Al respecto de reescribir la Historia para no verla

Por Luis Edmundo Nava Lara

MSIa Informa, 21 de febrero de 2020.-Reflexionando el tema del artículo anterior sobre el rehacer de la Historia (Geraldo Luís Lino, «¿A quién le interesa reescribir la Historia de la Segunda guerra mundial?»), lo primero que me viene a la cabeza es cuanto no tenemos de esa Historia repitiéndose en nuestros días.

Pongámonos en 1939, el 26 de septiembre. Para Alemania y para el mundo era un día esperado ¿Qué va a decir Hitler de Checoslovaquia? Para la Alemania nazi -cuidado, no digo Alemania, me refiero a la Alemania nazi- Checoslovaquia era un Estado bárbaro, terrorista, que había sometido a la tortura a los habitantes alemanes de los Sudetes. Hitler era un perfecto imbécil, aunque la perfección no sea posible, pues sí hubo un lugar donde Mozart tuvo la libertad para componer fue en la ‘barbará” Praga, ciudad hermosísima que lo amo mucho más que la misma Viena. En este pequeño párrafo tenemos nada menos que las justificaciones que se emplean en la actualidad para destruir estados; ¿no fueron esas las acusaciones contra Gadafi, contra Yugoslavia, contra Saddam Hussein, contra Assad de Siria? ¿Se está reescribiendo la Historia o se está repitiendo deliberadamente?

¿Qué fue lo que dijo Hitler en su discurso de ese día? Simplemente que el día primero de octubre tomaría por la fuerza los Sudetes. Las concesiones se habían terminado.

Luego de este discurso vinieron las fatigosas carreras de Chamberlain y de Daladier para apaciguar al Fuhrer, sin que lograran el 29 de septiembre arrancarle una firma con la que se comprometiera a no atacar a Checoslovaquia. Pero les aseguro que el resto de Checoslovaquia no le interesaba. Las tierras que le cedían a Hitler abarcaban todas las fortificaciones checoslovacas. Invadir el país ya no necesitaba de un esfuerzo demasiado grande, y a cambio recibirían un estado industrializado, de los más fuertes de Europa. Skoda es el nombre que se repite siempre.

El gobierno polaco -tampoco digo Polonia- ahora sostiene que tanto la Alemania hitleriana y la Unión Soviética estalinista fueron los culpables del estallido de la Segunda guerra mundial. Sesuda invención, porque de investigación o de conocimiento de la Historia no tiene nada: es sencillamente hipocresía.

“Mi tarea es ruda. Desde el comienzo de las dificultades por las que atravesamos no he cesado un solo día de trabajar con todas mis fuerzas para la salvaguardia de la paz y de los intereses vitales de Francia. Yo continuaré mañana este esfuerzo con el pensamiento de que estoy en pleno acuerdo con la nación toda entera.” Esto dijo Daladier el 28 de septiembre en su alocución radial, nos cuenta Henry Nogeres en su libro Múnich, La farsa de una paz. Al día siguiente, 29 de septiembre, Chamberlain dijo: “Cuando vuelva, espero poder decir entonces como Hotspur, en Enrique IV: ‘En medio de estas ortigas -el peligro- hemos recogido esta flor, la seguridad’.”

Jan Mazaryk advirtió a los negociadores de Francia y de Gran Bretaña: Si ustedes han sacrificado mi país para salvar la paz del mundo, yo seré el primero en darles mi aprobación. Si no… señores, que Dios tenga piedad de sus almas. El presidente de Checoslovaquia, Benes, pidió “encarecidamente que no sea hecho nada en Múnich sin que Checoslovaquia pueda hacerse oír.”

Hitler, por su parte, decía, según relata el conde Ciano -mencionado en el mismo libro Múnich- presente en la reunión que “Por otra parte, llegara un día en el que nosotros unidos deberemos batirnos contra Francia e Inglaterra; vale, por tanto, que esta eventualidad -la toma de Checoslovaquia- se realice cuando el Duce y yo mismo estamos todavía jóvenes y plenos de vigor y nos encontramos a la cabeza de nuestros dos países.”

El cuarteto desafinado

El 29 de septiembre se realiza la conferencia de los “Cuatro Grandes” Esos cuatro grandes eran Francia Gran Bretaña, Italia y Alemania. De la Unión Soviética, nada. Sencillamente la habían dejado a un lado, sin importar que los soviéticos eran los únicos que habían apoyado militarmente al gobierno checoslovaco.

A pesar de los encomios rusos para frenar a Hitler, que no apaciguarlo, la respuesta siempre fue hacerla a un lado. La Unión Soviética reclamaba a Francia y a Gran Bretaña que no hubiesen hecho nada para lograr un acuerdo con Polonia y Rumania para que las tropas soviéticas recibieran la autorización de los gobiernos de dichos países para que sus tropas pudiesen dirigirse a Checoslovaquia. Sin un acuerdo semejante, la Unión Soviética no podía prestar ayuda militar, y si lo hiciera, los soviéticos quedarían como los agresores. La Unión Soviética ya había conseguido el permiso de Rumania para el paso de sus aviones. Era posible que se lograra el permiso de Rumania, y esto podía haberlo hecho Francia… pero no lo hizo. Conseguir la autorización de Polonia era imposible: Polonia ya había trazado, en la oscuridad, sus líneas y no iba a permitir que la intervención soviética se lo impidiera.

