Conferencia de Múnich: posiciones contradictorias

Si nos guiamos por el debate público de la quincuagésima cuarta Conferencia de Seguridad de Múnich sobre la situación del Medio Oriente, los principales protagonistas no consiguieron establecer un diálogo constructivo ni fructífero y salieron a relucir dos posturas: Una es, “o están con nosotros o están contra nosotros” y la otra similar, “están a favor o en contra de nuestros valores.” El hecho de no haberse realizado una discusión a fondo en torno del proceso de paz de Minsk, que involucra a Rusia, Ucrania, Francia y Alemania, fue la señal de una gran “desunión” sobre el conflicto en Ucrania todavía sin resolver.

El tema general de la conferencia se centró en la perspectiva cercana de un enfrentamiento nuclear. El ex secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) Javier Solana expresó: “Hay un grado espantosos de frivolidad y de imprudencia respecto al potencial uso de armas nucleares, algo que nunca fue visto antes.”

Muchas amenazas y contra amenazas se intercambiaron en Múnich. Un ejemplo fue el irreconciliable debate entre el Primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el Canciller iraní, Mohammed Zarif. El primero obsesivamente enfiló su discurso en la necesidad de luchar contra Irán, acusándolo de ser la principal amenaza para el Medio Oriente y la paz mundial. A su vez, Zarif (acabado de regresar de una visita de Estado a la India) reiteró su llamado a la creación de una arquitectura de seguridad y de cooperación en el Golfo Pérsico en los lineamientos del proceso de paz de Helsinki.

Las dos alternativas de Múnich se centraron en buscar quién sería el culpable del desorden mundial. El villano favorito fue el trío, Rusia, China e Irán. Un clarísimo ejemplo fue el discurso del consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el general H.R. McMaster, quien la enfiló en los regímenes “delincuentes,” entre ellos Rusia, Siria, Irán y Corea del Norte. Así habló de “conflictos superpuestos” y delineo tres tareas primordiales: 1) la necesidad de construir una fuerte disuasión (en especial la modernización del arsenal nuclear de Estados Unidos siguiendo las directrices de la nueva revisión de la postura nuclear), con el fin de disuadir a los “estados delincuentes”; 2) vencer en la guerra contra el terrorismo; y 3) fortalecer las bases de la paz y del bienestar de los estados.

McMaster elogió las conquistas de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo en Siria, en Irak, y en Afganistán; descargando su batería contra Rusia, enfatizó, “las instituciones internacionales están amenazadas por naciones que quieren subvertirlas” y los delincuentes que quieren hacer eso tienen asiento hasta en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Acusó a Rusia, de estar involucrada en actos subversivos contra Estados Unidos a través de internet.

En el debate luego de su conferencia, el presidente de la Comisión de Política Exterior del Consejo de la Federación (Cámara alta del Parlamento ruso) Konstantin Kosachev, afirmó que, según los especialistas rusos, 28 por ciento de los ataques cibernético contra Rusia provienen de Estados Unidos, mientras que tan sólo 2 ó 3 por ciento se dirigen de Rusia hacia Estados Unidos. Kosachev preguntó a McMaster si Estados Unidos aceptaría la oferta rusa de un “diálogo sobre seguridad cibernética.” McMaster despreció la propuesta, y la calificó de maskirovka (disfraz en ruso) y prefirió comentar la investigación criminal del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre la influencia rusa en las elecciones estadounidenses. Según él, Rusia pretende polarizar a la sociedad estadounidense y apoyar a la derecha. Destacó con entusiasmo que 98 por ciento del Congreso “apoyaría la sanciones contra Rusia” por sus actividades subversivas. McMaster, luego, recibió una reprimenda del presidente Donald Trump y, por el momento, circulan rumores sobre su posible renuncia.

El consejero se refirió a la alianza a la manera de una “competencia de estados libre” dirigida contra “estados represivos y autoritarios,” recomendando estudiar la “Revisión de la postura nuclear” (NPR) y la “Estrategia de seguridad nacional” (NSS), ambas demandan la elevación de los grados de movilización de las armas nucleares estadounidenses. Al mismo tiempo, exigió aumentar las presiones contra Irán. La agresividad fue también el tono tocado en un panel integrado por congresistas estadounidenses, quienes instaban al unísono imponer castigos severos a los denominados “regímenes autoritarios,” en especial sanciones contra Rusia e Irán.

