COP-19: Agua fría en los planes "calientistas"

Al final de la décima novena Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-19), el pasado sábado 23 de noviembre, en Varsovia, se confirmó los que los “calientistas” se temían: el atronador fracaso de las negociaciones por nuevos compromisos contra el supuesto calentamiento global antropogénico. Una vez más, las negociaciones estuvieron marcadas por la oposición entre países ricos y en desarrollo respecto a quien debe poner el dinero sobre la mesa -embate que resultó en un documento final digno de risa, en el que hasta los pasajes que hablan de la adopción de “compromisos” fueron sustituidos por propuestas de “contribuciones,” con lo que se le dio al texto un tratamiento mucho más blando.

Con el fin de evitar el fracaso absoluto de las negociaciones sobre la Plataforma de Durban, firmada en la COP-17 en el 2011, para la aprobación de una versión nueva del Protocolo de Kioto hasta 2015, para ponerse en práctica en 2020, se aprobó un “plan de acción,” con un cronograma de negociaciones hasta 2015. Sin embargo, para que fuese posible un consenso, el texto final eliminó toda mención a las metas obligatorias de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEE), lo que, en la práctica, lo despojó de todo efecto práctico. El mayor reflejo de este vacío fue el cambio del término compromiso por la palabra “contribución,” de forma que se destaca que no existe un compromiso por parte de los países en asumir metas obligatorias.

De nuevo, el gran punto de fricción en la conferencia fue el debate en torno del concepto de “responsabilidades comunes, pero diferenciadas,” previsto en la Convención Sobre Cambio Climático de Naciones Unidas. Según este, los países ricos, los mayores causantes de las emisiones de GEE a lo largo de la Historia, deben desempeñar un esfuerzo mayor en el combate al supuesto calentamiento global, para lo cual deben financiar programas de reducción de emisiones en los países pobres. Sin embargo, ante la crisis económica mundial y del crecimiento de las emisiones de países como China e India, los países ricos se han negado a adoptar nuevas metas obligatorias y a aprobar nuevos financiamientos. Por otro lado, los países en desarrollo se siguen negando a asumir compromisos que impliquen gastos en dichos programas.

Otro tópico que siguió atorado fue el Fondo Verde del Clima, idealizado en 2009, en la COP-15 de Copenhague, con el pretexto de ayudar a los países pobres y en desarrollo a poner en práctica programas de combate y de adaptación a los cambios climáticos. Por la propuesta inicial, el Fondo debería comenzar a recibir aportes anuales con un monto -suprarrealista- de 100 mil millones de dólares a partir de este año y hasta 2020. No obstante, el fondo sigue en el papel, pues no se reglamentó, si se definieron los mecanismos de aplicación de los recursos.

De acuerdo a un documento presentado por la organización no gubernamental británica Oxfam, divulgado en Varsovia, los recursos destinados este año por los países desarrollados al “combate y adaptación al cambio climático” sumaron 7.6 mil millones de dólares, muy lejos de lo que pretendían los creadores del Fondo. Además, los nuevos anuncios de financiamientos hechos por los países en la conferencia llegaron apenas a los 8.3 mil millones de dólares y, de acuerdo a Oxfam, por lo menos 24 países ricos todavía no anuncian aportes para programas climáticos en este año (Repórter Brasil, 26/11/2013).

Para André Nahur, coordinador del Programa de Cambio Climático y Energía del WWF-Brasil, las decisiones anunciadas en Varsovia son insuficientes para alcanzar la flamígera meta de impedir la elevación de la temperatura global 2 grados centígrados en 2100. Según él, “estamos en un marco de emergencia climática, en el que es necesario algo más que las contribuciones de los países. Se necesitan medidas efectivas, ambiciosas y compromisos de los países para intentar reducir el aumento continuo de de las emisiones y de eventos extremos que siguen aconteciendo con más frecuencia” (G1, 23/11/2013).

En la nota de evaluación de los trabajos de la COP-19, el Instituto Vitae Civilis (que integra el Foro brasileño de organizaciones no gubernamentales por el medio ambiente y el desarrollo sustentable -FBOMS) expresó insatisfacción con la parálisis de la conferencia, y sugirió que los países en desarrollo deben llevar adelante el programa de financiamiento de los proyectos climáticos: “los países en desarrollo deben mantener su versión de que las naciones desarrolladas no quieren poner dinero en la. Pura verdad. Los países desarrollados, a su vez, podrán justificar a su ciudadanos que la conferencia no progresó a causa de las naciones en desarrollo, que dudan ante la perspectiva de asumir compromisos y metas obligatorias de reducción de emisiones” (Repórter Brasil, 26/11/2013).

En su difusión de la conferencia, la organización Repórter Brasil hizo una serie de ataques a la posición brasileña, en especial en relación a la explotación del pre-sal. Según la organización no gubernamental, con la “discusión sobre combustibles fósiles en el orden del día en Varsovia, los descubrimientos en el pre-sal y el papel de Petrobras como empresa emisora de gases invernadero” habrían puesto al gobierno brasileño en “en el banquillo de los acusados” durante la conferencia, a pesar de que ninguna nota publicada por la prensa internacional menciona tal afirmación.

La organización no gubernamental calificó, además, el recién anunciado aumento de 28 por ciento de desforestación de la cuenca del Amazonas como un “recrudecimiento,” aunque ese dato aparece luego de cuatro años seguidos de reducción de los índices. Con evidente mala fe, la organización reprodujo la estrategia general de los ecologistas de desinformar para tratar de obligar al gobierno brasileño a abandonar algunos de los principales proyectos de infraestructura del país.

Como casi todas las organizaciones no gubernamentales ambientalistas, Repórter Brasil recibe generosos financiamientos internacionales. En su caso, de la Fundación Heinrich Böll (del Partido Verde alemán), y de otras organizaciones no gubernamentales como Sigrid Rausting Trust, Free the Slaves y Freedom for All.

Por desgracia, para los radicales “verdes,” la comunidad internacional de señales cada vez mayores de que se le agotó la paciencia respecto al catastrofismo “calientista.” El Fracaso de la COP-19 es otra prueba clara de esto.

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