Una paradoja emerge en estas semanas. Se relaciona con la creciente distancia entre la percepción de las poblaciones sobre la realidad mundial y la ilusión que de ella se ha fabricado, compartida por la mayor parte de la élites occidentales. Estados Unidos y la Unión Europea, de manera oficial, están comprometidos, y así lo han reiterado, en una lucha para defender la “democracia” en Ucrania, reforzando las sanciones económicas contra Rusia, las cuales, a su vez, tuvieron por resultado el enfriamiento de las relaciones con Moscú.
La población europea, sin embrago, juzga de forma diferente las nuevas realidades creadas y los medios con los que sus respectivos gobiernos las enfrentan.
Un ejemplo es el de Alemania. El 18 de junio, durante el Foro Económico de San Petersburgo, el Instituto Forsa realizó una encuesta de opinión a solicitud de la compañía Wintershall, subsidiaria de BASF, distribuidora de gas comprado a Gazprom de Rusia, sobre la crisis ruso-ucraniana y sus posibles consecuencias en el futuro político de Alemania. Ochenta y cinco por ciento de los entrevistados dijeron estar preocupados por la crisis. Pero, al contrario de lo que clama la gran prensa en su esfuerzo desesperado por “reeducar” al público alemán (publicaciones como Frankfurter Allgemeine Zeitung, Die Zeit, Die Welt, etc.), 52 por ciento mencionan a Rusia como un socio económico confiable y 56 por ciento lo consideran un socio energético crucial. Por si fuese poco, los entrevistados están convencidos de que la cooperación económica con Rusia tendrá un efecto positivo en las relaciones políticas y que por ello debe hacerse más intensa.
Mario Mehren, integrante del consejo de administración de Wintershall, calificó los resultados de la investigación de muy positivos, al afirmar que “en Rusia hay reservas enormes de gas y de petróleo, que son indispensables para la seguridad del abastecimiento de Europa.”
Otra investigación esclarecedora fue la realizada por el Pew Research Center estadounidense, la cual demostró que 45 por ciento de la población alemana tiene una imagen negativa de Estados Unidos. A pesar de los intentos estadounidenses de influenciar a la gran prensa y a la opinión pública alemana, la investigación expone un sentimiento diferente. El resultado provocó la histeria del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), que mencionó un “creciente antiamericanismo en Alemania,” el cual contrasta con la imagen que Estados Unidos tiene en América Latina, Asia y África.
Los motivos para que exista este clima entre la población alemana y de otros países europeos se relacionan en gran medida con la forma en la que la élites alemanas han conducido la crisis de Ucrania. La condena se extiende por igual a la forma en la que el bloque europeo ha respondido a la crisis griega, a lo que se junta el malestar creciente provocado por la manera en la que Estados Unidos lidia con los “derechos civiles” en su propio territorio.
Ignorando lo anterior el 22 de junio, los ministros de Relaciones exteriores de la UE acordaron prolongar las sanciones contra Rusia de esa fecha a enero de 2016. Al respecto de la medida, el presidente del Comité Alemán para las Relaciones Económicas con el Este Europeo (fundado en 1952 mantuvo una participación muy intensa en la distensión entre el Este comunista y Occidente en los años setentas), Eckard Cordes, promovió una conferencia en Berlín. Allí anunció que renunciará a su cargo en el otoño europeo. Aunque no dio a conocer los motivos de su decisión, aprovechó para hacer declaraciones públicas sobre la paradoja de las relaciones entre Alemania y Rusia.
Así Cordes habló de las devastadoras consecuencias de las sanciones económicas para la economía alemana. Aunque la reducción de las exportaciones alemanas a Rusia fue de 6 500 millones de euros en 2014, estimó que para finales de este año serán de 9 mil millones de euros. Según él, el cuadro “es peor que las peores previsiones.” Las sanciones, dijo, están “amenazando 150 mil puestos de trabajo de Alemania.” En su evaluación, la economía alemana está sufriendo las mayores consecuencias de las sanciones en vigor.
