Putin propone nuevo orden mundial para asegurar estabilidad y seguridad

El New York Times calificó la invitación como «la diatriba más fuerte contra Estados Unidos» vertida por el presidente ruso, Vladimir Putin. El ex dirigente soviético Mijaíl Gorbachov lo consideró como su discurso más importante desde que asumiera la presidencia en 2000. La mayor parte de la prensa occidental sencillamente lo ignoró prefiriendo registrar la presencia de su autor en la premiación del primer Gran Premio de Rusia de Fórmula 1, realizado en Sochi el domingo 26 de octubre, o su admisión de que ayudó al ex presidente ucraniano Viktor Yanukovich a salir del país en febrero pasado, luego de haber sido derrocado por un golpe de Estado encabezado por grupos extremistas en el Congreso.

De forma curiosa, fue el enviado del Financial Times a Sochi, Neil Buckley, sintetizar más o menos correctamente la esencia de la contundente presentación del líder del Kremlin en la undécima reunión anual del Club de Debates de Valdai, realizada en el balneario del mar Negro. Para él, «de una forma oblicua,» Putin está proponiendo un diálogo a Occidente:

«La salida lógica está en la cooperación entre las naciones y las sociedades, para buscar respuestas colectivas a las dificultades crecientes y a la solución conjunta de los riesgos,» dijo. El mundo necesita de la «base legal, política y económica para un nuevo orden mundial, que permita la estabilidad y la seguridad, al tiempo que impulsa una competencia saludable» (FT, 26/10/2014).

Los juicios de Putin se encuadran perfectamente en el tema del foro -«Nuevas reglas o un juego sin reglas.» En un discurso franco, Putin presentó un diagnóstico preciso de las principales causas de la presente inestabilidad global:

«Colegas, este periodo de nominación unipolar ha demostrado, de forma convincente, que un centro único de poder no logra que los procesos internacionales sean más administrables. Por el contrario, este tipo de construcción inestable ha demostrado su incapacidad de combatir las amenazas reales, como conflictos regionales, terrorismo, tráfico de drogas, fanatismo religioso, chovinismo y neonazismo. Abrió, al mismo tiempo, el camino para un orgullo nacional inflado, la manipulación de la opinión pública y para que el fuerte moleste y suprima al débil.

«En esencia, un mundo unipolar es sencillamente un medio para justificar la dictadura sobre pueblos y países. El mundo unipolar se convirtió en un fardo muy incómodo, pesado e imposible de administrar, hasta para el mismo líder autoproclamado. (…) Es por ello que, en este palco histórico, vemos intentos de recrearse un semblante de un mundo casi bipolar, como un modelo conveniente para la perpetuación del liderato estadounidense. No importa quien ocupe la posición de centro del mal en la propaganda estadounidense, este era el viejo lugar de la Unión Soviética, el principal adversario. Podría ser Irán, un país que busca adquirir tecnología nuclear, China, la mayor economía del mundo, o Rusia, una superpotencia nuclear.

«(…) En suma, en un mundo nuevo y cambiante, vemos hoy intentos de reproducir los modelos familiares de administración internacional, y todo esto para garantizar la posición excepcional de ellos (Estados Unidos) y recoger los dividendos políticos y económicos. Pero esos intentos están cada vez más alejados de la realidad y en contradicción con la diversidad del mundo. Los pasos en ese sentido, inevitablemente, crean confrontaciones y contramedidas y tienen efectos opuestos a los esperados. Vemos lo que acontece cuando la política comienza a entrometerse desastrosamente en la economía y la lógica de las decisiones cede a la lógica del enfrentamiento, que sólo perjudica las posiciones y los intereses económicos propios, en particular, los intereses del empresariado nacional.

Putin advirtió, al mismo tiempo, que la mera aparición de un cuadro multipolar sin nuevas reglas de convivencia no resolvería el problema, sino que podría agravarlo:

«(…) La formación de un mundo policéntrico -y me gustaría también llamar la atención en esto, colegas-, por sí sólo, no mejora la estabilidad; lo cierto es que es más probable lo contrario. El objetivo de lograr un equilibrio internacional se está convirtiendo en un enigma sumamente complicado, en una ecuación con muchas incógnitas.

«Entonces, ¿qué nos espera si escogemos no jugar según las reglas -aunque fuesen estrictas y convenientes-, sino que preferimos vivir sin ninguna regla? Y este escenario es enteramente posible, no podemos descartarlo, dadas las tensiones de las situación mundial. Se han hecho muchos pronósticos tomando en cuenta las tendencias actuales y, por desgracia, no son muy optimistas. Si no creamos un sistema claro de compromisos y de acuerdos mutuos, si no construimos un mecanismo para administrar y resolver situaciones de crisis, los síntomas de la anarquía mundial, inevitablemente, aumentarán».

