Elecciones en Alemania: ¿Fin de las ilusiones?

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Según la mayoría de los observadores políticos, el tema central fue la cuestión de los refugiados, lo cual muestra una escisión en la sociedad alemana. Como lo refirió en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) del 15 de marzo, el líder del Partido Socialdemócrata (SPD), Thomas Oppermann, un 49% de la población cree que hay muchos refugiados en el país y otro 49% de la población no está de acuerdo. El SPD integra la coalición gobiernista, junto con el CDU (Unión Demócrata Cristiana) y la CSU (Unión Social Cristiana). La cuestión, ahora, si el resultado provocará un sobrio y necesario reacomodo en Berlín.

Al contrario de elecciones anteriores, esta vez la participación en las urnas fue bastante elevada, llegando a casi el 70% de los electores registrados. En un distrito electoral de Mainz, quien escribe observó la presencia de un gran número de jóvenes y de personas más viejas, todos motivados para movilizarse y articular sus “inquietudes” con la clase política. Esto explica porque muchos electores, principalmente, ente los jóvenes, dividieron sus votos, dando el voto individual a un candidato local de un partido y el voto partidario a otra formación.

Los resultados fueron dramáticos. En Renania-Palatinado, el CDU perdió casi 5% de sus votos y el SPD obtuvo una modesta ganancia de 0.5%. Los Verdes, socios de la coalición con el SPD, fueron literalmente arrasados, cayendo de un 15.4% a 5.3%. El Partido de Izquierda (Die Linke) cayó de 3% a 2.8% y, por primera vez en años, el Partido Liberal Demócrata, sobrepasó el porcentaje mínimo exigido para ganar puestos en el Parlamento Regional, ganando el 6.2% de la votación.

La gran sorpresa fue el partido nuevo Alternativa para Alemania (AFD), que obtuvo 12-6% de los votos. El AFD defiende una democracia directa con plebiscitos al estilo suizo y rechaza fuertemente la política de refugiados de la canciller Angela Merkel. El partido, de carácter conservador y nacionalista, aglutina varias corrientes, incluyendo extremista de derecha anti-inmigración, populistas radicales y políticos pragmáticos desencantados por el “viraje hacia la izquierda” del CDU y dispuestos a “dar una lección a la clase política”. Anteriormente, la gran prensa y parte de la clase política los rotuló como “extremistas de derecha, con los cuales no se discute”, pero, obviamente, la estrategia de descalificarlos, ignorarlos o aislarlos, fracasó.

Los significativos resultados obtenidos por la AFD en los tres estados fueron comparados a las victorias electorales de Marine Le Pen en Francia y provocaron un alboroto en todo el país, con comentarios de que se trataba del “fin de la república”, un “regreso de los fantasmas del pasado” y otros del género.

En Baden-Württemberg, los “verdes” del primer ministro Winfried Kretschmann subieron del 24.3% al 30.3% de la votación, esperándose que intente ahora formar una coalición con el CDU, que algunos consideran viable para las elecciones nacionales. Por su parte, el CDU cayó de 39% a 27% y el SPD de 23.1% a 12.7%, mientras que el AFD obtuvo el 15.1% de los votos, rebasando al tradicional SPD.

En Sachsen-Anhal (en la antigua Alemania Oriental), el CDU cayó de 32.5% al 29.8%, con el AFD en segundo lugar con el 24.2%, mientras que el SPD perdió más del 10% de la votación en sus tradicionales distritos de trabajadores, llegando apenas al 10.6%. La Izquierda (sucesora del antiguo SED gobernante en Alemania Oriental), también cayó de 23.7% a 16.3%

El colapso de las estructuras partidistas tradicionales llevó a muchos analistas a declarar que los resultados indican un terremoto en la política alemana. El nuevo fenómeno es una enorme migración de electores de los partidos tradicionales hacia una polarización en los extremos del espectro ideológico.

Ilusiones (o arrogancia) de las elites dirigentes

Es evidente que una solución para la crisis de los refugiados debe buscarse en el ámbito europeo. Por eso, es tan importante la cumbre de la Unión Europea (UE) en Bruselas celebrada el 16 y 17 de marzo, en la cual Alemania espera llegar a un acuerdo de miles de millones de euros con Turquía, intentando encontrar una solución para la distribución de los refugiados y asegurar que la mayoría de ellos regrese a sus países de origen, al mismo tiempo que se refuerza la seguridad del “Área de Schengen”. No obstante, esto debería ser negociado en paralelo con un acuerdo de paz en Siria, en cooperación con Rusia, y es asombroso constatar la absurda manera con la que reaccionan ciertas figuras del Establishment a los nuevos retos. Por ejemplo, en un programa de entrevistas la noche de la elección, la ministra de Defensa Ursula von der Leyen saludó a las elecciones como una “victoria” o una confirmación de la política de Merkel. Su justificativa: los primeros ministros de Baden-Württemberg, Krestschmann y su colega de Renania-Palatinado, Malu Dreyer del SPD, habían demostrado una “actitud correcta” y dado apoyo a la política de refugiados de la canciller federal.

Al mismo tiempo, los que están haciendo críticas racionales, son vistos como “inmorales”.

Un ejemplo, es el presidente del CSU bávaro, Horst Seehofer, acusado por la prensa de haber provocado el terremoto político de la AFD, por haber exigido desde el inicio una regulación del flujo de inmigrantes. Ahora, se le ve como la “oveja negra” de la república alemana.

Una lectura más apropiada de esta extraña tendencia del Establishment y de la gran prensa (que incluye una renovada embestida mediática contra Rusia, acusada de querer dividir a la UE y de causar la ola de refugiados) indica que una gran parte de las elites políticas de Berlín están viviendo en un mundo de ilusiones, fuera de la realidad y desconectada de la población.

El corresponsal de economía del FAZ, Holger Steltzner, resaltó que los partidos tradicionales se están “encogiendo” y anticipa una dramática reducción del CDU, si la tendencia se mantuviera, a pesar del hecho de que “una mayoría de la población rechaza la política de bienvenida de Merkel. La cuestión es si el Establishment sabe lo que hace cuando se limita a etiquetar aquellas partes del electorado que se abstuvieron de votar, calificándolas como “enemigas de la democracia”.

“La mayoría de los alemanes quieren la misma cosa que sus vecinos, es decir, que no haya un ‘flujo ilimitado y desregulado de inmigrantes y refugiados’”, escribió Steltzner, quien también calificó las declaraciones de la ministra von der Leyen como algo de lo que ella se arrepentirá algún día, una vez que no se pueda contrariar siempre la “voluntad del pueblo”. De misma forma, él identifica una cierta “arrogancia” en Berlín, por fingir que habrá una solución europea bajo el liderato alemán, aunque todos ven que la política de cierre de fronteras implementada por los países menores de la “ruta del Báltico”, logró, efectivamente, reducir el número de refugiados, contra la voluntad de Berlín.

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