Cataluña: Complejidad e ignorancia

Por Leonardo Servadio*

Los eventos que dieron origen a la votación del primero de octubre pasado del pseudoreferendo para la independencia catalana, son complejos. Cataluña es parte del Estado unitario español desde su constitución en el siglo XV, después del matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Sin embargo, dentro de tal unidad, siempre mantuvo un grado considerable de autonomía de las realidades y tradiciones locales.

En el transcurso de la historia, han habido varios momentos de choque y tensión entre las ambiciones independentistas catalanes y las centralistas de Madrid, por ejemplo, en los siglos XVII, XVIII y XIX. El Renacimiento catalán, apoyado en el romanticismo europeo a mediados del siglo XIX, dió un nuevo impulso a la lengua y a la literatura catalana, contraponiendo su postura reaccionaria (carlista**) a la ola liberal introducida en España por Napoleón y promovida por grupos de poder con más apertura hacia las novedades de la época, lo cual llevó también a un renovado impulso centralista. Durante el siglo XX, las tensiones crecieron en la época de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), al igual que en la época de la República; en el plano histórico, no se puede establecer una equivalencia entre independentismo y democracia.

Después del largo período de la dictadura franquista (1939-1975) durante la cual la aspiración de independencia asumió cortes “progresistas”, en cuanto a la oposición al régimen. Con la nueva Constitución de 1978, Cataluña aceptó de buen grado la nueva situación. Pero la constitución afirma la indivisibilidad de España.

La Constitución española establece un régimen de autonomía muy amplio para Cataluña, y la lengua catalana prevalece en la educación escolar de la región, donde el español (castellano) es tratado como una lengua extranjera. Esto, a pesar del hecho de que, como resultado de las migraciones internas ocurridas en el período en que Cataluña tuvo un fuerte desarrollo industrial (del siglo XIX hasta la época pos-franquista), una gran parte de la población residente tiene el castellano como lengua materna.

Al contrario de otras regiones autónomas españolas, ejemplo el país Vasco, la rica Cataluña no tiene autonomía fiscal. Por esto, se inserta en el cuadro del régimen de solidaridad, lo que implica que los impuestos recaudados en cada región son asumidos y redistribuidos por el Estado central madrileño, en función de las principales urgencias percibidas en el ámbito nacional (español).

A lo largo de los años, los varios gobiernos catalanes (Generalitat) han acelerado el impulso autonomista, financiando redes de televisión y radio, periódicos y revistas de corte separatista, constituyendo “embajadas” en el exterior y difundiendo la palabra independentista, entre otras cosas, insistiendo en el punto fiscal. Cataluña ambiciona mantener internamente sus riquezas, pero no compartirlas con el resto de España.

En este aspecto, en lugar de una actitud progresista, el impulso independentista catalán recuerda al similar egoísta que se difundió en Italia en el período pos-ideológico a 1989, la Liga del Norte, deseosa de no compartir las riquezas del norte de Italia con el resto del país, sin tomar en cuenta que esa riqueza también provenía del comercio tanto local e internacional.

La corrupción política no podía estar ajena a todo esto. La prensa española ha divulgado ampliamente lo que puede sobre Jordi Pujol, quien gobernó la Generalitat por más de dos décadas, después de la caída del régimen de Franco, quien hace tiempo es investigado por el Poder Judicial. Se habla de un sistema de dádivas en obras públicas, mediante el cual el regente catalán se llevaba entre 3 y 20% de cada una de ellas, en dinero en efectivo, el cual era transportado en sacos de lino por parientes de Pujol, depositado en bancos en Andorra y, a partir de ahí, aplicado e varias inversiones en mercados extranjeros. El rastro ha presentado grandes dificultades para las autoridades investigadoras.

El sucesor de Pujol, Artur Mas, proveniente de una familia cuya riqueza se origina en el tráfico de esclavos hasta inicios del siglo XX, más allá del período en que la actividad era considerada legítima, parece, al menos, haber encubierto operaciones ilícitas de su antecesor.

