No es del diario que el jefe del Directorio Principal de Inteligencia (GRU, siglas en ruso), el servicio de inteligencia militar de la Federación Rusa, hable en público. Además, sus apariciones son bastante raras, así como cualquier posicionamiento público de la agencia. Mucho menos conocido que sus contrapartes civiles, FSB y SVR, ambos avatares de la extinta KGB de la era soviética, el GRU es la mayor agencia rusa de inteligencia, encargada de todo tipo de operaciones de inteligencia de interés estratégico y militar, incluyendo acciones ofensivas en países extranjeros con fuerzas especiales. Por eso, cuando su comandante se manifiesta, vale la pena prestarle atención.
El actual jefe del GRU es el coronel-general Igor Sergun, quien está en el puesto desde finales del 2011. Con 58 años, es un veterano de la inteligencia militar, sector en el que opera desde 1984. En abril de 2014, su nombre fue incluido en la lista de sanciones impuesta por la Unión Europea (UE) a una selecta lista de altos funcionarios del gobierno ruso a los que se les atribuyeron responsabilidades por la crisis en Ucrania.
En abril Sergun ofreció una conferencia sobre seguridad internacional, en Moscú, con el sugestivo título “Seguridad global: ¿transformación radical o creación de nuevas reglas del juego?. Ahí habló del tema. “Puntos calientes de la lucha contra el terrorismo”. http://thesaker.is/the-head-of-the-gru-acusses-us-and-allies-of-creating-the-transnational-islamist-terrorist-network/
El 22 de mayo el blog The Saker divulgó una traducción de la corta intervención de Sergun en el evento, cuyo tópico central fue afirmar que el llamado “terrorismo islámico” no es un fenómeno indígena del Islam, sino un instrumento político al servicio de potencias hegemónicas occidentales. Aunque la acusación no sea original, es la primera vez que es hecha públicamente por un alto oficial con las responsabilidades de jefe del GRU, es decir, transmitiendo la postura del gobierno ruso. Por su importancia, transcribimos algunas partes de su intervención:
“Uno de los desafíos más peligrosos de los tiempos actuales es representado por el terrorismo internacional, que está adquiriendo rápidamente una naturaleza política y convirtiéndose en una fuerza real, luchando para llegar al poder en ciertos países. (…)
“Entre las organizaciones terroristas internacionales, el papel de los islamistas radicales está aumentando. Sus líderes están desarrollando una colaboración y busca crear zonas de inestabilidad, que incluyen no solamente países sino regiones enteras.
“ La ‘Internacional Terrorista’, que se ha creado busca restaurar el ‘Gran Califato’ por la fuerza militar, dentro de las fronteras que engloban al Oriente Medio, El Cáucaso, el Norte de Africa y la Península Ibérica. Se anunció una campaña para la formación del frente unido de la ‘Yihad Global’, con la finalidad de realizar la lucha armada contra los ‘principales enemigos del Islam’ representado por los EUA, países de Europa Occidental, Rusia y países musulmanes con gobiernos seculares.
“Actualmente, el terrorismo representa una mayor amenaza para Irak, Siria, Libia y Afganistán, donde el estado islámico de Irak y el Levante (ISIS), Al-Qaeda, Jabat al-Nusra, el Movimiento Talibán Islámico y otros grupos están activos. (…)
“El fortalecimiento del ISIS ha desestabilizado seriamente la situación en Africa. El ISIS proporciona una substancial asistencia militar y financiera a los extremistas locales y envía refuerzos compuestos por terroristas sirios e iraquíes. Los grupos que reciben semejante apoyo son el Ansar al-Sharia, que opera en el Norte de Africa, y el Boko Haram, en la parte occidental del continente, mientras que la mayor amenaza a la estabilidad de Africa Oriental es la organización terrorista somalí Al-Shabab al-Mujahideen, responsable de acciones de alto perfil.
