la Seda.”
La Unión Europea está en una encrucijada. La crisis de Ucrania será una desventaja si se prolonga: no sólo porque las sanciones económicas impuestas a Rusia se vuelven contra la economía europea, sino porque cada vez son más las oportunidades que se escapan de invertir en Asia Central; la Unión Europea corre el riesgo de dividirse entre un campo atlanticista y un campo deseoso de encontrar un acuerdo con Rusia. La verdad es que no hay otra vía que no sea la de profundizar los acuerdos de Minsk. Y, para evitar una crisis interminable, Alemania le dará progresivamente más consistencia al pilar europeo de la Alianza Atlántica, suficientemente fuerte para poder pesar sobre Estados Unidos y llevarlo a una salida de la crisis. La forma en la que los países europeos convergirán en el AIIB confirma que el reequilibrio en dirección a Eurasia en detrimento de los vínculos trasatlánticos, el equivalente europeo al movimiento chino de vinculación transpacífica para la “Nueva ruta de la seda,” podrá suceder muy pronto.
El mapa que se presenta ante nuestros ojos es fascinante para un historiador habituado a reflexionar a partir de Fernand Braudel, historiador del Mediterráneo y del capitalismo, en términos de “larga duración”: la ruta terrestre partirá, del lado chino, de Xi ‘Ian, para pasar por Bichkek, Tashkent, Teherán, Ancara, Moscú y Minsk y llegar a Rotterdam, Amberes, Berna, Venecia. La antigua ciudad de los dogos es la extremidad occidental de una ruta de navegación que pasa por Atenas, el Cairo, Yibuti, Nairobi, Colombo, Kuala Lumpur, Singapur (con un empujón, Yakarta), Hanoi, Hong Kong y Fuzhou, para llegar a Hangzhou. China nos propone entonces recuperar una ruta comercial bimilenaria; propone también, al contrario de la visión fatalista de Samuel Huntington, un verdadero diálogo de civilizaciones entre zonas de influencia confuciana, india, persa, turca, árabe, este africana, cristiana ortodoxa y occidental.
Los actores de una mundialización policéntrica, los herederos de los imperios, chino, mongol, persa, ruso, otomano, árabe, bizantino, romano-germánico, francés y británico, tienen una ocasión fascinante para vivir por fin una historia común y pacífica. Pero es necesario no bajar la guardia. Para el equilibrio de Eurasia, India tendrá que ser más solicitada y más integrada a esta nuevas redes que lo que China prevé actualmente. Francia y Alemania, con la restante Unión Europea, tienen una carta natural que jugar, importante también desde el punto de vista de sus intereses a largo plazo: esta “Nueva ruta de la seda” sólo será benéfica para los países involucrados en ella, en la medida en que se funde en el principio del respeto del equilibrio de fuerzas. El acercamiento a India es un activo valioso para hacer contrapeso a Rusia y a China. Permite también permanecer en la lógica de los BRICS, lógica a la cual la Ruta de la seda todavía no pertenece, en un momento en el que el dinamismo chino y la necesidad rusa de neutralización de la influencia estadounidense en Asia Central llevan a privilegiar la Organización para la Cooperación de Shanghái.
El proyecto chino de la “Nueva ruta de la seda” se hizo posible a causa de la nueva era de organización de la que internet es una de sus manifestaciones más notable. Los dirigentes chinos comprenden, sin duda más rápido que sus homólogos europeos, que la revolución de la información puede hacer estallar la vieja oposición geopolítica entre las potencias continentales y las potencias marítimas. Atravesada por convoyes a alta velocidad, llamada a depender cada vez menos de la concentración geográfica de sus recursos energéticos, Eurasia está en camino de convertirse en un “espacio líquido.” (8) La “Nueva ruta de la seda” podrá, sin exageración, ser considerada como un eje “líquido” doble, según los mismos criterios de análisis. Es evidente que una evolución de este tipo tendrá sus zonas sombreadas. Los “espacios líquidos” se pueden infestar de piratas –y en internet son ya numerosos. Pepe Escobar, en el Asia Times Online, calificó desde hace mucho tiempo de “guerra líquida” (9) la forma en como Estados Unidos contribuirán a la destrucción de estados como Irak, Libia o Ucrania. Sopesemos las transformaciones en curso y las modificaciones inmensas que se colocan en el horizonte para la Unión Europea, cuya misión ya no es la de estructurar este “cabo de Asia,” del que hablaba Paul Valéry, sino el de organizar en una interface triple: euroatlántica, euroafricana y euroasiática (GEAB No 94).
(1)Fuente: Die Welt, 30/03/2015
(2)Fuente: Japan Times, 01/04/2015
(3) Cuando en 2010 China decidió comenzar a reducir sus gastos militares (fuente: Wikipedia), las tensiones entre Occidente y los países emergentes, patentes en 2014 con la crisis ucraniana, la llevaron a aumentar esos gastos en 12.2 por ciento el año pasado y 10 por ciento anunciado para 2015. Dicho esto, en porcentaje del PIB, que es el modo que se escoge habitualmente para evaluar el gasto militar de un país (recordemos que Estados Unidos pide a los integrantes de la OTAN que contribuyan con 2 por ciento de su PIB al presupuesto de la Alianza), la proporción de estos gastos se mantuvo estable –cerca de 2.1 por ciento (la de Estados Unidos es de 4 por ciento)- teniendo en cuenta que el PIB chino aumentará cerca de 7 por ciento este año. Otro elemento que parece afirmar que China aumenta de la forma más razonable posible sus gastos militares, que es el hecho de que en el marco de su apertura al mundo, está obligada a ser más transparente que los gastos ocultos no tardarían en ser conocidos. Pero el presupuesto total consagrado a los gastos militares no llega a los 95 mil millones de euros, contra los 460 mil millones del lado estadounidense, y a sabiendas de que este presupuesto se destina a los gastos en un personal militar gigantesco (2 100 000), y que la parte destinada a la compra de material es reducida (fuente: Deutsche Welle, 04/03/2015). Estos elementos permiten a nuestro equipo considerar que contra lo que la prensa occidental quiere hacer creer, China no tiene una postura militar agresiva.
(4)Michel Aglietta y Guo Bai, La voie chinoise, Capitalisme et empire, París, Odile Jacob, 2012.
(5)François Godement, Que veut la Chine? , París, Odile Jacob, 2012.
(6)Claude Meyer, la China banquero del mundo, Fayard, París, 2014.
(7)Fuente: Eurasia Review, 30/03/2015.
(8)Concepto de John Urry, Global Complexity, 2000.
(9)Pepe Escobar, Globalization: How the Globalised Worl is Dissolving into Liquid War, 2007.

Português
Msia Informa