Diálogo para la paz

Postura diferente se manifestaba por algunos conferencistas. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, a la luz de los conflictos mundiales, instó a buscar la fórmula de diálogo para la paz, por ejemplo, respecto a Corea del Norte. Llamado similar fue repetido en un panel sobre seguridad nuclear del cual participó el presidente del Comité de Asuntos Externos de China, Fu Ying, su contraparte de Corea del Sur, Choo Mi-ae, y el ex embajador de Rusia en Estados Unidos, Serguei Kislyak. Todos pidieron el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en toda la península de Corea.

Un panel sobre el medio Oriente integrada por el ex secretario de Estado John Kerry, Aleksey Pushkov, presidente de la Comisión de Información y Prensa del Consejo de la Federación Rusa, el canciller turco, Mevlüt Çavuşoğlu y el enviado especial de Naciones Unidas para Siria, Staffan de Mistura, contrastó con el agresivo discurso de Benjamín Netanyahu; ahí la mayoría de los conferencistas destacaron la importancia del proceso de Paz de Astaná y de Sochi para Siria, convocado por Rusia, Turquía e Irán. Lo que Siria necesita, subrayaron, es una nueva Constitución, elecciones libres y la reconstrucción económica y humanitaria, para que los refugiados de guerra puedan retornar al país.

Del lado ruso, el canciller Serguei Lavrov observó, la “Historia no está aprendiendo sus lecciones.” Por eso, recordó el acuerdo de 1938 sobre la división de Checoslovaquia, que posteriormente condujo a la Segunda Guerra Mundial, y la declaración del mariscal alemán Wilhelm Keitel durante los juicios de Núremberg, para quien el Pacto de Múnich buscaba “empujar a Rusia fuera de Europa” –tal advertencia, observó, sería particularmente alarmante cuando se “sobrepone a las realidades modernas.”

“La experiencia de la Segunda Guerra Mundial y la subsecuente polarización de Europa durante la era del enfrentamiento bipolar deberían haber mostrado a las naciones europeas que no hay lugar para construir una casa común europea, donde las personas sean divididas entre ‘nosotros’ y ‘ellos’. El mismo proyecto de integración de la Unión Europea está enraizado en el deseo de sus países fundadores de evitar el resurgimiento de la lógica del enfrentamiento, que fue la razón detrás de muchos desastres en el continente,” dijo un vehemente Lavrov.

Al mismo tiempo, se refirió amargamente a la expansión de la OTAN hacia el Este, permitiendo a Estados Unidos acumular tropas e infraestructura militar a lo largo de las fronteras rusas, mientras que el teatro de guerra europeo se está desarrollando sistemáticamente: “Están en marcha campañas de propaganda para sembrar hostilidad contra Rusia entre el público europeo,” dijo Lavrov.

Expresó, igualmente, una profunda frustración por el sabotaje de Kiev de los acuerdos de Minsk, además del hecho de que no exista una verdadera cooperación entre Rusia y la UE: “Rusia no alteró su punto de vista político para la cooperación con la UE. Nos gustaría ver a la UE unida, con base en el respeto de los intereses fundamentales de sus estados miembros. Ellos deben ser libres de determinar cómo desarrollar sus economías y sus relaciones económicas extranjeras, por ejemplo, para atender sus necesidades energéticas atendiendo a principios pragmáticos, comerciales o bajo la influencia de consideraciones políticas e ideológicas” (una clara referencia a la crisis de Ucrania, en 2014 -e.h.).

“Es importante aprovechar el potencial de la cooperación entre Rusia y la Unión Europea, de modo a crear un espacio común de paz, seguridad igual e indivisible y cooperación mutuamente benéfica en esa zona, desde el Atlántico hasta el Pacífico. En el ámbito estratégico me gustaría que le pusieran atención a la iniciativa del presidente Vladimir Putin de promover un gran proyecto euroasiático que combine los esfuerzos de todos los miembros de las estructuras de integración dentro de la CEI (Comunidad de Estados Independientes), la SCO (Organización para la Cooperación de Shanghái) y la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático). No veo por qué la UE no pueda participar en este esfuerzo. Espero que ese día venga en breve,” afirmó.

