Nuevos puntos de referencia para el progreso en tiempos de ruptura

En un periodo descrito de “ruptura estratégica,” el Mid Atlantic Club (MAC) se reunió en Bonn, Alemania, para celebrar sus cuarenta años de existencia. El MAC, en cuyas conferencias y reuniones esta autora ha participado en calidad de invitada, reúne a especialista de los campos de la defensa, de la economía, de la cultura, de la religión y de la prensa, además de políticos alemanes y de otros países, para analizar en privado y de forma franca los problemas y las directrices que sigue la alianza transatlántica. El evento más reciente tuvo la participación de especialistas de Alemania, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, el debate fue sobre la necesidad de fortalecer el diálogo transatlántico en medio de las turbulencias de la “ruptura geoestratégica,” entre las que se encuentran las consecuencias para el futuro de bloque a causa de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit).

La interrogante del futuro del Brexit fue expresada por la mayoría de los participantes británicos. Un estratega de primera línea afirmó: “He sido siempre un devoto del proyecto europeo. Aun así, de acuerdo al artículo 50, debemos salir de la UE. (…) no hay retorno en la decisión de salir. Hay tan sólo una alternativa entre una salida tranquila o una salida atropellada.”

Al mismo tiempo, dejaba claro que no hay un escenario que implique “el fin de la amistad con Alemania.” Según él, el Reino Unido mantiene una visión común con los franceses sobre la importancia de la contención nuclear para mantener el equilibrio del poder mundial. Reconoció también las dificultades en la relación de Londres con el gobierno de Donald Trump, que ya cuestionó hasta la misma existencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aunque destacó que el presidente estadounidense tiene buenos asesores militares.

En los debates, el Dr. Werner Hoyer, presidente del Banco de Inversiones Europeo (EIB), -quien dio la conferencia principal sobre “Visión-Corage-Cumplimiento: las Relaciones Transatlánticas en el Siglo XXI,”- fue cuestionado sobre el principio de la “subsidiariedad” (concepto de la Doctrina Social Católica, según la cual los impuesto y los pagos deben ser administrado por autoridades locales, en lugar de las instituciones supranacionales repletas de normas burocráticas onerosas), y sobre si el Brexit se hubiese podido evitar si los estados miembros de la UE hubiesen sido más autónomos en su política económica. En respuesta, Hoyer expresó que deseaba un debate tranquilo y racional sobre el Brexit, pero enfatizando que la UE y Alemania no poden ser “demasiado complacientes.”

El EIB ha sido un importante instrumento en el financiamiento de enormes inversiones transeuropeas, así como de grandes proyectos de infraestructura. Hoyer se reunió en marzo de este año con el Primer Ministro de la India, Narendra Modi, para analizar los planes de ampliación de la generación eléctrica en el país asiático, además de mejorar el destino de residuos sólidos y los servicios de saneamiento básico de más de 500 ciudades. El banco europeo también ha sostenido conversaciones similares con autoridades africanas, por ejemplo la reunión de sus representantes con 12 jefes de Estado africanos, celebrada en junio pasado.

Hoyer enfocó en su conferencia sobre los “valores comunes que compartimos en Occidente.” No obstante que Washington haya cuestionado los “cimientos,” observó, el axioma fundamental de Occidente es “el concepto de una comunidad sustentada en el gobierno de las leyes a la manera de una democracia compartida.” Dados los nuevos desafíos de los cambios geopolíticos, climáticos y técnicos, Hoyer definió el periodo actual de una era de “ruptura.” Hizo notar que hay un creciente número de personas que aparentan rechazar los “valores comunes. Europa, sin embargo, debe comprometerse a transformarse en un lugar mejor y, por lo tanto, debe cooperar de modo constructivo con Gran Bretaña. Para él, la opción por el “Brexit y la elección de Trump provocaron un “despertar” de Europa, expresado por el presidente francés, Emmanuel Macron, quien afirmó que los gobiernos europeos tienen que trabajar juntos.