“Igualmente alarmante es la situación que se desenvuelve en Oriente Medio y en Asia Central, donde organizaciones terroristas como el talibán, Hizb-ut-Tahrir y el Movimiento Islámico de Uzbequistán mantienen un alto potencial de combate. Estimamos que, actualmente, solamente en Afganistán, están luchando cerca de 50 mil militantes. Los territorios afganos y paquistaní abrigan una red de campos de entrenamiento para terroristas, incluyendo a los hombre-bomba suicidas.
“La diseminación activa de las ideas islámicas radicales tienen un impacto negativo en los procesos de la situación en el Sudeste Asiático. En particular, pueden causarse consecuencias imprevisibles por la organización extremista Jamaa Islamiya, cuyo objetivo principal es la creación de un estado teocrático islámico único dentro de las fronteras de Brunei, Indonesia, Malasia, Singapur y las provincias musulmanas de Tailandia y La Filipinas.
“En los últimos años, aumentó el nivel de la amenaza terrorista en Europa. Esto se debe, principalmente, al retorno de insurgentes de ‘puntos calientes’, listos para aplicar en casa la experiencia adquirida. Solamente en Alemania, cerca de 600 yihadistas regresaron en los últimos cuatro años. (…)
“Las actividades encubiertas de algunos de los estados que intentan logar sus propios objetivos de política exterior mediante financiamiento secreto de estructuras islámicas ayudan a desestabilizar la situación.
“Mientras coquetean con los extremistas, algunos países occidentales parecen estar ciertos de que la así llamada política de caos controlado en regiones distantes no puede resultar en consecuencias trágicas, por lo menos a mediano plazo, pero creo que esta evaluación es precaria.
“No es un secreto que fue por instigación de ‘socios’ occidentales que el extremismo islámico ganó momento rápidamente, desde la década de 1980. Para contraponer a las tropas soviéticas en Afganistán, hubo un pesado armamento –con fondos provenientes de EUA y de otros países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)- de grupos dispersos de yihadistas y mujahidín que, subsecuentemente, se fundieron en grupos y movimientos terroristas mayores.
“El Estado Islámico de Irak y de Levante y el Jabhat al-Nusta fueron creados con asistencia financiera y militar de Washington y sus aliados, con el objetivo de eliminar el régimen de Siria, indeseable para Occidente. La intervención militar en Libia por la Alianza trajo resultados similares.
“La disponibilidad de recursos de financiamiento estable para los extremistas es motivo de serias preocupaciones. Los canales de dinero más confiables incluyen varias organizaciones no gubernamentales y fundaciones. Por ejemplo, en los estados de la Península Arábiga existen cerca de 200 de estas organizaciones.
“Una importante fuente de ingresos es el control de la producción y del tráfico de drogas. Esta actividad proporciona casi 500 millones de dólares anuales a los islamistas de Oriente Medio y de Asia Central.
“Ocurre que, con frecuencia, estas acciones de Washington y de Occidente en general, en varias regiones del mundo, contribuyen a la creación de serios problemas, incluyendo el tráfico de drogas, extremismo religioso y terrorismo, después de que, Washington, heroicamente, moviliza a la comunidad internacional para neutralizar el problema.
“En general, bajo el rótulo de lucha por el ‘Islam puro’, el terrorismo internacional está tomando una forma de crimen transnacional. De hecho, se convirtió un negocio lucrativo, con un movimientos de capital de casi 2 mil millones (de dólares), involucrando tráfico de drogas, secuestros, contrabando de armas y metales preciosos.
“En la búsqueda de fuentes adicionales de financiamiento los yihadistas desarrollan deliberadamente vínculos con organizaciones nacionalistas, piratas y separatistas.
“Así, debemos esperar que, a corto plazo, el nivel de amenazas terroristas en el mundo permanezca bastante alto. El fortalecimiento de grupos extremistas, ente otros motivos, por instigación de los EUA y sus aliados, especialmente en Oriente Medio y en Asia Central, representa una amenaza real de exportación de terrorismo a los países europeos, las repúblicas de la CEI (Comunidad de Estados Independientes) y la región Asia-Pacífico”.

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