Putin admitió que no tiene respuestas finales para tales problemas, pero indicó que es necesario un nuevo ordenamiento mundial fundado en el respeto de las soberanías nacionales y en principios morales:

«Cuáles podrían ser las bases legales, políticas y económicas para un nuevo orden mundial que permitiese la estabilidad y la seguridad, al mismo tiempo que incentivase la competencia saludable, sin permitir la formación de monopolios que perjudican el progreso? Es improbable que alguien pueda presentar soluciones inmediatas, soluciones listas y absolutamente exhaustivas. Necesitaremos de un trabajo extenso, con la participación de una gama vasta de gobiernos, empresarios internacionales, de la sociedad civil y de plataformas de especialistas como esta.

«Es obvio, sin embargo, que el éxito y los resultados reales serán posibles si participantes claves en los asuntos internacionales pudieran concordar en armonizar los intereses mínimos, con base en una restricción impuesta por cuenta propia razonable, y dieran el ejemplo de un liderato positivo y con sentido de la responsabilidad. Debemos identificar mecanismos multilaterales y, como parte del mejoramiento de la efectividad del derecho internacional, debemos resolver el dilema entre los actos de la comunidad internacional para garantizar la seguridad y los derechos humanos y el principio de la soberanía nacional y de la no injerencia en los asuntos internos de los estados. (…)

«Agregaría que las relaciones internacionales deben partir del derecho internacional, el cual, a su vez, debería fundarse en principios morales, como la justicia, la igualdad y la verdad. Tal vez lo más importante sea el respeto de los socios y de sus intereses. Esta es una fórmula obvia, pero el hecho simple de seguirla podría cambiar radicalmente la situación mundial».

Para terminar, Putin volvió a negar las acusaciones recurrentes de que estaría pretendiendo restablecer la antigua URSS, pues se trata más de promover el diálogo con «nuestros socios de Occidente,» con la intención de «crear un espacio común para la cooperación económica y humanitaria, que se extienda desde el Atlántico al Pacífico:»

«Tenemos un programa pacífico y positivo, orientado a la integración; estamos trabajando activamente con nuestros colegas de la Unión Económica Euroasiática, con la Organización de Shangái para la Cooperación, con los BRICS y con otros socios. Este programa está volcado a fomentar lazos entre gobiernos, y no dividirlos. No estamos planeando agrupar bloques ni involucrarnos en intercambios de golpes.

«(…) Rusia no necesita de ningún lugar especial o exclusivo en el mundo -quiero recalcar esto. Al mismo tiempo que respetamos los intereses de otros, simplemente, queremos que nuestros intereses se tomen en cuenta y que se respeten nuestras posiciones. Estamos bastante conscientes de que el mundo entró en una era de cambios y de transformaciones internacionales, en las que todos necesitamos tener un grado particular de cautela y la habilidad de evitar pasos sin pensar. En los años que siguieron a la Guerra Fría, los participantes de la política mundial perdieron algo de esas cualidades. Ahora tenemos que recordarlas. De otra forma, las esperanzas de un desarrollo pacífico y estable serán una ilusión peligrosa, mientras que los tumultos de hoy serán tan sólo el preludio del derrumbe del orden mundial.

Al comentar el discurso de Putin, el economista estadounidense Paul Craig Roberts, uno de los críticos más firmes del belicismo de su país, afirmó en su sitio que este se podría considerar el «líder del mundo moral.» En sus propias palabras:

«Esas son las ideas de un líder político humanitario, como los que el mundo no ha visto en mi periodo de vida. Comparen a Putin con el corrupto criminal de guerra de la Casa Blanca o con los fantoches a su servicio en Alemania, el Reino Unido, Francia, Japón, Canadá y Australia, y verán la diferencia entre un bando criminal y un líder que lucha por un mundo humano y digno de vivirse, en el que los intereses de los pueblos serán respetados. En una sociedad occidental sana, las declaraciones de Putin se reproducirían íntegras y serían objeto de debates entre especialistas. (…) Pero, es claro, nada de eso es posible en un país cuyos dirigentes afirman ser el país «excepcional» e «indispensable,» con derecho extralegal de ejercer su hegemonía sobre el mundo. (…) (Paulcraigroberts.com, 25/10/2014).

Roberts fue secretario del Tesoro durante el gobierno de Reagan (1981-1989). Gran conocedor de los bastidores del poder de Washington, ha sido una de las mejores referencias para el entendimiento de la putrefacción interna del poder hegemónico estadounidense -y de los riesgos que representa para el planeta.

(Foto RIA Novosti)

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