El TLCAN aumentó el empleo esclavo

Con gran pompa, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha prometido que al finalizar su mandato habrán 20 millones de empleos registrados en el Seguro Social. Según datos de la institución, en abril de 2015 había más de 17 millones y medio de empleos registrados, de los cuales alrededor el 14% son empleos eventuales, y la tendencia no ha cambiado en los sustantivo. Cabe agregar que, hasta el momento, en el actual gobierno se han creado 2 millones de empleos formales, de baja calificación, y aunque la cifra se considera histórica dentro de los parámetros del ruinoso libre cambio, lo que brilla por su ausencia es un programa claro para alcanzar un incremento real del poder adquisitivo

Sí aquella meta es “ambiciosa”, como la calificó el presidente, o una ilusión, lo que el triunfalismo oficialista no puede esconder es que lo que presenciamos es uno de los más graves problemas generados por la sumisión a las reglas impuestas por el TLCAN: las precarias condiciones del trabajo, cuya remuneración no alcanza a cubrir las necesidades para el sustento digno de los trabajadores y sus familias.

A propósito del tema, es ilustrativo, un análisis titulado “Fantasía laboral”, de Rodrigo Carbajal, publicado en sitio de internet, Reporte Índigo el 2 de mayo.

“El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) refiere que el salario promedio nacional se encuentra debajo de la línea de bienestar. Ello permite construir el argumento de que la pobreza en México no obedece en gran medida al desempleo, sino a la baja remuneración de las personas que sí están ocupadas. Datos oficiales muestran que cerca del 60 por ciento de la población percibe menos de dos salarios mínimos al día”. Según datos del INEGI, en el 2005, el 27.7 por ciento de la población percibía más de tres salarios mínimos al día. En el 2016, la cifra descendió a 19.3 por ciento de la población”, sostiene.

Agrega que, “ni siquiera el cambio estructural que derivó de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha sido capaz de corregir esta tendencia. De hecho, los salarios del sector de manufactura de México han decrecido en términos reales en la última década y son ya más bajos que en China, de acuerdo a datos recopilados por la firma Euromonitor”.

“Ahora que el gobierno mexicano encara la renegociación o posible derogación del TLCAN, emerge la pregunta de si la única ventaja competitiva del país reside en sus bajos costos laborales”.

Además, indica el análisis, el poder adquisitivo de los mexicanos se ha rezagado considerablemente respecto a otros países de América Latina.

Por ejemplo, “el producto interno bruto (PIB) per cápita real medido a paridad de poder de compra en dólares constantes del 2011 es casi 30 por ciento mayor en Cuba que en México. La brecha comenzó a abrirse en el 2006 y ha continuado expandiéndose en este sexenio. Años atrás, en 1994, el ingreso mexicano per cápita medido en estos términos era 50 por ciento mayor al de Cuba. Esto pone en evidencia el marcado estancamiento de la masa salarial del país sobre todo, luego la crisis global de 2008”.

Para respetar la receta neoliberal las iniciativas del gobierno tienden hacia la creación de empleos mal remunerados. Así, “el año pasado, el nivel de empleo creció 3.8 por ciento, mientras que el salario real promedio únicamente lo hizo en un 0.9 por ciento. Aunque éste representa el mayor avance desde el 2007, la divergencia explica la debilidad del mercado interno y por ende la condición estructural de bajo crecimiento de la economía mexicana”, afirma.

Frente a este panorama, palidece el hecho de que el desempleo haya alcanzado su menor nivel en 15 años. Esta ecuación no incorpora los elementos de informalidad y bajos salarios, dos componentes clave de la pobreza endémica de México.

En otro análisis en torno al cuestionamiento que realiza el gobierno de Donald Trump al TLCAN, publicado el 4 de mayo, el mismo autor pone de manifiesto, el callejón sin salida que aquel acuerdo representa para México.

“La coyuntura ha puesto de relieve las desventajas de este modelo. La más evidente es la dependencia de Estados Unidos. El 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se destinan al mercado estadounidense.

“Otra desventaja radica en el relativamente bajo valor agregado que la manufactura mexicana aporta a sus productos de exportación. Esta condición ha llevado a las autoridades de política económica de México a preguntarse si la única ventaja competitiva del país, como parte de una región profundamente integrada como es América del Norte, es la de bajos costos laborales”.

Esta pregunta adquiere mayor relevancia en un contexto en el que el ritmo de la automatización y la robotización de las industrias es creciente. Para el consenso de analistas, la economía de México, un país exportador de manufacturas de bajo valor agregado, quedaría arrasada por esta tendencia.

La conclusión es tajante: “En ese sentido, con o sin TLCAN, el modelo de desarrollo mexicano se enfrenta a una fecha de caducidad en el no muy largo plazo”.

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