Reestructuración de la deuda griega única salida

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Todo análisis sobre el dilema de las deudas nacionales apunta al camino obvio de la necesidad de la reestructuración mundial de las mismas, la antesala de la reconfiguración del orden financiero  al servicio de la reconstrucción de la economía real del planeta.  Es evidente que esta constatación choca con los planes de predominio del “sistema de la deuda” y de sus controladores oligárquicos.

Coincidencia o no, otra evidencia de que la crisis de la deuda está lejos de limitarse a la UE fue el anuncio hecho por el gobernador del Puerto Rico, de que la deuda del Estado asociado a EEUU es “Impagable.”

“La deuda es impagable.  Me encantaría tener una opción más fácil, pero no existe una.  No es una cuestión de política, sino de matemáticas.  Mi gobierno está haciendo todo lo posible para evitar el incumplimiento, pero tenemos que hacerlo con una economía creciente.  Si no, estamos en una espiral mortal,” dijo el gobernador Alejandro García Padilla en una entrevista concedida al New York Times (28/06/2015).  Busca, correctamente, una forma de reestructurar la deuda puertorriqueña de más de 72 mil millones de dólares.http://www.nytimes.com/2015/06/29/business/dealbook/puerto-ricos-gobernor-says-islands-debts-are-not-payable.html?action=click&pgtype=homepagemodule=first-column-region&region=top-newa&WT.nav=top-newa&_r=4

La reestructuración de la deuda griega recibió el apoyo de un foro internacional de académicos, científicos y analistas políticos reunidos en Delfos, Grecia, los días 20 y 21 de junio, en el foro Iniciativa de Delfos, organizada por la Fundación Lyssarides (Chipre), el Instituto griego para Investigaciones sobre estrategias Políticas, el Instituto Ruso para la Globalización y los Movimientos Sociales y el Foro Mundial de Opciones, francés.  Entre los participantes estaban Paul Craig Roberts, el antropólogo inglés David Graeber, autor del libro fundamental Debt: the First 5,000 Years (Deuda: los primeros cinco mil años), el economista estadounidense Michael Hudson, el director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, Wilfried Kreisler, y otros.

En la presentación de la “Declaración de Delfos,” el analista geopolítico suizo Peter Koenig tampoco se anduvo con miramientos:

En mundo tiene que entender que la Troika está, literalmente, chantajeando a Grecia y sometiéndola a una tortura económica absoluta… En resumen, quieren provocar una convulsión política en Grecia, con caos –lo que mejor saben hacer las pandillas de Bruselas y de Washington- y, como siempre, el objetivo final es el “cambio de régimen.”  ¿Cómo osa votar el pueblo griego por un gobierno socialista, en una Europa y en un mundo occidental plenamente neoliberales?  Se le tiene que castigar.

El texto de la declaración afirma:

“Hoy más que nunca, hay una necesidad urgente de una reestructuración radical de la deuda europea, de medidas seria para limitar las actividades del sector financiero, de un “plan Marshall” para la periferia europea, de un repensamiento valeroso y de volver a impulsar el proyecto europeo, que, en su forma actual, demostró ser insostenible.  Tenemos que encontrar el coraje para hacerlo si queremos dejar una Europa mejor a nuestros hijos, y no una Europa en ruinas, en permanentes conflictos financieros y hasta militares entre sus naciones”.

Otra personalidad internacional que respalda una reestructuración amplia de las deudas, no sólo de la griega, es el economista y Premio Nobel Joseph Stiglitz, quien propone el establecimiento de una nueva institución internacional y de una reglamentación específica para tal finalidad.

En un artículo publicado por el Project Syndicate, escrito al lado de Martin Guzmán, copresidente del equipo sobre Reestructuración de la Deuda e Insolvencia Soberana de la Iniciativa por una Política de Diálogo de la Universidad de Columbia, afirma que “el sistema actual pone demasiado énfasis en las ‘virtudes’ de los mercados.”  Según los autores, el mundo está pagando “un precio mayor al que debería por dichas reestructuraciones.”  Un elemento crucial de un arreglo internacional en ese sentido sería el consenso de que ningún país puede firmar el cese de sus derechos elementales.  No habría renuncia a la inmunidad soberana, así como ninguna persona se puede vender como esclavo.  También deberían imponerse límites en lo tocante a cuanto puede extenderse un gobierno democrático en comprometer a sus sucesores.  Esto es particularmente importante a causa de la tendencia de los mercados financieros de inducir políticos de visión corta para que aflojen las restricciones fiscales en vigor o a prestar de forma flagrante para corromper gobiernos, como el destituido régimen de Yanukovych en Ucrania, al costo de futuras generaciones.  Una restricción tal mejoraría el funcionamiento de los mercados de la deuda soberana al inducir el debido proceso legal en los préstamos. http://oglobo.globo.com/opiniao/uma-lei-para-divida-soberana-16505303#ixzz3e5C4D46v

En conclusión, afirman:

“La crisis en Europa es tan sólo el ejemplo más reciente de los altos costos –para acreedores y deudores- generados por inexistencia de una ley internacional para resolver crisis de endeudamiento soberano.  Tales crisis seguirán ocurriendo.  Si la globalización es para funcionar en todos los países, las reglas de financiamiento soberano deben cambiar”.

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