Los comentarios, bastante irritados, de Lavrov ilustran la falta de diálogo y de análisis entre Rusia y la UE, de vital importancia para el cambio de la situación actual. El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, durante un desayuno con empresarios alemanes y Lavrov, al margen de la conferencia, afirmó, “las cosas no pueden seguir paradas.” En su discurso indicó, “también debemos abordar las cuestiones de conflicto con Rusia de una forma ambiciosa nueva. Estamos ahora en una lógica de escalada, la que pensábamos haber superado desde la Guerra Fría.” Recalcó, “la idea de una misión robusta de cascos azules de la ONU en Donbass (Ucrania oriental) es extremadamente desafiante. Estoy consciente de que Rusia y Alemania ven la puesta en práctica de tal misión de formas muy diferentes. Pero aún así vale la pena intentarlo. Debemos mantener nuestro diálogo con los gobiernos ruso y ucraniano y seguir con la búsqueda de esta idea. La creación de este tipo de misión, la imposición de una tregua y la retirada de armas pesadas pueden conducir al levantamiento gradual de las sanciones. Si esto sucediera, nosotros, los alemanes, y nosotros, los europeos, debemos invertir en el mejoramiento de las condiciones de vida de la región de Donbass.  ¿Dónde más encontrará Rusia oportunidades para el éxito económico duradero y estabilidad en su sociedad, si no en futuro común y en cooperación con Europa?”

Cooperación franco-alemana, futuro promisor

Lo más positivo de la conferencia de este año fue la inauguración conjunta de la conferencia por las ministras de Defensa de Alemania, Ursula von der Leyden, y de Francia, Florence Parly. La idea era trasmitir el mensaje de que la dupla franco-alemana es vital para Europa y, aunque Alemania quiera permanecer “transatlántica,” también puede volverse “más europea.”

Von der Leyen habló de la necesidad de una “cultura estratégica común” para Europa, “un entendimiento europeo común de política exterior.” Resaltó la necesidad del fortalecimiento de Naciones Unidas: “En los años siguientes, estamos dispuestos a dar una contribución todavía mayor para resolver las muchas tareas que tiene que enfrentar Naciones Unidas. (…) Naciones Unidas puede estar lejos de ser perfecta, pero esta es nuestra estructura de seguridad global. Las reformas propuestas por el secretario general Guterres buscan fortalecer la ONU exactamente en ese papel. Protectora de un orden mundial fincado en reglas, la ONU debe ser fortalecida, no limitada en sus opciones. La ONU necesita reformarse, sí, pero no debilitarse.”

A su vez, Parly hizo hincapié en la cooperación franco-alemana, y mencionó las reuniones regulares del Consejo Ministerial, la estrecha cooperación de los dos países, la brigada franco-alemana y los proyectos conjuntos en el campo de armamentos. Recordó también la intervención binacional en Níger, donde Alemania apoya a Francia con helicópteros tácticos.

Sigmar Gabriel (duramente atacado por la prensa alemana) trasmitió un mensaje de confianza: solamente si luchamos por el “Estado de derecho,” podremos “evitar el derecho del más fuerte.” Habló también sobre la Iniciativa Cinturón y Ruta china: “China perece ser actualmente el único país del mundo con algún tipo de concepto geoestratégico genuinamente global, que está persiguiendo al pie de la letra. No culpo a China por tener ese concepto y ese deseo. China tiene el derecho de desarrollar tal concepto. Sin embargo, podemos culparnos del hecho de no tener nuestra propia estrategia para encontrar un nuevo equilibrio entre los intereses mundiales, fundada en la conciliación y en principios agregados comunes, y no en juegos unilaterales”.

Gabriel se refirió a la “cooperación positiva entre los estados americanos y europeos dentro de la OTAN,” en referencia al acuerdo nuclear con Irán, que el gobierno de Trump quiere abolir: “Juntos bloqueamos el camino de Irán hacia una bomba nuclear, incidentalmente, con Rusia y China. Con el JCPOA (siglas del acuerdo) conseguimos un marco significativo que creó una seguridad mayor y no menor en la región. Negociamos ese acuerdo en sociedad. Y no queremos y no vamos a desistir. Por el contrario, aconsejamos a nuestros amigos estadounidenses a no dejar fracasar este acuerdo, sino a trabajar con nosotros, para crear y presentar estrategias tendientes a limitar y reducir la influencia desestabilizadora de la política iraní en la región.”

Gabriel pidió, a la par, un trabajo en conjunto activo en busca de soluciones políticas duraderas en Siria y en Yemen, además de afirmar que el programa nuclear norcoreano se debe cancelar. Concluyó afirmando categóricamente que Europa no quiere el rearme nuclear: “Nosotros, los alemanes, no queremos regresar a una era dominada por la carrera armamentista nuclear, porque, en última instancia, en el corazón de Europa, estaremos una vez más directamente en la mira del conflicto nuclear. Estamos buscando un diálogo y un entendimiento estrechos con nuestros aliados estadounidenses en todas esas cuestiones. El que tan exitosos seremos dependería, de forma no despreciable, de la manera de interactuar unos con otros.”

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