Los principales desafíos

Hoyer comentó diversos aspectos que serán cruciales para darle forma al futuro de la UE, en especial el comercio. Destacó que la “UE y Estados Unidos son los mayores socios comerciales” del planeta, pero hay posibilidades de que Estados Unidos levanten barreras comerciales, con la intención de reanimar su economía, además de abandonar los acuerdos comerciales más importantes.

Otro aspecto es la migración. Hoyer se refirió a un estudio de la consultora McKinsey, según el cual, la migración deberá promover un impacto del orden de 3 billones de dólares en la economía mundial. Lo que se impone, todavía, es la necesidad de cambiar los patrones de desarrollo, lo que implica impulsar el progreso económico de África.

El tercer aspecto involucra las inversiones. Hoyer habló de los “cuellos de botella de las inversiones” en la UE, sobre todo, en el campo de la digitalización, que genera pérdidas anuales de miles de millones de euros. Recalcó la necesidad de invertir más, en especial en proyectos de desarrollo del sur de Europa, donde los índices de desempleo de los jóvenes son muy altos.

Para Hoyer, el continente sufre de una insuficiencia histórica de inversión “y de una debilidad estructural, exacerbadas por años de crisis y de inercia.” Defendió medidas para superar los cuellos de botella estructurales, que, según datos del EIB, exige las siguientes inversiones anuales:

*80 mil millones de euros para la red de transporte, para reducir los costos de congestionamientos y los cuellos de botella en el comercio;

*65 mil millones de euros para alcanzar la meta de conectividad del Plan Digital de la UE, así como mejorar la capacidad de procesamiento de datos y de seguridad cibernética;

*10 mil millones de euros para la construcción de centros educativos con la técnica más moderna:

*90 mil millones para alcanzar los patrones educativos estadounidenses;

*90 mil millones de euros para rehabilitar los servicios ambientales y asegurar el acceso al agua potable ante los cambios climáticos;

*130 mil millones más para invertir en ciencia y técnica, para cumplir la meta de invertir el 3 por ciento del PIB europeo en ese campo.

Hoyer apoyó, en particular, lo esfuerzos de Alemania para el inicio del “Plan Marshall” para África. “El desarrollo debe cambiar para mejorar las perspectivas económicas. Necesitamos dar a las personas en todos los lugares esperanza en el futuro de sus países y de sus regiones. Felicitó los debates en curso sobre cómo puede mitigar la UE los problemas que están en la raíz de la integración,” afirmó.

Opciones para las negociaciones del Brexit

Un artículo publicado en junio por la revista Der Spiegel, con el título “Intereses entrelazados,” demuestra las complicaciones de las negaciones de la salida británica de la UE, tomando como ejemplo el EIB. Según el texto, el divorcio deberá ser “caro” para ambos lados: “Ahora, el EIB está bajo presión por causa del Brexit, y esto involucrará muchos intereses entrelazados.” Por ejemplo, los británicos son los principales accionistas del banco, y cuando salgan del bloque, los demás socios tendrán que “compensar” a los británicos. El Reino Unido, nominalmente ha hecho desembolsos obligatorios del orden de los 39 mil 200 millones de euros anuales, Luego del Brexit, los británicos podrán pedir que se les reembolse con el doble del monto equivalente a su participación en el banco.

Hoyer cree que los británicos no están interesados en salir del banco, como comenta el artículo. Gran parte del capital del banco está invertido en proyectos en el Reino Unido, tales como la villa olímpica de Londres, instalaciones de energía eólica o empresas de tecnología del Norte de Inglaterra. Además de esto, los bancos comerciales británicos han transferido el EIB parte del riesgo de sus operaciones de financiamiento de proyectos a largo plazo (se estima que 50 mil millones de euros se han invertido en proyectos actuales). Ante esto, se han buscado formas de asegurar que los británicos puedan continuar participando en el banco. Una de las ideas se funda en proyectos como el Fondo de Inversión Europeo, en el que los británicos puedan ser accionistas.

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