Batalla de Grecia: ¿Salamina financiera?

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Veinticinco siglos después de la célebre batalla de Salamina, los griegos se ven envueltos de nuevo en un combate decisivo con un nuevo impero, una nueva satrapía, el del “sistema de la deuda,” como lo bautizara apropiadamente la ex auditora fiscal  de Brasil, María Lúcia Fattorelli, quien acaba  de regresar de Atenas, donde integró una comisión internacional de especialistas convocada por el Parlamento griego para auditar la deuda pública del país.  El martes 30 de junio, Grecia, oficialmente, cayó en el incumplimiento, al dejar de pagar 1 600 millones de euros (1 760 millones de dólares) al Fondo Monetario Internacional (FMI), que formaban parte del pago de una colosal, y a todas luces impagable, deuda de 430 mil millones de dólares, equivalente a 171 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Con la viabilidad política amenazada por la perspectiva de ceder a las exigencias del comité de acreedores, formado por el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comunidad Europea, la llamada “troica,” el gobierno del Primer ministro, Alexis Tsipras, ordenó la realización de un referendo para este domingo 5 julio, en el cual el electorado griego deberá responder si acepta las draconianas exigencias impuestas al país para la concesión de un nuevo préstamo destinado al servicio de la deuda.

A pesar de que las consecuencias de la crisis son imprevisibles, es posible que el rechazo del nuevo plan de la “troika” por los griegos acarree una serie de ondas de choque capaces de cimbrar el hasta ahora imbatible imperio del “sistema de la deuda,” que está en la cumbre de la estructura de poder oligárquico transnacional que lucha por la preservación de su hegemonía, a la cual está subordinada la Unión Europea en gran medida.

Una advertencia en ese sentido fue hecha por uno de los más conocidos voceros de ese “gobierno mundial,” el corresponsal financiero del periódico inglés The Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard. En su columna del 19 de junio alertó, disparando contra la intransigencia de la “troika”:

“En los tiempos modernos raramente hemos presenciado tamaña demostración de petulancia y mala capacidad de juicio de aquellos supuestamente encargados de la estabilidad financiera mundial y por los que dan el tono con el que baila el mundo occidental.  El espectáculo es espantoso.  El Banco Central Europeo, el fondo de rescate de la UE y el Fondo Monetario Internacional, entre otros, están desencadenando su furia contra un gobierno electo que se niega a hacer lo que se le ordena.  Ellos esquivan olímpicamente su responsabilidad por cinco años de equívocos políticos que condujeron a esta situación.  Quieren ver a eses rebeldes Klephts (los bandoleros que participaron en la Revolución griega contra el Imperio otomano, 1821-29) colgados de las columnas del Partenón –o, como preferían las fuerzas otomanas, empalados, por considerarlos bandidos- aunque con ello vean el hundimiento de sus instituciones.

“Si quisiéramos cerrar el momento en el que el orden liberal atlántico perdió su autoridad –y cuándo el Proyecto Europeo dejo de ser una fuerza histórica motivadora- este bien podría serlo.  En cierto sentido, la crisis griega es equivalente financiero de la Guerra de Irak, emblemática para la izquierda y para los soberanista de la derecha y repleta de sus propios dosieres ad hoc.

Los últimos párrafos del artículo de Evans-Pritchard, repletos de analogías históricas, indican que el portavoz de la City de Londres, está alarmado con la miopía de los “eurócratas” de Bruselas sometidos a las altas finanzas mundiales:

“Todos conocemos el argumento. La UE está preocupada con el “riesgo moral” político, sobre lo que el (partido) Podemos podrá conseguir en España, o los euroescépticos en Italia, o el Frente Nacional en Francia, si Syriza desafía el sistema y sale incólume.  Pero ¿será que los proponentes de esta visión del establishment –y la hemos oído bastante- piensan, realmente que Podemos puede ser derrotado aplastando a Syriza o que podemos desanimar a Marine Le Pen violando la soberanía y las sensibilidades de una nación?

“¿Será que piensan que el cada vez más declinante controle de la UE sobre la lealtad de la juventud europea se puede revertir con la creación de un Estado mártir en la izquierda?  No perciben que esa es su propia Guatemala, la experiencia de Jacobo Arbenz que fue extinguida por la CIA en 1954, sólo para desencadenar la Revolución cubana y treinta años de guerrillas de izquierda en toda América Latina? ¿Será que esos abogados –sí, casi todos son abogados- ven algo bajo sus narices?

“Los vencedores de Versalles asumieron, por reflejo, que tenían de su lado todo el peso de la autoridad moral cuando impusieron su acuerdo cartaginés a una Alemania derrotada, en 1919, y exigieron el pago de las deudas que ellos mismos inventaron.  La Historia juzgo de una forma diferente”.

Recordando Salamina

En las primeras décadas del siglo V antes de Cristo, los reyes persas Darío el Grande y Jerjes I se sumieron en un prolongado conflicto con las ciudades Estado griegas.  En esa época, el Imperio persa, o Aqueménida, era por mucho la gran potencia mundial, con fronteras que llegaban de los Balcanes al Norte de África y de ahí a la actual India.  Dentro de sus fronteras, en un territorio de 8 millones de kilómetros cuadrados, se estima que vivían 50 millones de personas, cerca del 44 por ciento de la población mundial de entonces.  Atenas, la mayor de las ciudades griegas, no tenía más de 140 mil habitantes.  Su eterna rival, Esparta, poseedora del mejor ejército de la Hélade, no pasaba de los 100 mil.

En el 480 A.C., Jerjes decidió comandar personalmente una invasión para subyugar de una vez por todas a los insolentes griegos con el mayor ejército nunca reunido antes, con cerca de 140 mil combatientes, que superaban por completo a las fuerzas combinadas de una voluble y precaria alianza griega.  En agosto, luego de vencer por el peso de sus fuerzas a una reducida fuerza comandada por el rey Leónidas de Esparta en la Batalla de las Termópilas, las fuerzas persas tenían el camino libre para tomar Atenas, cosa que consiguieron.

Sin embargo, en septiembre, la escuadra griega, comandada por el general ateniense Temístocles, derrotó de forma decisiva a una flota persa mucho mayor en la Batalla de Salamina, lo que obligó a Jerjes a retirarse con el grueso de su ejército.  Las fuerzas persas abandonaron los territorios griegos un año después, sin embargo, la mayoría de los historiadores considera a Salamina como la batalla decisiva del enfrentamiento, la que selló el fin de la expansión del Imperio persa en Europa.  Si el resultado hubiese sido otro, una Grecia reducida a la condición de satrapía del Imperio Aqueménida difícilmente habría reunido las condiciones favorables para el progreso de las grandes corrientes de pensamiento que en los siglos siguientes contribuyeron a forjar la civilización occidental, encarnadas en personajes como Sócrates, Platón, Pitágoras, entre otros.

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