El AIIB: Un paso adelante

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La adhesión de Italia, Alemania, Francia y Gran Bretaña al proceso de creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, siglas en inglés), encabezado por China, es, sin duda, un acontecimiento de gran relieve en el ajedrez geopolítico mundial. Es un mensaje de que la Unión Europea (UE) no pretende quedar fuera de los procesos importantes que lleven al desarrollo económico global. Una decisión de no participar, siguiendo el camino estrecho y aislado indicado por Washington, representaría un pesado obstáculo en relación a los mercados chinos y asiáticos en rápido crecimiento.

Sin embargo, sería un equívoco limitar la evaluación a tan sólo las grandes oportunidades económicas. Junto con el Banco de Desarrollo de los BRICS, el AIIB es más que nada un importante paso para la redefinición de todo el sistema monetario internacional.

En todas las últimas cumbres del G-20, la más reciente la de Brisbane, se repitió la misma escena. Los BRICS y los demás países de las llamadas economías emergentes exigiendo una reforma en la gobernanza económica global y un peso mayor en las viejas instituciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, con los EUA bloqueando abiertamente cualquier cambio significativo.

Ahora, mientras tanto las etapas para una redefinición de todo el sistema económico, monetario, financiero y comercial mundial pueden y deben ser hechas a la luz del día.

Más de 70 años después de su creación, el sistema de Bretton Woods cerró su ciclo histórico y ha llegado la hora de crearse en nuevo modelo multipolar, más justo. Sólo una peligrosa miopía política podría intentar retardar cambios tan profundos, generando, inevitablemente, graves tensiones e inevitable conflictos.

En este proceso, consideramos como eje central y fundamental el papel de los países europeos y de la UE. Conviene que estén conscientes de la estrategia necesaria para realizar una Gran Reforma, actuando como protagonistas y no como actores secundarios, tal vez, en busca de algunos pocos negocios atractivos. Es necesario tomar en cuenta que, sin la UE y sin un euro estable, cualquier intento de reforma tendería a descarrilarse o volverse una mera cuestión regional. Es, empero, un desafío que exige una maduración real del papel político de la UE.

China tiene reservas de divisas en oro del orden de los 4 billones de dólares. Se trata de una capacidad monetaria sustancial, pero por si sola, insuficiente para traer a los EUA a un camino de cambio necesario. Una Europa con determinación podría hacerlo. Aunque la decisión británica de participar en el AIIB tiene un gran significado, por colocar a Londres en una posición autónoma de Washington -lo que está creando también importantes reverberaciones en Australia, Japón, Corea del Sur, un hecho nada insignificante, considerando que estos países hasta ahora han mantenido un estrecho alineamiento con los EUA.

Cerca de 30 países, principalmente asiáticos, participarán de la creación del banco, el cual comienza con un capital de 50 mil millones de dólares. Rusia ya expresó su interés, aunque para el momento, siga siendo el actor más activo en la concretización del banco de desarrollo del grupo BRICS. En este contexto, la Unión Euroasiática anunció recientemente un plan para crear su propia unión monetaria, para poder desempeñar un papel importante en los escenarios de desarrollo de todo el continente euroasiático, además de enfrentar los ataques especulativos realizados después de la manipulación de los precios del petróleo.

No menos importante es el hecho de que el AIIB pretenda ser un banco de apoyo y orientación de las inversiones a largo plazo en la construcción de grandes proyectos en Asia, donde hay una gran demanda de infraestructura. En este sentido, será un socio de los bancos multilaterales de desarrollo existentes y, consecuentemente, también de los integrantes del Long Term Investors Club, del cual participa la Caja de Depósitos y Préstamos (CDP) italiana.

De hecho, se coloca como un punto de apoyo de una nueva industrialización y modernización tecnológica, en la región de Asia y del Pacífico, donde habita la mayor parte de la población mundial. De esta forma, presenta un modelo alternativo a la quebrada financierización de la economía global y a las diversas ideologías «pos-industriales» -lo que puede significar un punto de inflexión en la crisis sistémica global.

Los primeros grandes proyectos que el banco pretende promover están relacionados a la Nueva Ruta de la Seda, que los chinos llaman, «una carretera, un cinturón», un gran eje de conexión con el resto del continente asiático y con Europa, capaz de crear un amplio cinturón de desarrollo económico, urbano y social, a lo largo de su curso. En los últimos meses, hubo varios contactos e iniciativas conjuntas para conectar la Nueva Ruta de la Seda con el corredor de desarrollo de infraestructura, que contempla una conexión del Pacífico con Europa, atravesando los vastos territorios de Siberia.

Para la ejecución de esos proyectos es necesaria la capacidad industrial, tecnológica y profesional de la UE.

 

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