La sospecha es que estos personajes se mueven tras bastidores para promover una ideología independentista, entre otras cosa, para evitar las investigaciones judiciales españolas.

De parte del gobierno central madrileño, desde el inicio del período pos-franquista, ha existido una clara tolerancia en relación al fermento independentista, en sus aspectos legítimos e ilícitos, quizá porque el mismo está lejos de estar libre de la corrupción, o quizá porque en el caso de los gobiernos del Partido Popular (PP) o del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) necesitan ambos del apoyo de representaciones independentistas catalanas en el Parlamento de Madrid.

Por lo tanto, tenemos que aquí, en el independentismo, se suman los aspectos más degenerativos de la política, las aspiraciones marcadamente egoístas de mantener sus riquezas exclusivamente para sí mismos, junto con las románticas aspiraciones propias de diferentes ambientes de la población (aunque ajenos a la corrupción de los catalanes poderosos), no de fácil comprensión en un momento en que Cataluña disfruta de autonomía absoluta en la esfera cultural.

En este contexto, la Iglesia de Cataluña intenta desempeñar un papel de mediadora y pacificadora, aunque manteniendo un ojo atento a las tradiciones culturales locales.

A propósito, resulta emblemático el papel de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí. Este, como muchos otros arquitectos del Modernismo español, era catalanista. Y la Sagrada Familia fue concebida como un templo expiatorio para los industriales catalanes, que entendían que el monto de su riqueza se debía a la explotación del trabajo de los pobres, muchos de ellos provenientes de otras regiones de la Península Ibérica.

Por eso, la Sagrada Familia podía ser un lugar de reconciliación en la promoción de un diálogo pacífico entre los catalanes y otros pueblos ibéricos. El hecho de que el portal principal de este templo expiatorio, recientemente colocado, ostenta el Padre Nuestro escrito en letras grandes en catalán, y, apenas, al fondo y en letras pequeñas, en otras cincuenta lenguas, entre ellas, incluso, el español, apunta el problema de Cataluña. La Sagrada Familia fue erguida para expresar el deseo del emprendurismo catalán del siglo XIX para expiar sus propios pecados, pero ahora, surge la sospecha de que los líderes políticos que hoy dominan Cataluña intenten expiar otros pecados, los suyos.

En lugar de concebir a Cataluña como una región dotada de lengua y cultura propias, envuelta en el contexto de otras lenguas y culturas ibéricas de forma armónica y colaborativa, en el respeto de la ley –hasta personas de cultura universal, incluso de fe católica, tienden a proponer una Cataluña separada del resto del mundo.

En lugar de concebir el proceso institucional como un ensanchamiento progresivo de los horizontes del ámbito local hacia el nacional, y de ahí al global, se ambiciona saltar todos los pasos intermedios y ubicar al localismo directamente conectado con el globalismo.

De esta forma, las aspiraciones independentistas, con la contaminación derivada de las pulsiones corruptoras y egoístas, pueden confundirse con aquellas más eminentemente culturales, limpias y genuinas, aunque históricamente románticas.

¿Es correcto pensar que la Constitución, votada en 1978 en toda España, en la perspectiva de instituciones democráticas y abiertas al mundo, sea ahora obsoleta? ¿Es correcto suponer que las ambiciones locales deban expresarse sin tomarse en cuenta, como si fuera un accidente del cual se pueda prescindir sin problema alguno?

En un pasaje de Los Novios de Alessandro Manzoni, Fray Cristóbal, persona íntegra y bien intencionada se retira del palacio de Don Rodrigo, después de una larga espera para una cita previamente establecida, manifestando un piadoso deseo contrario a la violencia y al abuso. “Mi débil opinión sería que no hay desafíos… sin golpes”. En este caso se quedó faltando una indicación concreta sobre el qué hacer para evitar la injusticia; por otro lado, el buen fraile muy poco podía hacer cercado por los esbirros de Don Rodrigo.

