La última oleada de violencia, lanzada a finales de agosto e inicio de septiembre en la estratégica región de la Patagonia chilena y argentina, con ecos hasta la capital de Uruguay, Montevideo, significa la entrada a una fase de terrorismo de corte etnonacionalista en la región, justificado con el alegato de promover acciones tendientes a resguardar los derechos ancestrales del grupo indígena mapuche, buscando la autonomía territorial, de una “nación mapuche”.
Las últimas trifulcas fueron claramente coordinadas por los dirigentes intelectuales de grupos mapuches de amplio espectro, en Chile y Argentina. En la provincia patagónica de Chubut, Argentina, una tal Resistencia Ancestral Mapuche, aceleró su activismo en la última semana de agosto exigiendo tierras e incentivando la toma violenta de propiedades. Manifestaciones de apoyo a la causa autonomista se extendieron a Buenos Aires y Montevideo.
No obstante, en la Patagonia chilena se localiza el ojo del huracán, involucrando acciones netamente terroristas. Al comenzar el mes de septiembre la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), le dio vuelo a las tácticas empleadas desde finales de 2014, y realizó una secuencia de ataques incendiarios en la IX Región (estado), la Araucanía. Por ejemplo, el 4 de septiembre último, mediante lo que en su estructura de comando denominan Órgano de Resistencia Territorial, la CAM destruyó varios camiones y máquinas forestales. El sector forestal y las hidroeléctricas de la zona han sido los blancos de ataque sistemático.
La persistencia y alcance de los ataques llegaron a la arena del actual debate electoral, y los candidatos a la presidencia para las elecciones de 2018 se han visto obligados a abordar el asunto del terrorismo. Algunos de ellos ya se han manifestado a favor de reformar la Ley Antiterrorista, además de adoptar otras medidas de seguridad.
La cara de quien asoma hoy la cabeza, no es autóctona: fue confeccionada por entidades del poder mundial a la manera de una gran red político social; en particular quien mueve el hilo de la madeja indigenista es el Consejo Mundial de Iglesias, los programas específicos de la ONU, y la militancia de las ONG. Esta red fue cuidadosamente tendida en la era de la globalización financiera para asfixiar a los estados nacionales, debilitando su resistencia al control de regiones ricas en recursos naturales por parte de aquellos poderes oligárquicos. Estos últimos fueron los inventores del embuste que sostiene que en la globalización debería prevalecer la soberanía limitada, y no la soberanía plena, tildada de anticuada.
En la segunda edición del libro Mafia Verde en español, documentamos quiénes son los protagonistas de ese poder mundial que ha usado el binomio indigenista-ambientalista para eliminar el Estado nacional, impulsando el etnonacionalismo. En particular en el caso de La Patagonía Chile-Argentina y los mapuches destacamos las ONG internacionales que participan del proyecto de forzar su autonomía territorial.
El movimiento radical mapuche se destaca por su demanda de autonomía territorial, bandera compartida por sus múltiples piezas, incluyendo, la red de apoyo internacional que actúa en Europa.
En la trayectoria de la CAM se nota la huella de otros experimentos etnonacionalistas, diseñados por la “antropología de la acción” auspiciada por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Entre ellos se destaca el sanguinario Sendero Luminoso de Perú, quien convertía en sus enemigos a los que de acuerdo a su óptica arcaica representaban la civilización occidental: primero, claro está, la herencia de la evangelización, luego la tecnología moderna, conocimiento científico, infraestructura, educación avanzada, etc.
Para fabricar su estructura ideológica de odio la CAM ha bebido de otras fuentes en las que nuevamente nos topamos con los intelectuales patrocinados por el Consejo Mundial de Iglesias, como el siquiatra francés Frantz Fanon.
En un folleto reciente elaborado por la comisión política de la CAM identificado así: “Kutralwe, herramientas para la lucha. Informativo para la Defensa, Resistencia y Recuperación”, una especie de documento en preparación para una nueva fase de acciones violentas más radicales, se anota:
“La lucha mapuche no es marxista ni anarquista, tampoco es capitalista (…). Ciertamente la cultura hegemónica pretenderá, bajo cualquier pretexto, desvirtuar y reducir al silencio todo esfuerzo verdaderamente autonomista, conscientes también de lo que planteaba Frantz Fanon; ‘La descolonización siempre es un fenómeno violento’, pero la violencia debe tener una ética y un objetivo claro, sin improvisaciones, con fundamentos políticos e ideológicos propios, y dando la cara como organización y/o expresión concreta. En este contexto la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco Malleco, como una organización autonomista y anticapitalista, reivindica la lucha por el territorio y nuestra autonomía como pueblo nación, a través del control territorial productivo”.
Además Fanon se ha vuelto popular en las filas del Estado Islámico (EI).
En entrevista concedida al corresponsal del periódico brasileño O Globo en Europa publicada el 25 de marzo de 2016, el politólogo sirio Ferhard Ibrahim Seyder, profesor de la Universidad Libre de Berlín, aseguró: “Es interesante observar también otro factor poco abordado que tiene su parte de influencia. El libro Los condenados de la Tierra, de Franz Fanón, es también una especie de Biblia de los yihadistas, por predicar la violencia como un instrumento contra la violencia colonial del cual se juzgan víctimas”.

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