MSIa Informa, 28 de enero de 2022.-Como ya es costumbre de sus reuniones anuales, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), mejor conocido como Foro de Davos, divulgó a principios de enero su “Informe de Riesgos Globales 2022”, documento que actualiza la visión de las élites oligárquicas “globalizadas” sobre los problemas mundiales.
El documento, elaborado por la aseguradora Zurich Insurance Group, por el SK Group, de Corea del Sur, y por la consultoría internacional Marsh & McLennan, parte de cuestionarios respondidos por cerca de mil “especialistas y líderes globales” y más de 12 mil “líderes nacionales” de 124 países, que señalaron los riesgos de las tendencias mundiales.
Y, aún en medio de la pandemia del covid-19 y de sus graves repercusiones socioeconómicas, vuelve la burra al trigo: de los diez principales riesgos señalados para la década presente, la mitad se refieren a cuestiones ambientales, en especial el clima de la Tierra. Nada concreto sobre el combate internacional a la pandemia y otras enfermedades, o de propuestas para retomar el rumbo del desarrollo económico del mundo. Aquí les presentamos la lista:
1) fracaso de la intervención en el clima;
2) extremos meteorológicos;
3) pérdida de la biodiversidad;
4) erosión de la cohesión social;
5) crisis del bienestar social;
6) enfermedades infecciosas;
7) daños ambientales causados por humanos;
8) crisis de recursos naturales;
9) crisis de la deuda;
10) enfrentamientos geoeconómicos.
El resultado denota la extensión de la vasta influencia de la visión catastrofista sobre el ambiente y el clima mundial entre las élites dirigentes de Occidente y de sus zonas de influencias directa, que constituyen la gran mayoría de los participantes de las reuniones anuales del Foro de Davos. Llama la atención, en especial, la inversión de los problemas imaginados o exacerbados en torno de las cuestiones climáticas, que ocupan la parte superior de la lista, y los problemas reales mucho más graves, que involucran la “insustentabilidad” del sistema financiero en forma actual hiper especulativa, reflejada tímidamente como “crisis de la deuda”, y la inestabilidad geopolítica generada por el inconformismo de la cúpula oligárquica occidental con la transferencia del centro de gravedad geoeconómica a Eurasia, lo que puede redundar en el agravamiento de las tensiones y hasta provocar conflagraciones militares -ambos, relegados al final de la lista-.
Para reforzar el mensaje, un artículo del jefe de analistas de riesgo de Zurich Insurance Group, Peter Giger, subraya: “La crisis climática, indiscutiblemente, es la amenaza más grande a largo plazo que enfrenta la humanidad” (WEF, 11/01/2022).
Según Giger:
“Quedan tan sólo ocho años en esta década y, a menos que los gobiernos y los negocios impongan medidas climáticas efectivas en los siguientes 12-18 meses, habrá presiones para las medidas que se debieran tomar apresuradamente en la década, en potencia, con una plétora de nuevas políticas -y, tal vez, duras intervenciones económicas- para alcanzar sus metas”.
Sin embargo, él mismo reconoce que la “descarbonización” de la economía mundial presenta graves problemas: “Los riesgos vinculados a la transición a un futuro cero neto (o carbón neutro -n.e) están atrayendo más atención. Una transición desordenada exacerbaría esos riesgos, golpearía la capacidad de las organizaciones que conducen los negocios, lo cual provocaría volatilidad económica y desestabilizaría el sistema financiero”.
No es que la volatilidad económica y la inestabilidad intrínseca del sistema financiero actual necesiten de un gatillo como la pretendida transición energética para manifestarse. Pero Giger admite:
“Los cambios necesitarán de la introducción de nuevas normas económicas y reglamentos, que no sólo afecten el lado de la oferta, sino también que influencien la destrucción de la demanda (sic) de bienes y servicios que consuman demasiado carbón. Es probable que estas medidas de destrucción de la demanda incurrirán en la distribución de subsidios de los combustibles fósiles, para llevarlos hacia tecnologías de uso reducido de carbón y a la introducción de nuevos reglamentos de construcción que exijan el uso de materiales de construcción que utilicen poco carbón.
“El miedo es que los cambios políticos tardíos y rápidos -como los de la lista de arriba- dejarán a los negocios y a la sociedad con poco tiempo para adaptarse y podrían causar profundas disrupciones. Habrá menos tiempo, igualmente, para construir y financiar la infraestructura y la tecnología verdes que se necesitarán.
“Las reducciones de emisiones (de carbón) pueden hasta profundizarse para que se mantenga el curso para alcanzar esas metas. En lugar de experimentar una transición suave hacia un mundo cero neto, corremos el riesgo de una transición caótica -o desordenada-.
Menciona entonces los ejemplos de una transición “desordenada”:
“(…) Los picos actuales de la energía son tan sólo la punta de témpano, en términos del efecto de la transición al cero neto. Si los gobiernos pusiesen mucha presión sobre los inversionistas, para que dejen de invertir en compañías de combustibles fósiles de una manera precipitada, esto produciría tan sólo limitaciones de oferta, inestabilidad de los precios de la energía y la reducción de la seguridad energética, lo que crearía riesgos geopolíticos”.
La otra visión b
Aunque las encuestas no se puedan comparar directamente, no deja de ser ilustrativo observar las diferencias entre los que frecuentan el Olimpo oligárquico y las de la ciudadanía común y corriente, en este caso, reflejada en la encuesta “Qué asusta al mundo” del Instituto Ipsos. Divulgada en mayo de 2021, la investigación se realizó mensualmente a lo largo de los 12 meses anteriores, con entrevistas a 20 mil personas de 16 a 64 años en 28 países. Con pequeñas variaciones mensuales en los porcentajes (excepto en el caso de la pandemia), el resultado fue el siguiente:
1) coronavirus;
2) desempleo;
3) pobreza y desigualdad social;
4) corrupción financiera y política:
5) delincuencia y violencia;
6) servicios de salud).
Salta a los ojos que, a pesar de los esfuerzos de las élites “globalizadas” para presentar el plan climático como una emergencia mundial, la gran mayoría de los ciudadanos comunes tienen preocupaciones vinculadas a sus problemas cotidianos, entre los cuales los temas ambientales y climáticos quedaron relegados a posiciones inferiores de la escala, sin acercarse a las primeras posiciones.

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