Hoy, la Iglesia catalana se encuentra en una situación similar a la de Fray Cristóbal. Es lo que escribe el rector de la universidad católica de Sant Paciá de Barcelona que citamos más abajo. Se trata de un llamado razonable a la paz y al diálogo, pero es necesario tomar en cuenta que donde hay abusos, todos deber son nombrados, vengan de donde vengan. Y En Cataluña hay bastantes.

Si lo más evidente y notorio fue la represión policíaca del gobierno de Madrid al seudoreferendo del primero de octubre, antes de éste, hubo muchos abusos de las fuerzas “soberanistas” catalanas, aterrorizado a quien no hablaba catalán y haciendo del lenguaje, no un ejercicio de libertad, sino un instrumento de opresión; de los que penalizaron a Cataluña con sobornos fiscales como si fuesen impuestos legítimos y capitales exportados ilegalmente; de los que usaron los medios de comunicación masiva, difundiendo la imagen de Cataluña como el centro del mundo; de los que instigaron el egoísmo regional, en lugar de favorecer la solidaridad nacional; y, finalmente, de los que violaron la Constitución nacional votada hace menos de cuatro décadas.

Tal vez, para la España actual, sería oportuno recordar a Federico Borromeo (***) con sus nítidas cartas contra la injusticia en todos sus pliegues y heridas, para convertir eficientemente los corazones endurecidos por el choque y el abuso de poder.

A continuación, citamos la declaración del Rector Armand Puig i Tárrech, divulgada el 2 de octubre pasado:

“El momento es complejo y el futuro inmediato, una incógnita. El grado de politización de la sociedad catalana es ahora muy alto y los eventos del primero de octubre aumentarán exponencialmente la temperatura. Últimamente, se sucedieron tomas de postura y declaraciones. En septiembre, más de cuatrocientos catalanes ordenados ministros, entre predicadores y diáconos, firmaron un documento en el cual apoyaban el referendo del primero de octubre. Hay otros sacerdotes y diáconos que no comparten esta postura y no votaron ese día. Se trata de dos perspectivas que se encuentran también en la sociedad civil y esto podría ser medido democráticamente mediante una solución política.

“En cuanto a esto, y siempre, es necesario que la comunidad eclesial permanezca sin sombras, y que las discrepancias entre los miembros de la Iglesia no se conviertan en divisiones.

“De hecho, no podría predicar el mensaje evangélico aquel que no viviera reconciliado con el hermano que piensa diferente en asuntos relacionados a la polis. La Iglesia, encarnada en el mundo, y sus ministros, siervos de la humanidad, deben ser principalmente ‘fermento de justicia, fraternidad y comunión’ (nota de la Conferencia Episcopal de Tarragona de 20 de septiembre de 2017). Solamente así se avanzará en ‘el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y a las instituciones’ (Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española sobre la situación de Cataluña, 27 de septiembre de 2017).

“En tiempos difíciles la oración es esencial. Oremos para que la convivencia se imponga a la violencia, para que el diálogo sea cultivado por las partes ahora confrontadas y para que los derechos de los pueblos sean respetados”.

* Artículo originalmente aparecido en el sitio Frontiere Rivista di Geocultura el 4 de octubre de 2017. El autor es periodista y escritor. Autor de Lo Stato Nazionale: Evoluzione e Globalizzazioni (El Estado-Nación: evolución y globalización- Domus Europa Independent Label, 2016).

** Movimiento políticos tradicionalista, antiliberal y defensor del Antiguo Régimen, surgido en España en la primera mitad del siglo XIX, ligado a una rama de la familia Borbón, pretendiente al trono español.

*** Cardenal y arzobispo de Milán. Vivió entre 1564 y 1631, también personaje de Los Novios.

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