El barómetro financiero sigue en caída libre

A pesar de las intervenciones de los respectivos bancos centrales, en los EUA y en la Unión Europea, al integrar nuevos paquetes de rescate para los bancos e instituciones financieras, la crisis sistémica solamente tiende a agravarse, toda vez que la preocupación inherente a tales acciones es la preservación del sistema financiero internacional en su actual forma, y no la de enfrentar las causas fundamentales de la crisis.

Ni la tercera ronda del “aflojamiento cuantitativo” de la Reserva Federal norteamericana (QE3, como la llaman en los EUA), ni la garantía dada por parte del Banco Central Europeo (BCE) a la compra de títulos de deuda de los países en dificultades, ofrecen alguna perspectiva de impactos positivos para la economía real, que pudiera resultar en una recuperación de las actividades productivas y de los niveles de empleo: En los EUA, la malignidad del proceso se muestra en comentarios que hacen algunos expertos del mundo financiero, en torno a la necesidad de una cuarta ronda de inyección de liquidez.

En una nota enviada a sus clientes, el estratega en jefe del banco Morgan Stanley, Adam Parker, afirmó sin medias tintas: “La QE3, probablemente, será insuficiente para impulsar de forma significativa los mercados de activos y no nos sorprendería si la FED aumenta dramáticamente este programa (es decir, una QE4), antes del final de año, particularmente si las noticias económicas y corporativas se siguen deteriorando, tal y como ha ocurrido en las últimas semanas (Business Insider, 24 de septiembre de 2012).”

En una columna escrita el pasado 8 de septiembre, el economista y subsecretario del Tesoro del Gobierno de Ronald Reagan, Craig Roberts, hizo un sombrío pronóstico del futuro del país:

“Entonces, es lo que tenemos. La ‘poderosa economía estadounidense’ es una economía que no puede producir su propio vestido y calzado, o productos manufacturados que consume, inclusive productos de alta tecnología, o su propia energía, todo lo cual importa con la emisión de más deuda.

“La ‘gran economía hegemónica estadounidense” está en el umbral de un colapso total, porque la única manera mediante la cual puede pagar las importaciones que la sustentan, es emitiendo más deuda e imprimiendo más dinero. Una vez que la deuda y la creación de dinero debiliten el valor del dólar como moneda de reserva mundial, los EUA se convertirán, de la noche a la mañana, en un país del Tercer Mundo, en gran medida, para alivio del resto del planeta”.

En una entrevista al sitio Goldbroker.com, divulgada el 11 de septiembre, Roberts fue categórico en cuanto a una solución para el impasse. “En los EUA, el sistema bancario ya no desempeña alguna función útil. No financia industrias. En su lugar, coloca billones de dólares en apuestas no cubiertas. La alternativa a las reservas de 100% es nacionalizar los bancos”.

En Europa, el escenario no es más luminoso. La agencia calificadora Standard & Poor’s advierte que la economía regional no crecerá por lo menos, hasta el año 2014. En su más reciente informe sobre la zona del euro, la agencia afirma que el PIB del bloque se contraerá 0.8% este año (el estimado anterior era de 0.7%), con un crecimiento cero previsto para el 2013, contra un estimado anterior del 0.3% (Russia Today, 25 de septiembre del 2012).

En España y en Grecia, las nuevas protestas contra las políticas de austeridad promovidas por sus respectivos gobiernos, como parte de los paquetes de rescate recibidos por ambos, demuestran que la paciencia y la tolerancia de las poblaciones están llegando a los límites. La situación española es más seria, debido al tamaño de la economía del país, la cuarta mayor de la UE y con más de un billón de euros en títulos de deuda en manos de inversionistas extranjeros. Con una contracción del PIB prevista para 1.7% en este año, tasa de desempleo oficial de 24.4% (y a la alza), un sistema bancario virtualmente paralizado, la recaudación tributaria a la baja, déficit presupuestal del 6.3% del PIB, ventas al menudeo en caída durante 21 meses consecutivos y otros indicadores de una brutal recesión, el gobierno del presidente Mariano Rajoy, que todavía no ha cumplido ni un año, tendrá enormes dificultades para profundizar aún más las medidas de austeridad exigidas por la troika Comisión Europea-BCE-Fondo Monetario Internacional, bajo cuya protección se espera que ponga, una vez, la conducción de la política económica española, durante la cumbre europea de octubre próximo.

Para complicar más las cosas, Rajoy se enfrenta con un fuerte resurgimiento del movimiento de independencia de Cataluña, la región más rica del país, inflado por la crisis (y por la ilusión de que la independencia pueda darle más beneficios a los catalanes, aunque persistan en el mismo modelo económico-financiero). El 11 de septiembre, más de un millón de personas salió a las calles de Barcelona para apoyar la independencia, la mayor manifestación del género jamás ocurrida.

En Grecia, cuyo PIB equivale a la quinta parte del español, las ondas de choque de la crisis, hasta ahora, han sido más o menos contenidas. Sin embargo, España representa una bomba de tiempo de altísimo poder explosivo y las ondas de choque de una eventual explosión socioeconómica en el país tendrían un fuerte impacto, no solamente en Europa, sino que atravesarían el Atlántico hasta Asia, y golpearían particularmente a Japón.

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