En EEUU las elecciones muestran la declinación y exacerbación del «excepcionalismo»

La contienda presidencial de Estados Unidos, que, como todo indica, se dirige a las candidaturas de la senadora Hillary Clinton, por el lado demócrata, y del multimillonario Donald Trump, por los republicanos, constituye una demostración explícita de la dificultad de las élites dirigentes del país del Norte para aceptar la convivencia en un mundo multipolar, en el que la superpotencia estadounidense tendrá que tomar en cuenta los intereses de los otros países.

Todos los precandidatos se han esmerado en declarar su profesión de fe al decantado «excepcionalismo» estadounidense, la creencia en la superioridad intrínseca del país sobre los demás integrantes del orbe, lo que le aseguraría el «derecho» y la «obligación» de modelar el mundo de acuerdo con sus designios -en especial manu militari.

Por otro lado, el inesperado desempeño del senador demócrata Bernie Sanders y de Trump refleja el cansancio de una parte creciente de la sociedad estadounidense de los programas de los dos partidos y su falta de correspondencia con los problemas que interesan a la mayoría de la ciudadanía. Aunque no representen ninguna ruptura con el status quo, lo cierto es que por cuestionar el intervencionismo militar de Washington se encuentran ahora en la mira de los heraldos de los sectores más belicosos del «establishment». Como Sanders no parece representar una amenaza decisiva para Clinton, las baterías se vuelcan sobre Trump, haciendo que los flamígeros neoconservadores lo critiquen ferozmente y que se alineen en masa con Clinton.

En su columna del 4 de marzo en el Washington Post, la periodista Anne Applebaum sintetizó los recelos de los poderosos de la capital estadounidense, de los cuales es vocero «(…) Tenemos que tomar en serio la posibilidad de un presidente Trump. (…) El se jacta de que no le ‘importaría mucho» si Ucrania fuese admitida en la OTAN. Sobre Europa, él scribió que ‘los conflictos de ellos no valen vidas estadounidenses. Retirarnos de Europa economizaría para este país millones de dólares anualmente.» (…) Se pueden hacer acuerdos con esa gente,» dice sobre Rusia. ‘Tendría una gran relación con Rusia’, dice.»

Para Applebaum y sus correligionarios, el problema con Trump no es por su notoria intolerancia étnica y religiosa, ni sus discursos rabiosos contra los emigrantes hispanos y musulmanes, sino el cuestionamiento que hace del pilar central del intervencionismo «excepcionalista,» que, a su vez, representa la principal justificación para la existencia del monumental «complejo de seguridad nacional» y sus estrechos vínculos con la industria petrolífera y con el sistema financiero de Wall Street -en resumen, el corazón del poderío oligárquico estadounidense.

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