BCE le gana a la Fed en la carrera para sostener los bancos

Hasta el mismo presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, está preocupado con el peligro del surgimiento de la inflación, luego de que los bancos centrales en tan sólo dos meses, entre finales de diciembre y finales de febrero, emitieran un billón 23 mil millones euros de nueva liquidez para apoyar el sistema bancario europeo. En declaraciones recientes afirmó: Estamos constantemente en alerta por el riesgo de inflación, pero este riesgo todavía no se materializa, por lo menos por el momento. Además de esto, las expectativas de inflación permanecen ancladas firmemente en grados compatibles con la estabilidad de precios.

La decisión, obviamente, no fue tomada solitariamente por los banqueros de Frankfurt (sede del BCE –n.e.). Lo cierto es que son los mismos gobiernos, empezando por el de la señora Merkel , los que han apoyado una iniciativa que no tiene precedentes en la historia de la Unión Europea. A pesar de que el mismo Bundesbank alemán se queja de los peligros inflacionarios graves.

Así pues, no fue por azar que el tradicionalista BCE, en un abrir y cerrar de ojos, superara las marcas de la Reserva Federal estadounidense, siempre propensa a acomodarse con las altas finanzas. Recuérdese que su presidente actual dijo que, para salvar el sistema bancario, la Fed estaba dispuesta a arrojar dólares desde helicópteros. Ahora debemos referirnos a las nuevas inyecciones de liquidez como el “alud de Davos.”

El gasto del BCE llegó a los 3 billones de euros, que representan el 32 por ciento del PIB de la zona del euro, los 3 billones de la Fed se corresponden a 20 por ciento del PIB de Estados Unidos.
La decisión del BCE, más que cualquier otra explicación, como la de la crisis de las deudas nacionales, revela la debilidad y las dificultades en las que se debaten los bancos europeos, en particular los alemanes y los franceses. De los 800 bancos que se beneficiaron con la segunda inyección de liquidez, por lo menos la mitad son alemanes.

El mismo Draghi dijo, en una entrevista reciente, que de los 490 mil millones de euros de la primera operación, en diciembre, 280 mil millones se utilizaron para pagar préstamos a corto plazo asumidos por el sistema bancario europeo; sobraron 210 mil millones. Con un monto de 210 mil millones de euros de los títulos con vencimiento en el primer trimestre de 2012, “es muy probable que los bancos hayan comprado de vuelta sus títulos en vencimiento,” como admitió cándidamente el presidente del BCE.

Ya que se sabe que los títulos con vencimiento a lo largo de todo el año llegan a un billón de euros, se puede suponer que buena parte de la segunda inyección de liquidez, emitida a finales de febrero, con valor de 533 mil millones de euros, se utilizará para el mismo fin.

Si a esto se agrega que los bancos están abarrotados de operaciones overnight ligadas al mismo BCE y con capital propio, en valores crecientes, que ya superan los 800 mil millones de euros, no causa sorpresa que ¡las ventanillas de crédito para los sectores productivos, para las empresas pequeñas y medianas y para las familias permanezcan cerradas! Evidentemente, todas son operaciones de giro dentro del mismo sistema bancario.

La introducción de liquidez nueva se debió, probablemente, no sólo a la aquiescencia con el sistema bancario, sino a la situación creada por los ataques especulativos contra las deudas nacionales europeas. Basta observar el alza de los spreads de las tasas de interés y de los índices de las bolsas de valores para comprender la gravedad de la situación.

Los bancos europeos estaban de rodillas en el segundo semestre de 2011. ¿De dónde se refinanciaron? ¿Quién podría darles crédito y liquidez? Hubo un fuerte impulso en dirección del “sistema del dólar,” en busca de ayuda y créditos. Esto podría señalar el fin del sistema bancario de la zona del euro, con lo que se volvió demasiado dependiente del dólar y de los bancos estadounidenses. Como afirmó ante la Comisión económica del Parlamento europeo el entonces presidente del BCE Jean-Claude Trichet el 11 de octubre de 2011; temía “riesgos sistémicos producidos por la creciente dependencia de los bancos europeos, por préstamos a corto plazo en dólares estadounidenses.”

El BCE actuó como lo hiciera la Fed luego de la quiebra del Lehman Brothers –el sistema bancario tenía que salvarse al costo que fuera.

¿Y la economía real, las empresas y la fuerza laboral? No basta exorcizar los peligros de la inflación y hablar de los “desafíos de la competitividad y de la modernización tecnológica” de todo el orden económico europeo. Es preciso inyectar créditos y sostener proyectos para revitalizar la economía real.

Por desgracia, esta operación de rescate de los bancos europeos demuestra, una vez más, la debilidad política de Europa, que no puede decidir la emisión de “Eurobonos,” pero que está dispuesta a arriesgar recursos públicos y delegar enteramente al sistema bancario las funciones y las obligaciones que ya demostró que es incapaz de cumplir. Lo mismo vale para la ausencia de reglas nuevas en el ámbito internacional.

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