En la conferencia que habría de celebrar con Hitler recibió una propuesta italiana para llegar un acuerdo ese mismo día. En realidad la propuesta había sido elaborada por la parte alemana y trasmitida al duce para que a su vez la ofreciera a las otras potencias. Nada había de nuevo en ella, salvo que la presentaba el dictador italiano. No había nada nuevo, como ya decía, y en esencia pedía la evacuación de la región de los Sudetes a partir del 1 de octubre; que Gran Bretaña y Francia garantizaran que estaría concluida el 10 de ese mes.

Este último punto hizo que Chamberlain descubriera con asombro que había que notificar a los checoslovacos, y no había ninguno de ellos ahí. Hitler sencillamente dijo que no tenía nada que ver con ellos, pero que podían invitarlos… y que se quedasen encerrados en un cuarto aparte. Antes esta conmovedora indulgencia, franceses y británicos se fueron a buscar a Mastny y a Mazaryk… y, efectivamente, los encerraron en un cuarto, donde les irían comunicando los progresos de la conferencia.

La paz esta salvada. Chamberlain y Daladier fueron recibidos en sus respectivos países como verdaderos héroes , con manifestaciones multitudinarias, propuestas para erigirles monumentos, bah. Chamberlain declara al regresar a Londres : Yo pienso que es la paz para nuestro tiempo.

Ya se podrá uno imaginar que no en todas partes habría la misma respuesta. Para Moscú la guerra se había aplazado. El Vaticano, a quien tanto y tan mentirosamente se le atribuyen simpatías con Hitler, estaba consternado por el desprecio a Checoslovaquia. En primer lugar el Papa está asombrado de que no se hubiese tomado en cuenta para nada a Checoslovaquia -bueno, si le entregaron una copia del acuerdo alcanzado en Múnich, y eso, a toda prisa. Los nazis habían engañado a Francia y a Gran Bretaña. El mansaje papal al gobierno italiano fue “Si que es hermoso la paz compuesta con subterfugios y a expensas de un débil que ni siquiera ha sido consultado! Es una paz injusta a cuya negociación no han sido convocadas todas las partes. Se lo pueden ustedes decir de mi parte al jefe del gobierno italiano.”

El 30 de septiembre, fecha luminosa y llena de júbilo por la paz de nuestros tiempos. Poco después de las once de la noche, Polonia enviaba un ultimátum de 12 horas a Praga. Los territorios habitados por una supuesta e indudable mayoría polaca ubicados en Checoslovaquia tenían que ser cedidos a Polonia, además de los territorios que esta considerara convenientes. Los buitres comenzaban a volar en torno del cadáver. El primero fue Polonia. Moscú había anticipado el 26 de septiembre que si Polonia atacaba a Checoslovaquia, el pacto soviético-polaco de no agresión estaría muerto. Esto no le importo a Josef Beck. Y puso a prueba el acuerdo de las Cuatro potencias. ¿Qué garantías había para Checoslovaquia? Ninguna y Polonia lo sabía. El primero de octubre, al mismo tiempo que las tropas alemanas iniciaban la ocupación de los Sudetes, las polaca ocupaban la Silesia.

El gran acuerdo de Múnich se venía abajo. La euforia se transformaba ahora en desconcierto, en estupor.

Cuando el gobierno polaco habla de que tanto la Unión Soviética como la Alemania nazi son culpables de la Segunda guerra mundial, en realidad es hipocresía. La Historia se convierte muchas veces, demasiadas, en un instrumento para convertirse en víctima, pero con dignidad; o en vencedor orgulloso; pero la Historia no busca más que la verdad. Y dice un dicho brasileño, muy preciso, por cierto, que la verdadera enemiga de la verdad no es la mentira, sino la hipocresía.

¿Qué nos queda de todo esto?

El desprecio absoluto del derecho internacional. La violación de pactos, acuerdos y tratados fue enorme. En Nuremberg se señalo que se habían roto unos 70 tratados. Esto es grave. Y ahora nos encontramos en una situación similar, situación en la que ningún tratado es digno de respeto. Esto es lo que debería preocupar tanto al Parlamento Europeo como a los diputados polacos. El respeto del Derecho internacional es otro problema que se nos presenta aquí. El convertir el derecho de un Estado en el derecho internacional que debe obedecer el mundo es algo muy grave para la civilización.

El Tratado de Versalles fue el verdadero causante de la Segunda guerra mundial. Luego del derrumbe del Imperio Austro-húngaro, volvieron al concierto de las naciones países como Checoslovaquia y Hungría. Y esto nos presenta un problema más. En los Sudetes si había alemanes, y en muchos lugares podían hasta ser algo más de la mitad de la población, pero no en toda la región. En cuanto a la mayoría polaca en la Silesia, que se habrá de convertir más adelante en la joya de la corona Nazi, también estaría por verse, aunque si, efectivamente había una gran población polaca. Ahora sucede algo parecido por los kurdos: se habla de un Kurdistán en el que muchas veces no hay ni un kurdo, y en otros lugares, en el mejor de los casos, hay kurdos que ni son mayoría, ni tienen la misma religión ni el mismo idioma entre sí.

Solamente me falta decir que el mundo actual ya no es el mundo de la Segunda guerra mundial, ni siquiera el de la Guerra fría.

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