El “feo, viejo, y torpe” ataque a Siria

En la madrugada del 14 de abril, naves y aeronaves de los EUA, Reino Unido y Francia, desataron un ataque de misiles contra Siria, acción con todos los ingredientes para entrar a la Historia con el grado de ser una de las acciones militares más bizarras, desastrosas e –irónicamente- notables de todos los tiempos.

Aparentemente, su única finalidad fue la de no permitir una total desmoralización del presidente Donald Trump, después de sus histéricas amenazas vía Twitter al presidente Bashar al-Assad y sus aliados rusos. Con misiles “bonitos, nuevos e inteligentes” el ataque se suma a otras acciones del Reino Unido y de los EUA contra Rusia.

De acuerdo con el Pentágono se dispararon 105 misiles crucero contra tres instalaciones supuestamente perteneciente al hasta entonces desconocido programa secreto sirio de armas químicas. Con gran detalle se informó que 76 misiles golpearon al Centro de Investigaciones y Desarrollo de Barzeh en Damasco, considerado el centro del programa secreto; 22 destrozaron un depósito de armas químicas y siete un bunker de control de tales armas en los alrededores de Homs. Segú el general Kenneth Mckenzie, director del Estado Mayor Conjunto, las defensas antiaéreas rusas no habrían participado en la acción y las defensas sirias se habrían mostrado “notablemente ineficientes en todos los dominios” (Military Times, 14 de abril de 2018).

Sin embargo, el Ministerio de Defensa ruso presentó un cuadro muy diferente.

Además de los tres citados, los blancos de los 103 misiles detectados incluyeron seis bases aéreas y aeropuertos. Menos de 30 habrían sido lanzados contra los blancos “oficiales” y, en total, 71 de ellos habrían sido destruidos por las defensas antiaéreas sirias (Ministry of Defence of the Russian Federation, 16 de abril de 2018).

A pesar de la elevada proporción de misiles parece incompatible con la sofisticación de la defensa antiaérea siria, formada principalmente por misiles antiguos de la era soviética (con excepción del sistema ruso más nuevo, el Pantsir-S1), hay indicios de que ella habría sido apoyada por el sistema antiaéreo ruso en Siria, ejecutando contramedidas electrónicas capaces de desorientar y derrumbar los misiles agresores. Otras fuentes, además, corroboran la versión rusa.

La credibilidad de los relatos oficiales se pone todavía más en jaque por el hecho de que, si las instalaciones apuntadas ocultaran realmente laboratorios y depósitos de armas químicas, bombardearlas no sería exactamente la medida más inteligente para bregar con el problema, debido a la localización urbana del centro de Barzeh en un suburbio de Damasco, y la cercanía de otras dos instalaciones de la zona urbana de Homs. Al final, las nubes de gases venenosas no suelen orientarse por GPS.

Efectivamente, horas después del ataque, algunos periodistas extranjeros recorrieron las ruinas del centro de Barzeh, pudiéndolo hacer porque no había vestigio alguno de armas químicas en el local.

En tanto el ataque no tocó algún blanco militar de valor militar efectivo, solamente predios vacíos y campo abierto, todo indica que hubo una intensa negociación entre militares estadounidenses y rusos sobre la extensión de los blancos “permitidos”.

Si, en términos militares, la acción fue insignificante, en el ámbito político, el “Nuevo Eje”, se encuentra bajo fuertes críticas por las flagrantes violaciones del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, con un ataque a una nación contra la cual ninguno de los agresores se encuentra oficialmente en estado de guerra (a pesar de mantener fuerzas militares en territorio sirio, al este del Río Éufrates).

En los propios EUA, un grupo de senadores encabezado por el republicano Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y el demócrata Tim Kaine, presentaron un nuevo proyecto de ley para exigir que cualquier acción militar contra un Estado extranjero sea presentada con por lo menos dos meses de anticipación al Congreso, a quien cabrá evaluar su efectiva necesidad (Veterans Today, 17 de abril de 2018).

En el Reino Unido, donde la premier Theresa May tuvo que justificarse en el Parlamento, una investigación del periódico The Independent publicada el pasado 16 de abril reveló que solamente uno de cada cuatro ciudadanos británicos apoyó el ataque.

En Francia, donde el presidente Emmanuel Macron se había jactado de haber “convencido” a Trump de extender la estadía estadounidense en Siria, la oposición criticó también la participación del país en la acción. Y, para acrecentar un toque adicional de desprecio a la soberbia gala, el Ministerio de Defensa ruso afirmó que sus radares no habían detectado la presencia de ningún avión francés en la zona de ataque, aunque admitió la participación de la fragata Languedoc en la incursión.

Visiblemente, el ataque incomodó a algunos aliados importantes, contándose a Alemania, Italia y Canadá, cuyos gobiernos hicieron manifestaciones formales de apoyo, pero se rehusaron a participar en las acciones.

Por otro lado, una de las reacciones más contundentes provino del mundo cristiano, inmediatamente luego del ataque las Iglesias Cristianas de Siria emitieron un claro comunicado. (Ver nota en este sitio).

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