Los derivados sin control

El Banco de Liquidaciones Internacionales (BIS) de Basilea publicó, recientemente, dos estudios sobre los mercados de derivados “de ventanilla” (OTC), en los cuales muestra que, en tan solo seis meses, de diciembre de 2015 a junio de 2016, su valor hipotético (valor total de los activos vinculados a los derivados específicos –n.e) pasó de 493 a 544 billones de dólares. Fue un fuerte aumento, que revirtió la tendencia de caída iniciada en 2013, cuando la montaña de derivados llegó a la cumbre de ¡710 billones de dólares!

El hecho más preocupante se relaciona al llamado “valor bruto de mercado” de los OTCs, que explotó literalmente en el período indicado, pasando de 14.5 a 20.7 billones de dólares. Este valor indica el costo de sustitución al precio de mercado de todos los contratos en abierto y semejante aumento refleja la gran tensión en ciertos sectores, especialmente, en los de cambiarios, en el que los derivados vinculados a la libra esterlina y al yen más que se duplicaron, como resultado de las oscilaciones de las dos monedas. En aquel período el yen se revalorizó en un 15% en relación al dólar estadounidense, mientras que la libra se desvalorizó 10%, señales –ambas- de gran inestabilidad.

Como de costumbre, el crecimiento de los mercados de derivados anda de la mano con su opacidad, efecto visible y cuantificable del agotamiento progresivo de las reglas para contener la especulación en vigor durante el gobierno de Barack Obama.

A este respecto, incluso Aitan Goelman, ex-presidente de Commodity Futures Trading Commission (CFTC), órgano que debería regular las transacciones con los derivados financieros, afirmó que habría una “enorme cantidad de comportamientos irregulares” en los mercados de futuros, opciones y swaps, los varios nombres con los que los derivados son rotulados (casi siempre bastante especulativos).

En los EUA, se registran diariamente cerca de 325 millones de transacciones con derivados financieros, de las cuales no pocas son fraudulentas. En verdad, con frecuencia, las operaciones involucran el uso de información privilegiada (inside information), préstamos sin cobertura, sin capital propio, pirámides financieras y órdenes de ejecución sin intención de concluirlas. De acuerdo con Goelman, la CFTC está consciente de muchos fraudes, pero no puede combatirlos efectivamente por falta de recursos y fondos. De su presupuesto anual de 250 millones de dólares, solo un 20% se destina al combate de los fraudes y, consecuentemente, por lo menos dos tercios de los casos sospechosos ni siquiera son investigados.

Una historia “muy italiana”. En nuestro país, la lentitud de la Justicia genera innumerables prescripciones de operaciones fraudulentas, que, por su parte, acarrean impunidad y desconfianza generalizadas.

En Europa, ha habido también mucha lenidad con las transacciones de derivados por parte de los bancos y el Banco Central Europeo (BCE) ha sido muy tolerante con ellos, en especial, el Deutsche Bank, el cual se volvió el líder mundial de los mercados “de ventanilla”.

En dos ocasiones, en 2014 y 2016, el BCE no logró evaluar el riesgo de los derivados llamados “Nivel 3”, que no tienen precios confiables y son tratados fuera de los mercados regulados. Por ejemplo, a finales de 2015, el banco alemán fue autorizado a lanzar tales títulos en su balance por un valor inferior a 31 mil millones de euros.

El BCE no es capaz de hacer una evaluación creíble de los títulos en cuestión, porque no tiene la experiencia ni el sofisticado software necesario –algo que, en todo caso, solo lo tienen los mismos manipuladores de los derivados OTC, es decir, los mega-bancos como el propio Deutsche Bank o Goldman Sachs y otros de idéntico calibre.

Evidentemente, no se puede esperar de ellos una evaluación adecuada, pues sería como poner a que los lobos cuidaran el rebaño.

En Europa, por desgracia, esta permisividad en relación a los derivados refleja la decisión de los bancos de no orientar liquidez hacia la economía real y el emprendurismo productivo. Los datos son claros. De acuerdo con un estudio de la agencia Bloomberg, los bancos europeos tiene depositados cerca de 1.16 billones de dólares en el BCE, incluso sin recibir ningún interés por esto. Muchas veces, es dinero recibido del propio BCE para la compra de títulos de gobiernos europeos y otros títulos en posesión de los propios bancos.

Aunque el BE haya inyectado el equivalente de 1.8 billones de dólares en el sistema financiero europeo, en el mismo período, los préstamos bancarios para la economía aumentaron en apenas 175 mil millones, manteniéndose muy por debajo del nivel de 2012.

Parece una historia antigua y ya contada. Como todavía existe el riesgo de nuevas crisis sistémicas, es mejor quedarse quietos, para no correr el riesgo de ser nuevamente atrapados en calzoncillos –aunque esto implique un estancamiento de la economía.

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