El oráculo del FMI y el mensaje en la pared

Casi a hurtadillas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) divulgó en agosto pasado, un estudio con una propuesta que de ser implementada, podría constituir uno de los pilares de un nuevo orden económico mundial. La propuesta es elemental: devolver a los estados nacionales soberanos la capacidad de emisión de moneda, acabando con el privilegio concedido, en los últimos tres siglos, al sistema de bancos centrales bajo control o influencia privada.

Titulado “El Plan de Chicago revisitado”, el estudio, elaborado por los economistas Jaromir Berbes y Michael Kumhof, es equiparado a una “varita mágica” por el editor de negocios internacionales del Daily Telegraph londinense, Ambrose Evans-Pritchard, quien, a últimos tiempos. En su columna del 21 de octubre pasado, afirma que el plan “podría eliminar la deuda pública líquida de los EUA en un abrir y cerrar de ojos y, por implicación, hacer los mismo para Gran Bretaña, Alemania, Italia o Japón”. Además, afirma, “se puede abatir la deuda privada en 100% del PIB, fomentar el crecimiento, estabilizar los precios y destronar a los banqueros, todo al mismo tiempo. Se podría hacer de forma limpia y sin dolor, por decisión legislativa, mucho más rápidamente de lo que se pudiera imaginar”

Aunque hay sido presentado como un Documento de Trabajo, que no necesariamente representa una postura oficial del FMI, el mero hecho de que funcionaros del Fondo estén trabajando en una propuesta contraria a la propia esencia de la hegemonía privada sobre el sistema financiero mundial demuestra que, con el visible agravamiento de la crisis global, lo impensable comienza a volverse pensable.

El nombre del estudio se refiere al plan originalmente elaborado por los economistas estadounidenses Henry Simons e Irving Fisher, en 1936, para podar los excesos de la banca privada, separando las funciones de emisión de moneda y crédito, con la exigencia de que los bancos retuviesen como reserva el 100% de sus depósitos. En la ocasión, la acalorada oposición de Wall Street impidió la adopción del plan, que, junto con otras iniciativas del gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt, como la Ley Glass Steagal, la cual separaba los bancos comerciales de los de inversión, podría haber dado punto final a la hegemonía privada sobre las finanzas y señalado un rumbo más promisorio para la evolución de la Humanidad.

El documento puede ser encontrado en el sitio del FMI, aquí nos limitaremos a reproducir el resumen y los comentarios de Evans-Pritchard.

En resumen, los autores justifican el trabajo:

“En el auge de la Gran Depresión, varios economistas importantes de los EUA presentaron una propuesta de reforma monetaria que se volvió conocida como el Plan de Chicago. Proponía una separación de las funciones monetarias y del crédito del sistema bancario, por la exigencia de una reserva del 100% de sus depósitos. Irving Fisher (1936) argumentaba las siguientes ventajas del plan: 1) un mucho mejor control de una importante fuente de fluctuaciones de ciclos de negocios, de los súbitos aumentos y contrataciones de crédito bancario y de la oferta del dinero creado por los bancos; 2)eliminación completa de corridas a los bancos; 3) una dramática reducción de la deuda pública (líquida); 4) dramática reducción de la deuda privada, en la medida en que la creación de dinero no requiera una simultánea creación de deudas. Estudiamos estas propuestas, por la inserción de un modelo amplio y cuidadosamente calibrado del sistema bancario en un modelo DSGE (Equilibrio General Estocástico Dinámico -n.e) de la economía de los EUA. Encontramos apoyo para todas las cuatro propuestas de Fisher. Además, las ganancias de la producción se aproximan al 10% y la inflación estacionaria puede caer a cero, sin crear problemas para la conducción de la política monetaria”.

Vamos las consideraciones de Evans-Pritchard:

“Específicamente, esto significa un ataque al ‘sistema bancario de reserva fraccional’. Si los prestamistas fueran forzados a mantener una reserva del 100% de los depósitos, ellos perderían el exorbitante privilegio de crear dinero a partir de la nada. La nación retoma el control soberano sobre la oferta de dinero. No hay más corridas a los bancos y menos ciclos de expansión-contratación de crédito. La prestidigitación financiera hará el resto. (…).

“Bernes y Kumhof argumentan que el trauma de los ciclos del crédito -causados por la creación privada de dinero- se remonta a las profundidades de la Historia y está en el origen de los jubileos de las deudas promovidos por las antiguas religiones de Mesopotamia y del Oriente Medio. Hace miles de años, los fracasos de las cosechas ya provocaban incumplimientos sistemáticos, llevando a los cobros de las garantías y a la concentración de la riqueza en manos de los prestamistas. Estos episodios no eran causados solamente por el clima, como se pensaba. Eran amplificados por los efectos del crédito. El dirigente ateniense Solón implementó el primer Plan de Chicago/New Deal conocido, en el año 599 antes de Cristo, para aliviar a los agricultores endeudados con los oligarcas que disfrutaban del privilegio de acuñar dinero. Él canceló deudas, restituyó tierras tomadas por los acreedores, estableció precios básicos para las mercancías (en gran medida como lo hizo Franklin Roosevelt) e inundó conscientemente la oferta de dinero con emisiones estatales ‘libres de deudas’

“Los romanos enviaron una delegación para estudiar las reformas de Solón, 150 años después, y copiaron las ideas, estableciendo su propio sistema de dinero fiat en los términos de la Lex Aternia, en el año 454 antes de Cristo (…) Algunos autores afirman que Roma comenzó a perder su espíritu de solidaridad cuando permitió que una oligarquía poseyera un sistema propio privado para acuñar monedas de plata, durante las Guerras Púnicas. El Senado perdió el control sobre el dinero. Podríamos llamarlo el sistema bancario sombra de Roma. Las evidencias sugieren que este se volvió una máquina de la elite para la acumulación de riqueza.

“El control soberano o papal sobre las monedas persistió durante toda la Edad Media, hasta que Inglaterra quebró el molde, en 1666. Benes y Kumhof dicen que este fue el comienzo de la era de expansiones y quiebras.”

“El efecto benigno de la propuesta sería un cambio en el endeudamiento nacional para el superávit nacional, como un pase de magia. Como, en términos del Plan de Chicago, los bancos tendrían que tomar prestado del Tesoro, para mantener reservas capaces de respaldar plenamente los pasivos, los gobiernos adquieren activos bastante grandes frente a los bancos. Nuestro análisis muestra que el gobierno queda con una carga de deuda líquida mucho más baja, de hecho, negativa. El estudio del FMI muestra que los pasivos totales del sistema financiero de los EUA -incluyendo el sistema bancario sombra- están en el orden del 200% del PIB. Una nueva regla de reservas crearía una bonanza. Esto sería utilizado para una ‘recompra de la deuda privada, potencialmente muy grande’, tal vez, del 100% del PIB”.

El texto de los economistas del FMI no deja de tener una irónica connotación bíblica, como una representación contemporánea del proverbial escrito en la pared en el Libro de Daniel, después del festín de Baltazar: “Mené, Mené, Tekel, Parsin -Dios midió tu reino y le dio fin; tu fuiste pesado en la balanza y juzgado deficiente; tu reino fue dividido y lo entregué a los medos y a los persas”.

One comment

  1. Excelente Reportaje…..es una alternativa que espero sea discutida en el seno del Fondo Monetario Internacional…..

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