Los debates sobre el nuevo acuerdo climático exponen las mismas divisiones

No obstante que hayan aprobado una nueva reunión en junio para presentar el borrador de un nuevo acuerdo climático, los 200 países que se reunirán en la ciudad alemana de Bonn entre los días 10 y 14 de este mes siguen divididos. La reunión preliminar para la 20ª conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (COP-20), que será realizada en diciembre de este año en Lima, Perú, fue marcada por el intercambio de acusaciones entre países ricos y emergentes sobre quién debe tener la responsabilidad de costear los programas de combate de lo que llaman el calentamiento global antropogénico (AGA).

“Debemos comenzar las negociaciones sobre el texto. Basta de atrasos,” afirmó Yeb Sono, uno de los representantes de Filipinas en la reunión. En un intento de agilizar la elaboración del nuevo borrador se formaron grupos de trabajo menor y en tres meses se realizará una nueva reunión para evaluar los posibles avances. Los resultados alcanzados, sin embargo, son mínimos: se llegó al acuerdo de que los grupos de contacto con representantes de los países seguirán actuando para conciliar los puntos de vista y tratar de elaborar el borrador de un acuerdo para presentarse en la COP-20 (Instituto Carbono Brasil, 13/03/2014).

La secretaria ejecutiva de la Convención Cuadro de Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (UNFCCC), Christiana Figueres, derrochó optimismo al comentar el resultado de la reunión de Bonn: “Es una señal positiva que las naciones hayan puesto las manos en la masa con entusiasmo. El acuerdo está comenzando a tomar forma.” Afirmó además que los “siguiente nueve meses exigirán que las naciones dejen atrás la rutina para que se puedan contener las amenazas de los cambios climáticos y aprovechar las oportunidades de la transición a una economía limpia, saludable y de bajo carbono.”

Sólo que las naciones en desarrollo no comparten el tono optimista de Figueres. La declaración del grupo BASIC (Brasil, África del Sur, India y China), por ejemplo, fue bastante crítica: “No se alcanzó nada en Bonn, vimos tan sólo repeticiones de los mismos puntos de vista de los dos últimos años (…) La contribución de las naciones en desarrollo debería ser en el marco del ‘desarrollo sustentable’ y entrelazada con los compromisos de los ricos de financiar medidas climáticas y de transferir tecnologías limpias.” El grupo consiguió el respaldo de diversos países africanos.

El principal punto de discordancia entre las partes e negociación fue, otra vez, si el nuevo acuerdo para sustituir el Protocolo de Kioto mantendrá el “punto de vista bifurcado,” o si se responsabilizará igualmente a las naciones ricas y pobres en el combate del supuesto AGA. El negociador estadounidense, Trigg Talley, declaró que sus compatriotas no aceptarán un acuerdo que responsabilice tan sólo a las naciones ricas, y afirmó que China es el mayor emisor de contaminantes en la actualidad: Mantener el modelo de Kioto significa que no tendremos un acuerdo en París (COP-21, en 2015, fecha límite para el establecimiento de un nuevo tratado climático). Aunque un acuerdo con esas características saliese del papel, nada se avanzaría, ya que buena parte de las emisiones mundiales seguirían sin control.”

A su vez, la delegación brasileña se negó a debatir límites de emisiones, argumentando que Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido contribuyen más a la supuesta elevación de las temperaturas en razón de las emisiones de carbono que otros 100 países juntos. Con la misma posición, Arabia Saudita declaró que el llamado “calentamiento global” es culpa de los países que comenzaron a desarrollarse en el siglo XIX.

China, a su vez, presentó un documento con sus propias sugerencias para un nuevo acuerdo climático, y el contenido fue diametralmente opuesto a la posición de los países ricos. El país asiático afirmó que los desarrollados deben asumir el liderato para hacer viables las medidas de adaptación y mitigación de los cambios climáticos, lo que no está ocurriendo, según el texto. El gobierno chino declaró que las naciones en desarrollo son las que más están promoviendo iniciativas para lidiar con los cambios climáticos, aunque ellas todavía puedan ampliar sus emisiones para retirar a millones de sus ciudadanos de la pobreza. Con este supuesto, China hizo exigencias rigurosas a los países ricos (Instituto Carbono Brasil, 7/03/2014).

Una de ellas es que la meta de reducción de emisiones de los países desarrollados sea de 40 por ciento en 2020, con respecto a los niveles de 1990. La Unión Europea en la actualidad tiene la meta de reducir sus emisiones en 20 por ciento en comparación con el mismo periodo, mientras que Estados Unidos pretende reducir sus emisiones en 4 por ciento. Otra exigencia china es que los países ricos liberen 20 mil millones de dólares de ayuda climática para los pueblos vulnerables este año, y que esta cifra se amplíe en 10 mil millones de dólares al año de ahora al año 2020, de modo que se llegue a la meta de 100 mil millones de dólares al año. Así que, a juzgar por la distancia que separa las propuestas, no hay ninguna razón para el optimismo de los “calientistas” respecto a la posibilidad de un nuevo acuerdo global para impulsar el comercio de carbono en el mundo. El límite para tal objetivo es la COP-21 de París, que será la última oportunidad para establecer un acuerdo con la anticipación necesaria para que entre en vigor cuando expire el Protocolo de Kioto, en 2020 -ya que serán necesarios 5 años para que todos los países aprueben internamente el nuevo tratado, en caso de que haya un entendimiento.





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