De acuerdo con el sitio Russland.ru, el pronóstico de la entidad señala que a finales de 2015 las exportaciones alemanas a Rusia habrán sufrido una caída de 50 por ciento respecto a 2012, por haberse reducido 34 por ciento en los primeros cuatro meses de este año. De continuar la tendencia, afirma, países como Suecia y la República Checa acabarán importando más productos alemanes que Rusia, cuya economía es mucho mayor. Según Cordes, mientras las relaciones entre Rusia y Alemania se están hundiendo, Moscú ha buscado llenar ese hueco con nuevos socios comerciales, como Corea del Sur, China, India, Turquía y Brasil. Destacó que, aun con el prolongamiento de las sanciones, no se ha resuelto ningún problema en el campo de batalla ucraniano: “En el este de Ucrania, las oportunidades de que los combates se reinicien es muy grande a partir del momento en el que las personas de la región no tiene ninguna perspectiva económica.” Para poner la pacificación en un orden superior, será menester que la UE haga más intensas el debate trilateral con Moscú y Kiev –y suspender las sanciones.
También pidió con urgencia la aplicación de los acuerdos de Minsk II, ante la desesperada situación de Ucrania, que necesita tanto la estabilidad económica como la llegada de inversionistas internacionales. Cordes observó que la UE está manipulada por EEUU para que imponga las sanciones, aunque no tienen ningún interés real en ellas. “Creo que el mundo observa esa situación con sorna,” agregó.
Además de él, el presidente de la Unión de Agricultores Alemanes, Joachin Ruckwied, pidió una revisión completa de la política de sanciones, pues, resaltó, su resultado fue la prohibición, por parte de Moscú, de las importaciones de ciertos tipos de alimentos producidos en Europa occidental, lo que causó pérdidas por 600 millones de euros a los productores alemanes (FAZ, 27/06/2015).
La urgencia de los acuerdos Minsk II
La situación parece peor si se observa un informe reciente divulgado por la oficina del Alto Comisariado de Naciones Unidas. El documento afirma que el número de ucranianos que huyeron a los países vecinos luego del inicio del conflicto armado de la región de Donbass, a mediados de 2014, “supera los 900 mil y la mayor parte de ellos huyó a Rusia.” Además, un millón 350 mil ucranianos fueron obligados a abandonar sus hogares y recibieron la condición de “personas desplazadas internamente.” De estas, 807 mil son pensionados, mientras que 171 mil son niños y otras 56 mil son personas con necesidades especiales. El informe de Naciones Unidas alertó de un “empeoramiento de las condiciones humanitarias” desde que se han reiniciado los enfrentamientos armados en determinadas regiones del Este de Ucrania a lo largo del mes de junio.
A todo esto, cabe agregar que la capacidad combativa de las tropas de Kiev ha declinado, a pesar de los esfuerzos del gobierno del presidente Petro Poroschenko para movilizar más voluntarios para luchar contra los rebeldes afines a Rusia.
Un informe publicado por el sitio Russland.ru, dice que el general ucraniano Alexander Kolomiez, ex vice ministro de Defensa, desertó al lado de los rebeldes acompañado de muchos otros oficiales ucranianos. El artículo afirma que el general, que sirvió en los últimos 20 años en Donbass, habló de la “declinación moral de las tropas gubernamentales de Ucrania; que 10 mil soldados desertaron y que la mayor parte de las operaciones promovidas por Kiev son ejecutadas por milicianos voluntarios, que no son otra cosa que extremistas de derecha del Sur y del Este de Ucrania.”
La dramática situación destaca, una vez más, la urgencia de llevar a la práctica los acuerdos de Minsk II, como fue resaltado durante el nuevo encuentro del Grupo de Normandía, que reunió a los ministros de Relaciones exteriores y a diplomáticos expertos de Francia, Alemania, Rusia y Ucrania, en París, el 23 de junio.
El encuentro, por primera vez, tuvo la participación del nuevo representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa (OSCE), el diplomático austriaco Martin Saijdik. De acuerdo al comunicado final de la reunión, “los ministros confirmaron que Francia, Alemania, Rusia y Ucrania acordaron seguir trabajando en el formato de Minsk II, y que pretenden hacer lo posible para garantizar un entendimiento sobre los compromisos para resolver la crisis.”
En la entrevista colectiva, para comentar los resultados del encuentro, el ministro ruso de Relaciones exteriores, Sergei Lavrov, destacó que los ministros del Cuarteto de Normandía reconocieron la trascendencia de estabilizar la situación militar del Sur y del Este de Ucrania y de establecer el diálogo directo entre Kiev y las auto proclamadas repúblicas de Donetsk y de Lugansk. Resaltó que la mayor parte del tiempo del encuentro se dedicó a establecer un “diálogo directo entre Kiev, Donetsk y Lugansk, en todas las esferas, entre ellas la militar y la política, seguridad y economía, humanitaria y reformas políticas.”

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